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Cultura

Día de las Escritoras: la lucha contra el ninguneo de las autoras

A algunas las envolvieron en el silencio para que nadie escuchase quiénes eran, a muchas las trataron de locas y otras fueron vampirizadas por sus compañeros, que se llevaron los méritos gracias a sus ideas

Luna Miguel: "Con alguna escritora me he tenido que ir a Google Maps a mirar dónde estaba la ciudad de la que provenían. Si no sabes ni poner una ciudad en un mapa, ¿cómo vas a poner a las escritoras de esa ciudad?"

Portada de 'El coloquio de las perras', de Luna Miguel

Portada de 'El coloquio de las perras', de Luna Miguel

Con pluma, con máquina de escribir, con el teclado del ordenador portátil. La historia de la literatura se nutre de cientos de miles de palabras escritas por mujeres, algunas en una habitación propia, como Virginia Woolf, o sentadas en el suelo del salón con los niños jugando alrededor, como Clarice Lispector. Si se tiene en cuenta tal volumen de producción, son muy pocas las que han recibido el reconocimiento y la atención que se merecen. 

Sus nombres se ningunearon de muchas maneras. A algunas las envolvieron en el silencio para que nadie escuchase quiénes eran, a muchas las trataron de locas, y otras fueron vampirizadas por sus compañeros, que se llevaron los méritos gracias a sus ideas. Salieron perdiendo ellas, evidentemente, pero también los lectores que no llegaron a conocer sus obras.

Para intentar poner remedio a la injusticia, en 2016 se hizo oficial el Día de las Escritoras, una iniciativa impulsada por la Biblioteca Nacional de España, la Asociación Clásicas y Modernas y la Federación Española de Mujeres Directivas (FEDEPE). Se celebra el lunes más cercano al 15 de octubre, día de la festividad de Teresa de Jesús.

Este año es el lunes 14, fecha que coincide con la salida a la venta de El coloquio de las perras de Luna Miguel (Capitán Swing), un libro en el que la autora recupera la figura de 12 escritoras de América Latina, a las que considera que hay que reivindicar. Tanto por la calidad de su trabajo como por las historias de sus vidas, irremediablemente oscurecidas por la misoginia, una sombra tan alargada que llega hasta hoy.

"Hay cientos de miles de nombres que se han quedado fuera. Los que he seleccionado son aquellos que me dan la posibilidad de hablar de cosas que les habían pasado a ellas pero que también están pasando en el presente. Creo que era el anclaje principal del libro. Cómo la historia de Elena Garro o cualquiera de ellas podía darme claves para explicar el presente del mundo editorial", explica a eldiario.es por teléfono.

Cada capítulo está dedicado a una autora y se cierra con una carta que le dirige Miguel. La epístola le aporta una información más personal al lector o lectora de por qué dicha escritora está en la docena de escogidas. Pero de todas las características que las unen, hay una muy evidente: la lengua. La misma que se utiliza en España, por lo que es sorprendente que aquí no se hayan reivindicado sus nombres hasta ahora, cuando sí que se ha hecho con muchas francesas y anglosajonas.

Por un lado, Miguel apunta que: "creo que responde a varias cosas. En primer lugar, siempre parece que lo que se hace fuera se hace mejor, lo que no es para nada verdad. Estamos en un momento del panorama editorial en el que estamos recuperando a muchas autoras pero parecía que, por ejemplo, una Lucia Berlin volvía a preocuparnos más que leer a Carmen Martín Gaite. Cuando algo viene traducido de otra lengua nos emociona más, porque el hecho de que lo traduzcan nos parece más importante que leer algo en nuestro propio idioma".

Pero por otro, también influye el desconocimiento: "Pensábamos que lo sabíamos todo de América Latina porque habíamos leído a Gabriel García Márquez, pero él solo es un autor dentro de un continente enorme y amplísimo del que no conocemos absolutamente nada. Y cuando no conocemos absolutamente nada, lo que menos conocemos es a sus mujeres. Con alguna escritora me he tenido que ir a Google Maps a mirar dónde estaba la ciudad de la que provenían. Si no sabes ni poner a una ciudad en un mapa ¿cómo vas a poner a las escritoras de esa ciudad?", dice Miguel.

Explosiones para unos, modas para otras

Cuando el mencionado Gabo y sus compañeros del 'boom' latinoamericano -auspiciado en España por la celebérrima agente literaria Carmen Balcells- triunfaron en los 60, los nombres de sus contemporáneas no entraron en el grupo. Luna Miguel ha incluido en su libro, que toma prestado el título de un cuento de Rosario Ferré, una contundente cita de Alejandra Costamagna que lo explica: "El boom latinoamericano fue totalmente machista".

Pero ¿por qué una mujer como Balcells no tiró de las escritoras para llevarlas al éxito? "Creo que el primer riesgo que tomaba era traer a escritores de América Latina, un continente al que nadie miraba en el mundo editorial. La época no acompañaba para correr otro riesgo más, que era el de traer a estas mujeres" concluye Miguel, que también señala que: "por ejemplo, la obra de Aurora Bernárdez sí está presentada por su agencia".

En el caso de los escritores se habla de 'boom', una explosión de nombres exitosos que aparecen para quedarse. Pero cuando se da un fenómeno como el actual, en el que se recuperan los nombres de muchas escritoras y muchas más mujeres publican libros, en muchas ocasiones se considera una 'moda', algo efímero.

"Siempre tendemos a mirar los éxitos de cualquier mujer con mucho más escepticismo que los de cualquier hombre. Si nos vamos a estilos, se publican las memorias de Mary Karr y no se toman con tanto ánimo y con tanto gusto como las de Knausgård, que es un señor que ha escrito decenas de miles de páginas sobre su propia vida". 

La entrevistada también señala que: "Por ahora no podemos hablar de moda porque solo es un ciclo donde parece que estamos publicando más nosotras pero los siguientes pasos, que son premios, reconocimientos y demás, siguen perteneciéndoles a ellos".

Luna Miguel conoce bien la industria editorial, tanto escritora como editora [por ejemplo, ha sido la responsable de la editorial Caballo de Troya junto a Antonio J. Rodríguez en este 2019, puesto que ocuparán también en 2020]. Es consciente de los intereses (no siempre encomiables) que tienen las empresas, pero también de lo que se ha conseguido hasta ahora.

"La industria no deja de ser una industria y se vicia. Es como Netflix, que entras y hay como 200 series y al final solo te gusta una. Aquí igual: se publican 300 libros sobre feminismo, pero a lo mejor merece la pena solo uno". Pero esa mirada no deja de ser la de alguien ya iniciada en la lectura de ensayos y, en concreto, de este tema. Ese libro que parece no aportar nada, puede ser la puerta de entrada de otra persona a las teorías feministas. "El peso sí ha llegado. Es grandioso porque te das cuenta de cómo la industria editorial está ayudando en cierto modo a una lucha mucho más grande".

Mujeres leen a mujeres

La escritora Joanna Walsh se inventó en 2014 el hashtag #readwomen2014 y su éxito llegó a España dos años después, traducido como #LeoAutorasOct. Durante el décimo mes del año, las personas que quieren participar recomiendan libros escritos por mujeres en las redes sociales. Pero si se echa un vistazo rápido, la mayoría de las sugerencias están hechas por mujeres (también hay hombres, por supuesto, no se exalten).

¿A qué se debe? "Con movimientos como este, estamos dejando constancia de que esos datos que dicen que, en el mundo en general, las mujeres leen más son acertados. Si miras las redes sociales, la mayoría de booktubers son mujeres. En los clubes de lectura, casi todas son mujeres. En las presentaciones de libros, sea el que sea, de Pérez Reverte o de Noemí López Trujillo, en el público hay mayoría de mujeres. Pero luego son los hombres los que hacen crítica literaria. Hay una descompensación brutal".

Pero aunque la brecha sigue existiendo, los movimientos #LeoAutorasOct y #DiaDeLasEscritoras sí han tenido una repercusión real en el mundo editorial. "Para mí ha sido una especie de 8M digital. Creo que las lectoras, a fuerza de hacer ruido, reseñas, búsquedas, e incluso de pedir a las editoriales a través de las redes sociales, han modificado el mercado. Y lo digo así tal cual. Me parece súper importante como lectora, autora y editora".

Y tú ¿qué recomiendas?

Para celebrar el Día de las Escritoras, hemos pedido a algunas autoras que nos hagan sus sugerencias. Todas han publicado recientemente (o lo harán en pocos días) sus propios libros, que también sirven como nuestra propia recomendación. 

Luna Miguel, autora de 'El coloquio de las perras' (Capitán Swing)

-Vidas Trans (Antipersona, 2019): "Es una antología donde distintas personas transgénero (hombres y mujeres, pero mayoría de mujeres) hablan de sus condiciones y su vida en España como Alana Portero o Cassandra Vera. Te aporta una visión diferente de lo que significa ser mujer".

- Amnesia Colectiva, de Koleka Putuma (Flores raras, 2018. Traducido por Lawrence Schimel y Arrate Hidalgo): Es un libro de poemas que puede leer cualquier persona, porque es una poesía muy narrativa. Habla de cuestiones raciales y de género. Es muy fuerte, muy emocionante y también muy divertido.

Carmen G. de la Cueva, co-editora junto a María Folguera de 'Tranquilas. Historias para ir solas por la noche' (Lumen)

-Breve historia de la misoginia. Antología y crítica, de Anna Caballé (Ariel, 2006, reedición de 2019): Este ensayo se me antoja imprescindible y más en los tiempos que corren. Cuando alguien venga a decirnos que la literatura de 'mujeres' está de moda, cuando nos pregunten de qué nos quejamos si nuestros libros están en todas partes, cuando llegue el columnista de turno a decirnos quiénes son las autoras a las que de verdad tenemos que leer, podemos lanzarle este libro a la cara o recomendarle, elegantemente, su lectura. Nuestra herencia literaria es intelectualmente misógina y ha negado y sigue negando sistemáticamente el reconocimiento a la creación de las mujeres. Este interesante estudio nos recuerda, como dice Caballé, de dónde venimos, "de qué oscuridad y desdén, de cuántas descalificaciones y burlas, del silencio estremecedor que todavía nos acompaña".

Layla Martínez, autora de 'Gestación subrogada' (Pepitas de calabaza)

-Bitch Planet de Kelly Sue DeConnick como guionista y Valentine De Landro como dibujante (Astiberri 2017 y 2018): Hasta ahora se han publicado dos volúmenes de este cómic y previsiblemente habrá unos cuantos más, porque la historia acaba de empezar a desarrollarse. DeConnick plantea una distopía en la que el patriarcado se ha hecho todavía más fuerte. Las mujeres clasificadas como "no conformes" son enviadas a un planeta penitenciario llamado popularmente Bitch Planet. La clasificación puede ser por cualquier cosa (ser lesbiana, no asumir los mandatos de género, ser negra, ser gorda o simplemente porque tu marido quiere quitarte de en medio), pero las mujeres clasificadas así no están dispuestas a quedarse con los brazos cruzados, y en Bitch Planet empieza a prepararse un motín. Me gusta este cómic porque DeConnick muestra muy bien cómo se construye el sistema de dominación qué es el patriarcado, cómo las mujeres son clasificadas en función de los intereses y deseos de unos hombres que solo buscan perpetuar su poder. Además, me gusta porque DeConnick muestra que se puede luchar, que puedes pasar a la ofensiva, que es posible rebelarse.

-Consecuencias naturales de Elia Barceló: Es una novela de ciencia ficción publicada originalmente en 1994 y reeditada recientemente por Crononauta. Elia Barceló es una de las grandes autoras de ciencia ficción de nuestro país y no tengo ninguna duda de que sería mucho más conocida si hubiese sido un hombre. Consecuencias naturales es una novela crítica que además tiene puntos divertidos y donde surgen preguntas profundas sobre qué significa ser hombre y mujer y qué significa gestar y tener un hijo. Todo ello en el contexto de un planeta Tierra que ha alcanzado la igualdad de géneros y donde son habituales los viajes por el espacio y el contacto con seres de otros planetas. Me gusta porque es una novela entretenida y a la vez profunda y porque además creo que Barceló es una autora a reivindicar.

Anna Pacheco, autora de 'Listas, guapas, limpias' (Caballo de Troya)

-La belleza del marido, de Anne Carson (Lumen, 2019. Traducción de Andreu Jaume Enseñat): Estos días en los que deseaba fuertemente que Carson se llevara el Nobel, he releído La belleza del marido y he corroborado lo mismo, otra vez: no hay libro, para mí, que explique de forma más estilosa el declive de un matrimonio, el tormento amoroso, la vida en descomposición. En el poemario, que en realidad son despieces deslumbrantes que te llevan de un lado a otro a lo largo de la vida de una pareja, hay mentiras, hay adulterio, hay pesar, hay celos y hay patriarcado. La mirada de Carson es brillante y te deja tristísima, hecha un ovillo, claro.

Mar Abad, autora de 'Antiguas pero modernas' (Libros del K.O, a la venta el próximo 21 de octubre)

-La mujer moderna y sus derechos de Carmen de Burgos: Es la historia del feminismo más completa y más inteligente que he leído en mi vida. Te descubre los inicios del feminismo actual y revela datos que no podemos ni imaginar. Es un documento histórico imprescindible. Me parece increíble que este libro no sea mucho más conocido. [Se publicó por primera vez en 1927. La editorial Huso lo recuperó en 2018, aunque hay alguna edición anterior].

Ana Bernal-Triviño, autora de 'No manipuléis el feminismo: Una defensa contra los bulos machistas' (Espasa, 2019)

-Por qué las mujeres disfrutan más del sexo bajo el socialismo, de Kristen Ghodsee (Capitán Swing, 2019. Traducido por Blanca Rodríguez): Lo recomiendo porque demuestra hasta qué punto el capitalismo ha condicionado como sistema económico la vida de las mujeres, en la medida en que es un sistema que las empobrece. La obra reflexiona sobre cómo se ejerce una violencia económica contra la mujer y que solo a través de su independencia y las mejoras laborales, la mujer puede desarrollarse de forma autónoma, incluida su sexualidad.

-El himen y el hiyab de Mona Eltahawy (Capitán Swing, 2018. Traducido por María Porras): Es un ensayo que reflexiona sobre la necesidad de una revolución social dentro del mundo árabe. Pero sobre todo me abrió los ojos sobre el papel de estas mujeres dentro también de las sociedades occidentales, y cómo se sienten marginadas cuando nos centramos o defendemos solo cuestiones culturales que dañan sus propios derechos. Es una reflexión sobre la mezcla tóxica entre cultura y religión y cómo no damos suficiente voz a las mujeres que en sus países de origen están desafiando al patriarcado con condenas extremas e incluso la muerte.

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