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Cuernos, llaves y naipes: el significado escondido de los símbolos que siempre acompañaron al arte

'Los jugadores de cartas' de Caravaggio

Guillermo Martínez

21 de marzo de 2026 21:47 h

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Observar un cuadro no es lo mismo que entender todo lo que el artista nos quiere transmitir a través de él. Ese es el principal argumento que ha guiado a varios expertos en arte a intentar desentrañar esa simbología, a veces algo escondida, otras no tanto, que siempre ha acompañado a los creadores a la hora de comunicar un mensaje. El búho como ruina, los naipes como pereza, los cuernos como algo positivo primero y negativo después, la llave como conocimiento, la calavera como muerte, el cabello ligado a la sensualidad, al igual que la columna como firmeza y solidez, son apenas algunos ejemplos de los más de 80 símbolos que cuatro especialistas han abordado en una nueva publicación.

Ahondar en el infinito mundo de los símbolos pudiera parecer una tarea harto complicada. Sin embargo, Lorenzo de la Plaza, Adoración Morales, José María Martínez y José Ignacio Vaquero han logrado hacerlo sencillo en su Guía para identificar los símbolos en el arte (Cátedra, 2026). A lo largo de poco más de 350 páginas de pequeño formato, los especialistas analizan aquello escondido, oculto, a unos ojos no educados en una simbología tan presente en el campo cultural del arte.

De la Plaza, doctor en Historia, define una pintura como “una ventana al universo de la que te puedes perder mucho si no llegas a entenderla al completo”. Él sabe bien que durante siglos el arte no solo fue decoración, sino una especie de lenguaje cifrado mediante el que los artistas podían comunicar ideas, incluso algunas perseguidas. Un sol, una vaca, un cordero, un huevo, una manzana y una torre pueden ser mucho más que un sol, una vaca, un cordero, un huevo, una manzana y una torre. Así lo explican en esta obra que profundiza en unos símbolos entre los que se incluyen algunos que todavía perviven en la verborrea más popular.

'San Juan Evangelista' de El Greco

No siempre se ha dado ni la misma simbología ni la misma cantidad de símbolos en las obras. “Una época brutal para esto es el manierismo. Si ves alguna de sus obras, todo son símbolos”, asegura De la Plaza, quien lo ejemplifica con el San Juan de El Greco. “Aparece el santo con una copa en la mano en la que aparece un dragón. ¿Qué es esto realmente? El dragón es el veneno y el mal, la serpiente, porque cuenta la historia que intentaron envenenar a San Juan con una copa”. En este sentido, la monografía que ahora presentan se cierra con un diccionario inverso de símbolos que facilita la búsqueda de los significados.

Del cambio de significado de los cuernos a las llaves

A día de hoy, el común de los mortales afirmaría que los cuernos son un símbolo negativo, pero no siempre fue así. El doctor en Historia recuerda que Miguel Ángel pintó a su Moisés con unos cuernecillos. “Cuando se escribió el Éxodo, donde aparece Moisés, significaban poder y fuerza, también fertilidad, sobre todo en el ámbito de Mesopotamia y Oriente”, ilustra. 

Llegó la traducción de la Biblia al latín por parte de San Jerónimo, quien escribió que cuando Moisés bajó de hablar con Dios, volvió con cuernos en la cabeza. Parece que se trata de una traducción inexacta. Sea como fuere, en torno al año 1400 tener cuernos ya estaba muy mal visto. “De ahí que aparezca el diablo con cuernos”, apuntilla el especialista. Para evitar comentarios incómodos en un momento que ya se había extendido la expresión “poner los cuernos” a alguien a quien engañas sexualmente, Santo Tomás indicó que eran rayos luminosos y no cuernos lo de Moisés. 

De la Plaza también remarca la llave como uno de los mayores símbolos que han acompañado a las grandes obras de arte. En este caso, su significado depende del contexto. Fluctúa entre autoridad, fidelidad, muerte, poder, prestigio, prosperidad y sabiduría, entre otros. “Demuestra poder, porque con ella eres capaz de abrir y cerrar puertas a tu paso. Por eso, los escudos de los papas tienen llaves, al igual que el de San Pedro”, comenta. Sin ir más lejos, en La Rendición de Breda, de Diego Velázquez, el gobernador holandés le entrega las llaves de la ciudad a Ambrosio de Spinola.

'La rendición de Breda' de Velázquez

Por el contrario, la llave también posee un significado algo más negativo. Asociada a la posesión, ésta muchas veces conduce a la avaricia. Así la utiliza El Bosco en El Jardín de las Maravillas, en el infierno, donde una persona cuelga de una llave como castigo por su avaricia.

La serpiente, entre el bien y el mal

La serpiente es para De la Plaza uno de los símbolos más complicados debido a su ambivalencia, “y no existe cultura en la que no se le haya adorado o temido”, apuntan en la publicación. Su significado se construye a través de binomios contra puestos, pues representa el mal y el bien, la vida y la muerte, la luz y la oscuridad, lo masculino y lo femenino, así como la curación y la enfermedad. No es baladí que el símbolo de los farmacéuticos sea la Copa de Higía, donde aparece un cáliz con una serpiente enroscada, representando a la diosa griega de la salud, Higía, hija de Asclepio, dios de la medicina.

“Aquí te tienes que fijar en el contexto para entenderlo del todo”, asegura el autor. Un ejemplo sencillo de uso negativo de la serpiente se dio durante el Renacimiento, cuando el cabello de Medusa aparece retratado por Caravaggio con este animal. También existen numerosos cuadros de vírgenes inmaculadas que aparecen pisando la serpiente, que simboliza el mal.

'Lilith' de John Collier

Y todavía uno más: “En el cuadro de ‘Lilith’, cuando se quiere representar a una mujer que es mala en un siglo XIX en el que hay cierta misoginia puritanista, sobre todo en Inglaterra, qué mejor que representar a una mujer desnuda con una serpiente”, comenta De la Plaza en referencia a la obra de John Collier de 1892.

Los naipes, un símbolo de símbolos

Por su parte, Adoración Morales se detiene en las cartas, los naipes, como uno de los símbolos más complejos, ya que la propia carta esconde un significado pero, a su vez, otros tantos según la combinación de figuras, números y colores que presentan. “Las cartas del tarot, la cartomancia, es de las pocas cosas que siguen albergando un alto nivel de simbolismo, por eso me llaman la atención”, explica la también filóloga.

En sí misma, la baraja y las cartas son un símbolo de pereza y vicio en un ambiente de ocio, lo que da pie incluso al engaño. Es lo que sucede en el cuadro Los jugadores de cartas, de Caravaggio, donde un personaje parece que hace un gesto a uno de los jugadores dándole pistas de las cartas que tiene el otro, ilustra Morales.

La baraja española y la francesa, más allá del tarot, no se quedan atrás. Los oros, por ejemplo, representan a los agricultores, lo que en la francesa viene dado por los tréboles. Las copas y los corazones son el clero; las espadas y las picas, los militares y el ejército; mientras que los bastos y los diamantes aluden a los comerciantes. “Hay una simbología muy clara incluso por el color o la figura. Nos pasa cuando decimos que alguien se cree la reina de corazones o que una persona es un as practicando un deporte”, añade la autora.

Ambivalente también es el búho y la lechuza, tantas veces representados en la pintura. En el caso del primero, animal nocturno, suele asociarse con la soledad, la tristeza y el poder de lo oculto; en Egipto lo relacionaban con la muerte. En definitiva, un ave de mal agüero. Oscurantista también. Es lo que sucede con uno de Los Caprichos de Goya, quizá el más conocido, aquel que dice que “el sueño de la razón produce monstruos”. El personaje que aparece dormido se encuentra rodeado de búhos, “como si fueran esos monstruos que generan los sueños”, apuntilla Morales. Sin embargo, si es una lechuza las cosas cambian, pues puede simbolizar conocimiento.

Por otro lado, la imagen de portada de esta Guía para identificar los símbolos en el arte no está escogida al azar. En ella aparece una parte del Juicio Final de la Capilla Sixtina, en el Vaticano, realizada por Miguel Ángel en el siglo XV. Ahí aparece la columna como símbolo de la Pasión de Cristo, algo ampliamente extendido en numerosas imágenes lucidas por las calles en Semana Santa. “Aquí tenemos la unión del cielo con la tierra, la solidez, pero también los límites de la parte humana y la divina”, comenta la filóloga antes de sintetizar el significado de la columna en estabilidad, fuerza, poder y seguridad.

“Esta imagen de la Capilla Sixtina nos da mucho juego, pues aparecen muchas personas intentando sostener la columna con unos esfuerzos brutales, lo que puede ser casi un mensaje de soporte del conocimiento, algo parecido a lo que nosotros queremos hacer con este libro”, concluye la misma Morales.

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