Arancha González Laya: “Los dos motores de Trump son vencer políticamente y ganar dinero”
La opinión de Arancha González Laya (Donostia, 1969) cotiza al alza cada vez que hay un terremoto en la diplomacia internacional. Fue ministra de Asuntos Exteriores desde enero de 2020 hasta la profunda remodelación del Gobierno que hizo Pedro Sánchez en julio de 2021. Ahora es decana de la Escuela de Asuntos Internacionales de la prestigiosa universidad de Sciences Po (el Instituto de Estudios Políticos de París) y atiende por teléfono a elDiario.es en uno de esos días en los que los medios precisan su voz para analizar la situación geopolítica. Ella dice que trata de contribuir, desde su posición, a poner “orden en el grandísimo desorden”. En este caso, tras la captura de Nicolás Maduro por Donald Trump, que define como una violación de la legalidad internacional.
Usted dice que es necesario poner sentido común ante el desorden mundial. ¿Puede el sentido común operar con Trump?
Con Trump operan los intereses. Vemos un doble interés en su caso: vencer políticamente y ganar dinero. Son los dos motores que de alguna manera vemos desplegados en cada una de sus acciones.
En el caso de Venezuela, hay muchos paralelismos con la posición de EEUU desde hace décadas, que se había limitado en los últimos años. ¿Esto que estamos viendo es el imperialismo de siempre o es otra cosa?
Estamos viendo una versión renovada de una forma de imperialismo. Hubo un período en el que la administración estadounidense, además de impulsar sus intereses, buscaba impulsar una serie de valores y la democracia. No todas las administraciones estadounidenses han sido iguales, eso también hay que reconocerlo. Ahora volvemos a una administración para la cual pesa más impulsar no intereses nacionales, sino definidos de una manera más estrecha. Se ha abandonado la idea de valores.
De hecho, fue bastante chocante que en las dos intervenciones del presidente en ningún momento se habla de democracia, no se habla de los derechos de los venezolanos a decidir. Se ha escuchado mucho hablar de enriquecerse, de riqueza, de petróleo, de independencia, de seguridad, pero no se ha escuchado la palabra democracia. Yo la he echado mucho de menos porque, al fin y al cabo, esa debería ser la guía: ayudar a reconstruir un espacio democrático en Venezuela.
¿Cuáles pueden ser los pasos que se den ahora? ¿Qué cree que pasará y qué es lo que debería pasar?
Yo creo que hay tres incógnitas y veremos cómo se desarrollan. La primera es cuál va a ser la actitud de los militares. No nos olvidemos de que este es un régimen apoyado en los militares, que no son un bloque homogéneo, es un grupo balcanizado y muy penetrado por la corrupción. Pareciera, visto desde fuera y sin que uno tenga pruebas sobre ello, que esta intervención de EEUU en Venezuela no se hubiera podido hacer sin elementos de apoyo desde el interior. La segunda es cómo se va a organizar la transición. La presidencia del país recae en estos momentos en manos de Delcy Rodríguez, pero no ha sido elegida por nadie y no tiene una legitimidad más allá de que ella es la encargada en estos momentos de pilotar esa transición. Pero, ¿hacia dónde va a ir? ¿Cómo se van a integrar en ese ejercicio de transición las fuerzas que ganaron las últimas elecciones? ¿Cómo se va a incorporar la pluralidad de voces en la oposición democrática venezolana?
La tercera es cuál va a ser la actitud de EEUU, teniendo en cuenta que el movimiento MAGA sobre el que se apoya Donald Trump y le lleva a la Casa Blanca es muy contrario a la intervención en países terceros. Y esto es una intervención muy clara en un país tercero, que además se dice que EEUU va a administrar. O sea, ha pasado una línea muy roja para su electorado de base. He echado mucho en falta en estos días una figura clave, que es el vicepresidente JD Vance, que es el adalid de la postura más anti-intervencionista dentro del espacio MAGA. Vamos a ver cómo se desarrollan los acontecimientos en este movimiento MAGA, que es en quien se apoya el presidente y que se va a enfrentar a unas elecciones de medio término en noviembre de este año.
No es posible parar la agresión si quien agrede no lo quiere; pero sí se puede hacer presión, sí se puede poner oposición
Ha dicho que esta operación solamente se ha podido llevar a cabo con colaboración. ¿Cree que ha venido de la propia Delcy Rodríguez? ¿Y se puede hablar de golpe de Estado?
No está claro. No está claro si esta intervención estadounidense ha sido facilitada por algunos elementos del espectro militar o si ha sido pactada con el régimen buscando su supervivencia y la administración Trump buscando cobrarse la pieza más valiosa que es Maduro y teniendo acceso a la economía venezolana. Es una línea tenue, pero es una línea. Hay comentarios para ambos gustos y creo que es algo a lo que tendremos que estar atentos en las próximas semanas.
¿Ve más cerca hoy que el viernes una transición política en Venezuela?
Se ha sacado a la figura emblemática del régimen, que es Maduro, pero el régimen sigue gobernando Venezuela. Es agridulce. La parte dulce es, para los que observamos y que hemos trabajado tanto por facilitar esta transición democrática, ver que quien era el dictador ha salido. Pero es muy agria porque el régimen sigue gobernando en Venezuela y lo que escuchamos por parte de la administración estadounidense es que se van a apoyar en ellos. No tenemos una idea muy clara de si es mientras les sirva a sus intereses económicos o si es una fase que más adelante podría cambiar, porque no lo han dicho.
¿Qué relación debe tener ahora el Gobierno de España con el Gobierno de Delcy Rodríguez?
Si uno quiere influir, si uno quiere ayudar, si uno quiere facilitar la tarea de la transición, evidentemente no puede dejar de hablar con quien es hoy el gobierno de Venezuela.
El PP y la ultraderecha estaban muy contentos con la operación de Trump y que sitúe precisamente a Delcy Rodríguez les complica el discurso. ¿Cómo ve las distintas reacciones que ha habido en la política nacional?
Aquí es donde yo recomendaría gran prudencia, porque pretender apropiarse de lo que es evidentemente, de momento, una situación de gran volatilidad en Venezuela para efectos de política doméstica es muy arriesgado. Y si no que se lo digan a todos aquellos que pensaban, que decían y que hacían como si esto fuera de democracia, para los cuales ha supuesto un jarro de agua fría. Si realmente lo que queremos y lo que nos importa es facilitar una transición en Venezuela, lo mejor que podríamos hacer es sacar este tema de la pugna de la política nacional y buscar un consenso nacional para apoyar la tarea de facilitar la transición democrática. Más aún ahora que el que se suponía que nos iba a ayudar, que era el presidente Trump, ha quedado claro que no nos va a ayudar en esa tarea, que él va a lo suyo y que lo suyo no es lo nuestro. Quien juega a hacer de esto política nacional, lo que está haciendo es haciéndole el juego a Donald Trump, y quien hace el juego a Donald Trump, se lo hace al régimen de Venezuela.
Quien hace el juego a Donald Trump, se lo hace al régimen de Venezuela
¿En qué lugar queda con esto la comunidad internacional? ¿Qué puede hacer, por ejemplo, la ONU?
La comunidad internacional somos todos, incluidos EEUU y otros a los que tampoco le viene tan mal lo que ha hecho EEUU, como es el caso de Rusia o de China. Porque claro, lo que vale para Venezuela puede valer para Taiwán, para Ucrania, y, desde el punto de vista europeo más peligroso aún, puede valer para Groenlandia. Cuando el país que tiene el derecho de veto y se sienta en el Consejo de Seguridad decide violar la legalidad internacional, la debilita enormemente. Pero por lo menos está obligado a explicar las razones y el porqué y con ello permitir al resto de los países que también forman esa comunidad internacional cuestionar lo que ha ocurrido.
Está claro que el derecho internacional y el multilateralismo tienen un límite obvio, que es la voluntad de los estados que la componen de respetar el orden internacional y, si deciden no respetarlo, entramos en un terreno de debilitamiento del orden internacional. Si los estados no quieren autolimitar sus peores instintos, tenemos un orden basado única y exclusivamente en la fuerza, donde el resto de los países tienen que ver cómo ejercen ellos la fuerza, que también tienen, su capacidad de disuasión y sus palancas para no ser meros espectadores de lo que otros vayan a decidir. Aquí hay una visión del mundo por parte de esta administración estadounidense, como por parte de Rusia y probablemente por parte de China, de un mundo dividido en esferas de influencia donde el líder, entre comillas, de esa esfera decide de una manera muy unilateral sobre esa esfera de influencia.
La sensación es que el orden basado en reglas salta por los aires con Ucrania, Gaza... Se vulneran los principios del derecho internacional y no pasa nada. No sé si comparte esta visión.
No, bueno, pasan muchas cosas y creo que lo hemos visto en el caso de Gaza y en el caso de Ucrania. No es posible parar la agresión si quien agrede no lo quiere; pero sí se puede hacer presión, sí se puede poner oposición. Los europeos lo hemos hecho en el caso de Ucrania y ahí está el conflicto estancado sin que Rusia, que ha perdido alrededor de un millón de vidas entre muertos y gravemente heridos, haya sido capaz de conquistar Ucrania ni haya sido capaz de decapitar Ucrania como país libre, independiente y soberano.
Tampoco demos a estos poderes que quieren llenar sus zonas de influencia más poder del que tienen. Reconozcamos también que ellos mismos se han encontrado con unas limitaciones. Rusia se ha encontrado con una limitación muy clara que ha sido una resistencia de Ucrania con la ayuda de los europeos y, en un principio, también con la ayuda de los estadounidenses. Ahora son europeos y ucranianos los que tenemos que resistir ante Rusia y evitar que EEUU venda a Ucrania por un plato de lentejas. O sea que sí hay una respuesta. Sí hay una capacidad de resistencia, pero tenemos que tener la voluntad política de ejercer esa resistencia.
El régimen sigue gobernando en Venezuela y lo que escuchamos por parte de la administración estadounidense es que se van a apoyar en ellos. No tenemos una idea muy clara de si es mientras les sirva a sus intereses económicos o si es una fase que más adelante podría cambiar
¿Cuál cree que puede ser la respuesta de Rusia o China? ¿Se pueden abrir o reabrir conflictos, como por ejemplo, el de Taiwán?
Rusia ha sido la más explícita. China ha sido menos explícita, pero evidentemente toma nota. ¿Qué autoridad moral va a tener EEUU para decirle a China que no puede hacerse con Taiwán o que no puede hacer una intervención en Taiwán si estima China que esto es necesario para su seguridad nacional? Se sienta un precedente muy malo. En el caso de Rusia, Putin lo ha formulado en estos términos: si EEUU piensa que esto es un problema para su seguridad nacional, ¿por qué nosotros no podemos pensar que Ucrania es un problema para la nuestra? Lo ha dicho con estas palabras. Esta es la dificultad. No es un hecho aislado que no tenga repercusiones, tiene repercusiones.
¿Qué le parece la respuesta de la Unión Europea?
Refleja el dilema europeo y es un dilema real, porque mientras esto está ocurriendo, Ucrania está en estos momentos con Europa negociando con EEUU para que los términos que presente la administración Trump para poner un alto el fuego en la guerra en Ucrania no sean únicamente los que quiere Putin. El primer plan puesto sobre la mesa por EEUU era claramente favorable a los intereses de Putin, consiguiendo a través de la negociación lo que no ha podido conseguir en por la vía militar. Y hemos tenido que remar mucho, ucranianos y europeos juntos, para revertir esta propuesta inicial. Nuestro dilema es tener un espacio para negociar con EEUU, no predisponerle contra nosotros, pero a la vez entender que si mostramos debilidad ante EEUU, aceptamos un mundo dividido en esferas de influencia y, tal y como están las cosas, aceptamos convertirnos en la esfera de influencia de alguien.
¿La tibieza tiene más que ver con el proceso de negociación de Ucrania que con enfadar a Trump y que pueda tener repercusiones comerciales o una nueva amenaza sobre Groenlandia, por ejemplo?
No, yo lo entiendo como una manera de permitirnos pensar en la negociación sobre Ucrania en estos momentos. Lo que pasa es que, evidentemente, la administración Trump, que ha entendido que va a tener que replegar velas en el tema de Ucrania, ahora va a poner Groenlandia sobre la mesa, que para los europeos es absolutamente innegociable, tan innegociable como la libertad, la independencia y la soberanía de Ucrania. Groenlandia es Dinamarca y Dinamarca es la OTAN, es decir, el aliado estratégico defensivo de EEUU. ¿Cómo puede EEUU decir que es un riesgo para su seguridad nacional un socio suyo en la OTAN? Esto es el fondo del asunto.
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