Dos recetas típicas de San Isidro: cómo hacer las rosquillas tontas y listas
Cada 15 de mayo, Madrid se llena de chulapos, música de organillo y olor a anís. La festividad de San Isidro Labrador, patrón de la ciudad, transforma calles y plazas en una celebración popular donde la tradición se mezcla con el sabor. Entre romerías, bailes y ferias hay un protagonista que nunca falta en los puestos y casas madrileñas: las rosquillas.
Estas pequeñas delicias circulares han acompañado durante siglos las fiestas patronales. Se presentan en varias versiones, pero las más conocidas son las tontas y las listas. Las primeras, más sencillas, deben su nombre a la ausencia de glaseado o adornos, mientras que las segundas lucen una capa brillante y dulce, a menudo aromatizada con limón.
La tradición de preparar rosquillas durante San Isidro se remonta al siglo XVIII y forma parte del legado gastronómico que las rosquilleras, vendedoras ambulantes, han mantenido vivo durante años. Muchas familias aún elaboran estas rosquillas en casa como parte de la celebración, combinando recetas heredadas con toques personales. Con ingredientes humildes y técnicas accesibles, las rosquillas tontas y listas siguen siendo un bocado lleno de historia y sabor.
Origen de las rosquillas
La historia de las rosquillas de San Isidro está ligada a la cultura popular madrileña. Su origen se remonta al siglo XVIII cuando comenzaron a venderse durante las fiestas del patrón en los alrededores de la pradera de San Isidro donde los madrileños acudían en romería. Las encargadas de prepararlas eran las famosas rosquilleras, mujeres que llevaban sus productos en grandes cestas o bandejas y vestían con trajes típicos. Muchas de ellas heredaban la receta de sus madres o abuelas, perpetuando así una tradición de generación en generación.
Las rosquillas se dividen principalmente en dos tipos: las tontas, que no llevan cobertura, y las listas, que van bañadas en un glaseado dulce aromatizado con limón. Se dice que el nombre de tontas se refiere a su aspecto más sencillo, mientras que las listas parecen más sofisticadas, como si hubieran sido adornadas con intención. Esta clasificación ha sobrevivido al paso del tiempo y actualmente sigue marcando la identidad de estos dulces. Consumidas originalmente en la calle, junto a limonada o vino dulce, las rosquillas se han convertido en un símbolo comestible de San Isidro.
Receta de las rosquillas tontas
Las rosquillas tontas, sin glaseado, son una de las versiones más antiguas de este dulce madrileño. Su textura firme y su sabor a anís las convierten en un clásico imprescindible durante las fiestas de San Isidro. Para su preparación vamos a necesitar los siguientes ingredientes:
- 500 g de harina de trigo
- 4 huevos grandes
- 125 g de azúcar
- 100 ml de aceite de oliva
- Una cucharada de anís en grano o matalahúva
- 50 ml de anís dulce
- Un sobre de levadura química
- Ralladura de un limón
- Un poco de sal
- Aceite para freír
Para la elaboración seguiremos los siguientes pasos:
- Calienta el anís en grano. En una sartén pequeña calienta el aceite junto con el anís hasta que empiece a burbujear. Retíralo del fuego, cuélalo y deja enfriar.
- Mezcla los ingredientes líquidos y el azúcar. En un cuenco grande bate los huevos con el azúcar hasta que la mezcla esté espumosa y de color claro. Añade el aceite aromatizado ya frío, el licor de anís, la ralladura de limón y una pizca de sal. Después, mézclalo todo muy bien hasta que se integre.
- Incorpora la harina y la levadura. Mezcla la harina junto con la levadura y agrégala poco a poco a la mezcla anterior. Comienza mezclando con una cuchara y luego continúa con las manos hasta obtener una masa suave, ligeramente pegajosa pero manejable. Si está demasiado blanda puedes añadir un poco más de harina, pero con cuidado de no endurecerla. Después, deja reposar la masa unos 20 o 30 minutos cubierta con un paño limpio.
- Forma las rosquillas. Con las manos ligeramente enharinadas coge pequeñas porciones de masa, haz cilindros y únelos formando rosquillas. Después, colócalas en una bandeja con papel de horno, dejando espacio entre ellas.
- Hornea las rosquillas. Precalienta el horno a 180º C y mete las rosquillas entre 20 o 25 minutos hasta que estén doradas. Una vez listas, déjalas enfriar y pasadas unas horas estarán listas para comer.
Receta de las rosquillas listas
Las rosquillas listas son la versión glaseada y más vistosa de las típicas rosquillas de San Isidro. Su cobertura brillante, ligeramente ácida y dulce, les da un acabado elegante que contrasta con la sencillez de las tontas. Los ingredientes que necesitaremos para su elaboración son los mismos que para la preparación de las rosquillas tontas con sus mismas cantidades. Sin embargo, necesitaremos otros ingredientes para preparar el glaseado que son: 200 gramos de azúcar glasé, una clara de huevo, dos o tres cucharadas de zumo de limón y ralladura de limón para decorar.
Para la preparación de la masa debemos seguir los mismos pasos que para la masa de las rosquillas tontas. De esta manera puedes realizar la masa de ambas rosquillas y simplemente separar unas para que no lleven el glaseado y otras que sí.
Para preparar el glaseado de limón tienes que mezclar el azúcar glasé con la clara de huevo y el zumo de limón en un cuenco. Después, bate con varillas manuales hasta obtener una textura espesa, pero fluida, de manera que se adhiera al dorso de la cuchara. Puedes ajustar el zumo si lo necesitas más líquido. Una vez tengas listo el glaseado, sumerge la parte superior de cada rosquilla en el glaseado o extiéndelo con una cuchara. Luego, deja secar al aire sobre una rejilla hasta que el glaseado se endurezca y esté bien brillante. Este proceso puede durar alrededor de 30 minutos o una hora. Pasado ese tiempo tendrás tus rosquillas listas para disfrutar de ellas.
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