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Irónicos "Maestros Cantores" abren el Bayreuth, cumbre anual de los wagnerianos

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Irónicos "Maestros Cantores" abren el Bayreuth, cumbre anual de los wagnerianos

Irónicos "Maestros Cantores" abren el Bayreuth, cumbre anual de los wagnerianos

Unos irónicos "Maestros Cantores de Núremberg", obra de Barrie Kosky, abrieron hoy el Festival Richard Wagner de Bayreuth, la cumbre anual de los wagnerianos de todo el mundo, encabezados por la canciller Angela Merkel.

Kosky, el primer judío en esta difícil plaza al frente de la que fue la obra preferida de Adolf Hitler, se metió al exigente público en el bolsillo desde el primer acto con una versión de la popular ópera envuelta en fetiches wagnerianos.

A los "Cantores" les traslada el director australiano a la biblioteca de Richard Wagner, con el compositor convertido en vigilante de las esencias cristianas y germanas, entre cuadros de la caprichosa Cosima y su mecenas, el rey Luis II de Baviera.

Kosky, desde 2012 director general de la Ópera Cómica de Berlín, demostró saber cómo moverse entre mitos adorados y temidos por los alemanes y divertirse con ellos sin destruirlos, hasta darles una vuelta de tuerca.

La alfombra roja, empapada tras varios diluvios seguidos, recibió así a Merkel, habitual del festival como su esposo, el catedrático Joachim Sauer, y a ilustres invitados, como los reyes Carlos XVI Gustavo y Silvia de Suecia.

Bayreuth es cita imprescindible tanto para la clase política alemana -y sobre todo para la plana mayor de Baviera-, como para wagnerianos de todo el planeta, concentrados de nuevo en el teatro que fundó Richard Wagner en 1876.

Los "Cantores" de Kosky es el único estreno de la temporada y fue la ocasión para revitalizar una obra muy terrena, pero profusamente instrumentalizada durante el nazismo.

Fue la ópera preferida por Adolf Hitler, a cuyos pies pusieron el festival los herederos del compositor.

Bajo la dirección de Winifred Wagner, nuera del compositor y adoradora del Führer, se recompensaba con entradas para esa pieza a heridos de guerra y oficiales, lo que acabó de estigmatizar una ópera en la que, poco después de su estreno, en 1845, había empezado ya a verse como una glorificación de lo germánico.

Al estreno de esa pieza seguirá mañana la reposición del "Tristan e Isolda" dirigido por la biznieta del compositor, Katharina Wagner, con Christian Thielemann, su director musical titular.

Luego se repondrá "Parsifal", dirigida por Harmut Haenchen, y finalmente el "Anillo del Nibelungo" de Franz Castorf, una producción que fue abucheada en su estreno, en 2014, pero que ha ido ganando aceptación entre los wagnerianos.

La incorporación de Kosky a Bayreuth estaba predestinada a centrar los comentarios en los entreactos, compartiendo protagonismo con dos regresos más que anhelados en la Verde Colina, como se denomina el lugar donde Wagner inauguró su primer festival, en 1876.

Katharina Wagner, directora del festival, anunció en la conferencia previa a la inauguración el retorno a la casa del tenor español Plácido Domingo y de la mezzosoprano Waltraud Meier, ambos ausentes de Bayreuth desde 2000, entonces en la "Valkiria".

Meier volverá con "Lohengrin", que dirigirá Thielemann con escenografía de Yuval Sharon; y Domingo regresará con "Valkiria", solo que esta vez a la batuta.

Será la primera vez en que se escenifica en solitario en ese festival esa pieza de "El Anillo del Nibelungo", ya que hasta ahora se ofreció siempre la tetralogía completa -"El Oro del Rin", "La Valkiria", "Sigfrido" y "El ocaso de los dioses"-.

La presencia de Domingo, que ha interpretado ya en Bayreuth varios papeles wagneriano -como "Parsifal", además de "La Valkiria"-, será el plato fuerte y significará su debut como director en el elitista festival, que desde su fundación sigue consagrado en exclusiva al compositor alemán.

Meier, por su parte, volverá después de dejar Bayreuth en 2000 tras un tumultuoso enfado con el entonces director del festival, Wolfgang Wagner.

Wolfgang llevó las riendas del festival más de medio siglo, desde su refundación tras la Segunda Guerra Mundial y hasta 2008, cuando delegó en sus hijas Katharina y Eva Pasquier-Wagner.

A su hermano Wieland, codirector desde los cincuenta hasta su muerte, en 1966, se dedica este año una exposición y homenaje bajo el título "Nada es para siempre".

El enfado de Meier tampoco fue eterno. Y tampoco era para siempre el veto a no escenificar la tetralogía entera, a cambio de que sea Domingo quien la dirija.

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