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10 mitos sobre las garrapatas: a qué nos enfrentamos si nos pica una

La muerte este verano de un hombre tras la picadura de una garrapata ha reavivado la confusión sobre el peligro real de este tipo de parásitos 

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Foto: Richard Bartz

Foto: Richard Bartz

El pasado 8 de agosto un hombre de 74 años falleció en el Complejo Asistencial de Ávila tras permanecer desde finales de julio ingresado con síntomas de padecer la enfermedad vírica conocida como fiebre de Crimea-Congo. Se sospecha que el hombre contrajo la enfermedad durante una cacería en la localidad extremeña de Helechosa de los Montes, en la que sufrió la picadura de una garrapata.

Este luctuoso suceso, unido al hecho de que la fiebre de Crimea-Congo es una enfermedad temible que puede contagiarse de persona a persona por los fluidos corporales o por vías respiratorias y es letal hasta en un 30% de los casos, con síntomas muy dolorosos, ha disparado las alarmas mediáticas sobre el impacto de las garrapatas en la salud humana, así como su presencia en el medio.

Para tener claro a qué nos enfrentamos en el caso de sufrir la picadura de uno de estos ácaros -que no insectos-, así como para saber los lugares donde más posibilidades tenemos de padecerla, te exponemos  los diez mitos sobre las garrapatas que conviene aclarar.

1. Solo habitan en el campo

Aunque en el campo son mucho más abundantes, también podemos contraer su picadura en parques y jardines y en general en todas aquellas zonas donde existan puntos de vegetación densa o arboledas. Lo que sucede es que con frecuencia los jardines urbanos suelen estar sujetos a mayores controles de plagas, a la vez que el tránsito de huéspedes mamíferos que las puedan desplazar es menor.

Hay que tener en cuenta que en su ciclo tienen tres estadios -larva, ninfa y adulto- y en todos ellos actúan como parásitos de mamíferos de distintos tamaños; desde ratones o conejos, a perros para pasar a terneros, caballos e incluso humanos. Así que para su ciclo es necesario que haya en el ecosistema algunos de estos estos seres. Por otro lado, es un animal muy resistente y que puede pasar en el suelo o el anverso de las hojas semanas hasta que da con su huésped.

2. Solo están activas en verano

En verano presentan su mayor actividad y el frío ralentiza su ciclo, pero hay hasta 35 especies en el grupo taxonómico de las garrapatas en España, algunas más adaptadas a ciertas estaciones que otras. Además, con los inviernos cálidos del litoral, no se puede descartar que nos piquen en ninguna época del año.

3. Somos su huésped preferente

El ser humano no está entre los huéspedes preferidos de las garrapatas, que prefieren otros mamíferos, entre ellos el perro. Al no ser peludos, no les es tan fácil agarrarse a nuestro cuerpo y trepar a sus zonas predilectas. Tampoco de nuestra sangre obtienen el mismo rendimiento que de otras especies.

4. Su picada es dolorosa

Al picarnos segregan un analgésico potente que hace que no nos enteremos, por lo que no resultan en absoluto dolorosas, de lo que se deriva el peligro de que no nos enteremos de que tenemos el parásito hasta que este se ha hinchado mucho con nuestra sangre. Incluso es posible que se suelte tras saciarse sin que lleguemos a saber que nos había picado.

5. Atacan solo el cuero cabelludo

Muchas personas temen la picadura de la garrapata en el cuero cabelludo, por la mayor vascularidad de la zona y también porque es más difícil detectarlas. Pero este tipo de ataque se da si la garrapata nos cae de un árbol o arbusto. Lo normal es que nos asciendan lentamente por las piernas en verano al cruzar zonas de matorrales y greñura, y busquen los pliegues tiernos de nuestras ingles a través de la ropa interior, o bien el anverso de nuestra rodillas. En ocasiones pueden llegar hasta las axilas.

6. Pueden transmitirse de persona a persona

La garrapatas no saltan de persona a persona, sino que tienen un solo huésped en cada estadio y solo en el adulto pueden atacarnos.

7. Permanecen en el huésped para siempre

Una vez nos han picado, si no las sacamos, pasan de seis a ocho días succionando nuestra sangre hasta que se sacian y se dejan caer muertas. Las hembras albergarán además los huevos fecundados, que se alimentarán de la sangre para pasar al estadio larva, ya en el suelo.

8. Si nos pican es muy posible que nos transmitan enfermedades

No es imposible que al regurgitar sus jugos intestinales en nuestro torrente sanguíneo nos transmitan enfermedades. De hecho el elenco de enfermedades que pueden trasmitir es amplio, con algunas graves como la citada Crimea-Congo. Pero la probabilidad es sumamente baja y solo prosperarán en individuos en los que permanecen mucho tiempo y a la vez tengan el sistema inmunitario débil o deprimido. De todos modos, si nos pica una garrapata no está de más acudir al médico o al menos vigilar si hay algún síntoma anómalo, sobre todo en niños y personas mayores.

9. Si arrancamos solo el abdomen, la garrapata se regenera

Un clásico de la cultura popular dice que las garrapatas son como las lombrices, capaces de regenerarse a partir de una porción. Pero no es así: si aplastamos el abdomen la garrapata morirá, pero vomitará sus jugos gástricos en nuestra sangre, con lo que aumentamos el riesgo de infección, si bien seguirá siendo bajo. El problema mayor es que la cabeza quedará en nuestra piel y puede provocar irritaciones. Hay que sacar los restos con unas pinzas.

10. Hay que quitarlas con productos que no las dejen respirar

Si les aplicamos aceite, parafina o cualquier otro producto que las ahogue, pueden responder regurgitando los jugos gástricos e intestinales en un vómito en nuestro torrente sanguíneo antes de despegarse, si es que lo hacen. La forma correcta de desprenderlas es con unas pinzas afiladas y con terminación curva, apretando ligeramente en la zona de la cabeza y estirando lentamente hasta sacarlas. 

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