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El castor en España: ¿Una oportunidad ganada?

"La recuperación del castor es una buena noticia y un verdadero lujo contar con el mayor roedor europeo de vuelta a nuestra fauna"

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Castores

Dave Taylor | Greenpeace

El castor es uno de los mamíferos más conocidos a nivel popular. Su proverbial laboriosidad, su ingenio y esas maravillosas obras de ingeniería hidráulica que realiza en sus lugares de origen lo han hecho famoso en todo el mundo. Existen dos especies de castores en nuestro planeta: el castor euroasiático Castor fiber y el castor norteamericano Castor canadensis.

Ambas especies están asociadas a esos fríos bosques del Gran Norte de nuestro planeta, donde viven en ambientes acuáticos que modifican a su conveniencia ejecutando presas y canales de una forma precisa y limpia. Junto con los humanos, es tal vez el único animal capaz de modificar el medio ambiente según sus necesidades.

Pero muy poca gente sabe que el castor ha vivido y vive en la Península Ibérica. Descrito en las obras clásicas de Historia Natural y también atestiguado por los restos paleontológicos, el castor vivió en España en las cuencas de los grandes ríos: Guadalquivir, Duero, Ebro y también en el Llobregat, al menos hasta época visigoda. Investigaciones realizadas por mi parte me hacen pensar que los últimos castores se extingueron en España a mediados del siglo XIX. Tanto en España como en Europa, los castores fueron exterminados por su piel y una sustancia extraída de ciertas glándulas, el castóreo, que tenía aplicaciones en farmacopea.

En Europa, desde comienzos del siglo XX se inició un movimiento de recuperación de las poblaciones de castor a partir de las pocas poblaciones que sobrevivieron en estado silvestre: en el Ródano, el Elba y en la Península Escandinava. Poco a poco, mediante leyes de protección estatales y operaciones de traslocación de ejemplares, el castor volvió a pulular por los ríos de Europa, como había hecho durante miles de años.

¿Y en España?

En marzo de 2003, se descubren indicios de la presencia de castores en España: tala de árboles, restos de forrajeo, pisadas, madrigueras, toboganes, excrementos y marcas de castóreo en el curso bajo del río Aragón (Navarra) y el sector contiguo del Río Ebro, entre Navarra y La Rioja. Posteriores averiguaciones llevaron a la conclusión de que se trataba de una suelta clandestina de 18 castores provenientes de Baviera (Alemania), por parte de un grupo animalista de origen e identidad desconocidos.

Las autoridades autonómicas, respaldadas por el Estado, respondieron con campañas de erradicación en Navarra, Aragón y La Rioja que han costado mucho dinero en plena época de crisis económica, y que finalmente no han servido de mucho, ya que parece haberse consolidado una población de entre 500 y 600 ejemplares en Navarra, y probablemente en Aragón también. Por lo tanto, el castor ha venido para quedarse. O, más bien, ha regresado para quedarse.

Sí, es cierto. La reintroducción de los castores fue ilegal, sin controles veterinarios, sin una cuidadosa selección del hábitat, sin estudios de seguimiento posteriores. Todo eso es verdad. Pero yo me pregunto: si para exterminar a una especie (como fue el castor en su momento) no se necesita permiso administrativo, ¿por qué ha de ser necesario un permiso para reparar el daño causado y reintroducir esa misma especie que, además, es autóctona de la Península Ibérica?

Por otro lado, afortunadamente, estos castores no han propagado ningún tipo de enfermedad y tampoco han causado daños a propiedades humanas. Y recalco esto de propiedades humanas. Porque los árboles y arbustos que el castor tala para construir sus madrigueras y presas no son propiedad humana, sino propiedad del Planeta Tierra y abiertos a ser usados por todo aquel que esté adaptado para ello. Algunos ponen el grito en el cielo por este sencillo hecho. No olvidemos que la vegetación europea ha co-evolucionado con los castores y vuelve a rebrotar una vez talada por éstos. No siempre sucede esto con las talas de origen humano. La recuperación del castor es una buena noticia y un verdadero lujo contar con el mayor roedor europeo de vuelta a nuestra fauna. Aceptémoslo e integrémoslo.

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