Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
Una avería técnica y tres errores humanos provocaron el fatal accidente
El accidente de Urda rompe la campaña
Opinión - 'Primero las víctimas', por Raquel Ejerique
Seminci

La película que se ha convertido en el símbolo de la juventud francesa que protesta en las calles

Fotograma de 'La Gradiva'

Javier Zurro

Valladolid —
28 de octubre de 2026 23:40 h

0

Las revueltas estudiantes y su estallido en las calles francesas han tenido un efecto directo en las salas de cine. En los momentos álgidos de las protestas, muchas de ellas tuvieron que cerrar. Además, la asistencia bajó, tanto por el posible miedo de la gente a acudir a los cines, como también por la ausencia de jóvenes en los cines al encontrarse manifestándose por los recortes en la educación del Gobierno de Macron.

Sin embargo, desde el miércoles pasado, una película ha conseguido llenar las salas. No se trata de ningún blockbuster de Hollywood ni una superproducción francesa, sino una pequeña película independiente que ya enamoró a todos en su paso por la Semana de la Crítica del Festival de Cannes. El cartel de ‘no hay entradas’ en los pases de La Gradiva —la ópera prima de la joven directora de 37 años Marine Atlan— se ha visto colgado en varias salas. Sobre todo de París. Su película se ha convertido en un símbolo para esa juventud desencantada, harta por no poder tener un piso, un futuro y que ve cómo su presidente no les escucha.

La Gradiva se ha convertido en ese símbolo sin hablar de ello explícitamente, pero sí captando el espíritu colectivo, social y el descontento de una generación de adolescentes. La película de Atlan recupera el espíritu de cineastas como Renoir o Pialat para retratar el viaje de fin de curso a Pompeya y Nápoles de una clase de adolescentes de un colegio público francés. Una película viva, que parte del realismo para llegar a lo poético, y que se convierte en el retrato más fiel de los adolescentes, que se han visto apelados por el filme y lo han convertido en su emblema.

No hay en La Gradiva adolescentes como sacos de hormonas, pero sí una sexualidad fluida, queer y sin etiquetas. Hay discusiones políticas en torno a una mesa, hablan del futuro, se ve la diferencia de clases y cómo afecta a cómo se proyectan. Es un filme en el que la vida se cuela de forma mágica y conmovedora durante sus dos horas y media. 

Con las calles ya tomadas por la revuelta, el protagonista del filme, Mitia Capellier-Audat, que interpreta al carismático James que seduce a todo el mundo, decía en una entrevista en el programa de televisión Quotidien que La Gradiva era un filme “prerrevueltas”, porque “encarna a esa generación de jóvenes que están atravesados por esos movimientos sociales”. No es casualidad que la directora encontrara a Mitia en una manifestación estudiantil en La Sorbona y viera en aquel joven de belleza andrógina a uno de sus protagonistas. 

En La Gradiva se menciona a Parcoursup —la plataforma digital de selección y acceso a la educación superior—, uno de los focos de las protestas de los estudiantes, pero como mencionaba también la actriz Antonia Buresi en una entrevista, también “las condiciones de un sistema educativo que no ha sido reformado desde hace décadas”, algo que tiene su reflejo “no solo en una realidad concreta y material, sino también en la percepción de un mundo angustiante, así como la necesidad, en un momento dado, de situarse y de tomar parte”, algo que para Buresi “también forma parte de la iniciación” adolescente que muestra el filme, que cree que ha servido como “caja de resonancia” de lo que pasa en las calles.

Un cine justo

La directora de La Gradiva, Marine Atlan, ha pasado por Seminci, donde el filme se ha convertido en uno de los favoritos para la Espiga de Oro. Allí, en conversación con elDiario.es, la cineasta opina que hay que dar tiempo para “ver en qué se va a convertir la película o cómo la va a utilizar esta generación”, pero sí que cree que los jóvenes han conectado con un trabajo de cinco años de preparación para poder captar sus anhelos e ilusiones rotas. Un filme que sí quería “tener un enfoque sociológico” captando lo que es real.

Si la película se convierte en un símbolo, eso no me pertenece, pero sí que estoy muy contenta de que la juventud se sienta representada y tenga la impresión de que existe un cine que sea justo con ellos

Marine Atlan — Cineasta

“La juventud lo está viendo como una representación que sí que les parece certera. Que no es ficticia o inventada, sino que muestra la adolescencia y cuenta lo que viven de forma seria, a veces también con humor, pero viendo lo que está en juego en este momento. Si la película se convierte en un símbolo, eso no me pertenece. Eso pertenece a quienes deseen llevarla hasta ese lugar. Pero sí que estoy muy contenta de que la juventud se sienta representada y que tengan la impresión de que existe un cine que sea justo con esta generación”, añadía la directora, que acaba de ser nominada en los premios Gotham al mejor cine independiente del año.

Para lograr ese retrato que no es de cartón piedra, que desprende verdad y la eleva hasta casi lo poético, Atlan parte de “una tradición realista” con la que intenta “atrapar la vitalidad de los jóvenes”. Para ello tuvieron entrevistas con 30 estudiantes de un instituto parecido al suyo, de las banlieues francesas. Se fueron de viaje de fin de curso con los chavales, para “revivir ese recuerdo denso que son estos días, las emociones, los enfados, los amores”. Escucharon “a una juventud politizada”. “Asistimos a la realidad, y eso lo reintegramos todo en la película. Fue un trabajo de una repetición constante y de ensayo con los actores y actrices. Porque claro, hay una trayectoria narrativa y de los personajes que sí que era precisa y que quería que fuera precisa, pero impulsándoles a encarnarlo. Trabajamos con lo que ellos podían aportar al personaje, sus puntos fuertes, sus talentos, tratando de ver qué hay detrás de esos arquetipos sociales”, dice de ese proceso.

Marine Atlan, directora de 'La Gradiva', en la Seminci

Su película “está atravesada por el erotismo, por un deseo que circula de forma continua”, pero la directora quería mostrarlo como algo complejo, en chavales que muchas veces no conocen todavía su sexualidad de forma plena. Por ello “vemos relaciones complicadas donde se mezcla el deseo homosexual, el heterosexual… y todo eso atraviesa a ese cuerpo colectivo”. Habló mucho con los actores y en las entrevistas previas para aprender e integrar sus preocupaciones y su visión, y por supuesto tenían un coordinador de intimidad para crear “un marco muy claro de lo que se quería mostrar y lo que no”.

Siempre con una idea en la cabeza, que a pesar de la intelectualidad y de la complejidad que encierra, no se convirtiera en algo elitista solo para unos cuantos: “El melodrama me permitía llegar a un lugar que no fuera intelectual, sino emocional, que buscara una relación más intuitiva con este cine. Quería que la película tuviera una voluntad popular, que llegue a todo el mundo, que no tengas que tener mil referencias o saber qué significa el término la Gradiva (un término latín que significa 'la que camina'), por ejemplo, para que te llegue la película. Partimos de lo banal, de lo común, hasta llegar a la mitología, a la tragedia y ver que en lo más banal también vemos la humanidad y la propia existencia”. Una decisión que ha ayudado a que los jóvenes hayan visto en ella una película que en vez de tratarles como idiotas, les da el lugar que merecen en un cine que les suele olvidar.

Etiquetas
stats