Crítica

'Moonage Daydream', un documental descomunal para un artista inabarcable, David Bowie

Un David Bowie caleidoscópico en un momento de 'Moonage Daydream'

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“El caos y la fragmentación son mi línea argumental”. Con esa frase se definía el propio David Bowie a sí mismo. Una personalidad caleidoscópica, poliédrica e indescriptible. Un artista que no cabía en ningún cliché. Las etiquetas no valían. Según alguien se atrevía a ponerle una, él la cogía, la arrugaba y la tiraba a la basura ofreciendo algo radicalmente diferente. Para acercarse a alguien inabarcable la única posibilidad era abrazar el caos y la fragmentación. Eso es lo que hace el director Brett Morgen en Moonage Daydream, un documental descomunal, apabullante y una experiencia inmersiva y fascinante en el universo de Bowie. Una película que merece pantalla grande y dejarse llevar por la música y el talento del músico fallecido en 2016.

Morgen se salta las normas del documental canónico a la torera. No hay bustos parlantes, no hay amigos diciendo lo bueno y talentoso que era. Ni siquiera hay un orden cronológico, ni se pone el título de las canciones que suenan, las fechas de los acontecimientos o los sitios donde aparece en concierto. Es un collage expansivo que arrolla al espectador desde su inicio. Tras una cita del propio Bowie hablando de Nietzsche, declarando que los dioses murieron a finales del siglo XIX y que, desde entonces, “los humanos se deben convertir en dioses” la pantalla se tiñe de negro y aparece su apellido, Bowie, en letras enormes. Comienza así un montaje en paralelo con el Hallo Spaceboy que deja claro lo que vamos a ver, un espectáculo visual que une imágenes de conciertos, fotos de archivo y los homenajes cinematográficos que ya se encontraban en el videoclip de la canción. 15 minutos arrolladores y que dan ganas de cantar y bailar. El espectáculo de montaje, diseño sonoro y musical de Moonage Daydream es inigualable.

Se nota que su director, Brett Morgen, no solo ama a Bowie, sino que ha dedicado cuerpo y alma a este trabajo. Exactamente cinco años, parte de los cuales se dedicaron a revisar todo el archivo documental, alguno inédito gracias a la autorización de la familia de Bowie, que le dio acceso a cinco millones de documentos, grabaciones, ilustraciones y diarios. En Moonage Daydream es Bowie el que cuenta a Bowie, y es gracias a él como descubrimos la verdad detrás del juego de personajes y espejos que creó durante décadas. Es él mismo quien, en uno de los momentos más íntimos, explica que es artista gracias a que su hermanastro le descubrió En el camino de Jack Kerouac, y la música de John Coltrane. 

En toda su carrera creó “una serie de papeles”, todos por un motivo, “no exponerse al público”, como se le escucha decir en el documental donde se describe como “un coleccionista de personalidades”. Una de ellas fue la de Ziggy Stardust, al que define como “el arquetipo de una estrella de rock mesiánica”.

No es casualidad que el documental se llame Moonage Daydream. Primero, porque es el nombre de una de las canciones de su álbum The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders From Mars (1972), en el que presentó a su alter ego, y segundo, porque así se llamó el libro de fotografías de Mick Rock que iban acompañadas de comentarios del propio Bowie en lo que fue descrito como “lo más parecido que tendrás a una auténtica autobiografía de Bowie” por la revista Rolling Stone. Lo más cercano que sus fans estuvieron de ver detrás de la máscara. En el libro se mostraban las inspiraciones del cantante, como el teatro Kabuki, la mímica y la música alternativa de Nueva York. Todo eso está en el documental, que de alguna forma recoge el testigo y pone en movimiento aquellas fotografías y aquellos pensamientos para crear otro trabajo esencial.

Aunque no haya un orden cronológico, sí que se pueden apreciar zonas temáticas en Moonage Daydream, una de las primeras en aparecer es la importancia de Bowie como icono 'queer'. El documental muestra las preguntas llenas de prejuicios sobre su aspecto y su sexualidad que le hacían en los 70 una y otra vez. Cuestionaban su aspecto, su ropa, por qué llevaba zapatos de mujer… Él respondía con una naturalidad que desarmaba a cualquiera. Era una de los primeros artistas que no tenía miedo en decir la palabra bisexual.

“La gente quiere un rol en la sociedad, encontrar su identidad”, dice en un momento del documental para luego escuchar a sus fans a las puertas de uno de sus conciertos asegurar que había “roto una barrera” y que gracias a él “ya a nadie le daba miedo ir así”. “Viene de otro universo”, aseguran otras fans. Su universo se llamaba liberta, y es curioso cómo, décadas después, su figura sigue siendo necesaria y hasta revolucionaria. Otro de los temas que se trata es si durante una época David Bowie se vendió al mainstream. Por pantalla aparecen su anuncio de Pepsi junto a Tina Turner en 1985 y sus momentos más criticados por sus fans en una de las múltiples facetas de un artista que aseguraba que se había usado a sí mismo “como un lienzo”.

Una película maximalista

Brett Morgan tuvo libertad total de los herederos de Bowie. Era su película, no la de ellos, y apostó por un “film maximalista”, como lo describió en The Guardian. “Definitivamente es una obra caleidoscópica que quiere ser una pieza de entretenimiento inmersivo. Mi inspiración para este proyecto probablemente fue más mis experiencias en el planetario del Observatorio Griffith, en Los Ángeles, viendo el espectáculo láser de Pink Floyd y las atracciones de Disneyland más que cualquier película específica”, contaba en dicha entrevista.

Allí también confesó que el origen del proyecto data de 2007, pero no tenía nada que ver con Moonage Daydream. Llegó a conocer a David Bowie, y justo cuando iba a comenzar “su inmersión” en su universo, Morgan sufrió un ataque al corazón. “Estuve sin pulso un breve tiempo y estuve en coma durante una semana. Tras ese momento comencé a revisar todos los archivos que tenía de él y, por lo tanto, sus reflexiones sobre la mortalidad, el envejecimiento, su forma de abordar la vida, y fueron muy enriquecedores, catárticos e inspiradores para mí. Ahí es donde la película realmente comenzó a tomar forma”.

En Screen Daily dio otra de las claves de este trabajo. No habla de David Jones, el nombre real del artista, pero tampoco era una película sobre David Bowie, sino que, de alguna forma se “estaba burlando” de él y abrazando “sus fuentes de inspiración, introduciendo a una nueva generación a Brecht, Metrópolis, Kandinsky, todos los expresionistas alemanes como una forma de transmitir su legado a la siguiente generación”. En Moonage Daydream nunca vemos el retrato completo. Nunca desciframos el misterio de Bowie, porque, como él dijo: “Nunca seré David Bowie al completo, me transformaré en otra cosa”.

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