Una etóloga, sobre cómo el diseño de nuestras casas afecta a perros y gatos: “Un entorno inadecuado puede llegar a considerarse una forma de maltrato”

“En el caso de los perros, se recomienda una zona tranquila donde puedan retirarse y descansar sin interrupciones. En gatos, es especialmente importante disponer de espacios elevados desde los que puedan observar el entorno“.

Paloma Martínez Varela

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A la hora de decorar una casa, se suelen tener en cuenta la funcionalidad, el estilo, el presupuesto o la paleta de colores. Decisiones que también afectan a los animales con los que convivimos, y que incluso pueden marcar la diferencia entre una vida plena y un estado de estrés crónico. Sin embargo, no siempre se piensa en ellos al llevar a cabo este tipo de procesos.

“El entorno doméstico tiene una importancia fundamental en el bienestar animal”, asegura Xiana Costas, veterinaria especializada en etología de perros y gatos, que defiende que un espacio adecuado debe permitir la expresión de las conductas naturales de cada especie.

Un entorno estéticamente hostil

Cuando el diseño de una vivienda ignora las necesidades biológicas de perros o gatos, las consecuencias pueden ser graves, advierte Costas: “Un entorno inadecuado puede llegar a considerarse una forma de maltrato o requerir cambios importantes, incluso la reubicación del animal por motivos de seguridad o bienestar”.

La razón que apunta la experta es que los lugares inapropiados para los animales, que no cumplen con sus necesidades, pueden derivar en problemas de comportamiento y un aumento del estrés. Para evitarlo, “es necesario adaptar el espacio con estructuras, ubicaciones y elementos de protección o enriquecimiento que faciliten estas conductas naturales de la especie”, según la etóloga.

“El efecto de los colores en el comportamiento animal es un aspecto poco estudiado en contextos domésticos”, desmiente Costas sobre la creencia de que ciertos colores en las paredes pueden generar ansiedad. Aunque se ha estudiado que algunas especies muestran preferencias por determinados colores, la experta señala que “no hay evidencia suficiente para justificar cambios relevantes en el hogar basados en este factor”.

“En el caso del perro, por ejemplo, se sabe que su percepción cromática es limitada y se basa principalmente en tonos amarillos y azules”, explica la etóloga, que matiza que este tipo de visión puede dificultarles distinguir ciertos objetos si no hay contraste.

Enemigos invisibles

“El ruido es uno de los factores que más afecta al bienestar, especialmente en entornos urbanos. Muchos animales, en particular perros sensibles, muestran miedo a sonidos como tráfico, sirenas o golpes”, destaca Costas, que afirma que esto interfiere directamente en la calidad del descanso del animal y aumenta sus niveles de estrés.

Igual que en los humanos, la experta confirma que la iluminación también juega un papel clave en los ritmos biológicos de los animales : “La exposición a luz artificial durante la noche puede alterar los ritmos circadianos, afectando al descanso y a la diferenciación entre día y noche”. Además, resulta especialmente importante considerar que cada especie tiene patrones de actividad distintos. “Los perros son principalmente diurnos, los gatos tienen mayor actividad al amanecer y al anochecer, y pequeños mamíferos como los hámsteres son nocturnos”, recuerda.

En cuanto a los materiales, la veterinaria enfatiza que algo tan básico como la elección del suelo no debe ser simplemente estética, sino también de salud, especialmente en el caso de perros y gatos mayores o con problemas articulares. “Las superficies resbaladizas aumentan la carga muscular, dificultan el movimiento y agravan el dolor, siendo una causa frecuente de problemas en el hogar”, aclara. Para los felinos, por ejemplo, las texturas son muy importantes: “Es esencial disponer de superficies adecuadas para el rascado”. 

La 'zonificación'

A tu perro no le importa si el mueble es minimalista o mid-century, pero sí donde están situados sus recursos básicos: la alimentación, la zona de descanso y la de juego. Costas aconseja separar siempre que se pueda cada uno de los espacios y no situar las zonas de descanso en lugares de alta actividad social, como el centro del salón, ya que el movimiento constante impide la relajación.

“En el caso de los perros, se recomienda una zona tranquila donde puedan retirarse y descansar sin interrupciones. En gatos, es especialmente importante disponer de espacios elevados desde los que puedan observar el entorno, ya que esto responde a su comportamiento natural y les proporciona seguridad”, afirma la etóloga, que subraya la importancia de proteger zonas de riesgo como escaleras o alturas, por seguridad.

Señales de alerta

Para saber si la disposición de la casa es la adecuada, la experta pide prestar atención a las señales. “En perros es frecuente observar dificultades para descansar, inquietud, deambulación o hipervigilancia. También es común que rechacen los recursos proporcionados, como camas o zonas específicas, y prefieran otros lugares, lo que suele indicar que la ubicación no es adecuada”, comenta. 

“En gatos, las señales pueden ser más sutiles, como rascar en lugares inapropiados o subirse a zonas no deseadas o incluso orinar fuera del arenero, además de posibles problemas de salud, que suelen indicar que el entorno no cubre sus necesidades”, diferencia Costas. “En estos casos, el problema no es la conducta en sí, sino la falta de alternativas adecuadas para expresar ese comportamiento natural”, concluye. 

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