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Cultura

LOS DISCOS DE LA SEMANA

La decepción con Norteamérica cantada por Bruce Springsteen, el cronista de la clase trabajadora

Además, también comentamos lo nuevo de Kate Tempest, A.A. Bondy, Bill Callahan, Estrella Fugaz, Plaid, Ruiseñora y las reediciones de Buzzcocks

Bruce Springsteen

Western Stars
Columbia
ROCK
8

"La princesa está triste… ¿Qué tendrá la princesa?", rezaba el poema de Rubén Darío. De igual forma podríamos preguntarnos qué le pasa a nuestro Jefe, al que tras cinco años de silencio le ha salido un álbum doliente y sentido. Es de suponer que Springsteen, cronista de la Norteamérica trabajadora y honesta, se encuentra especialmente afectado por todo lo que está ocurriendo a nivel político en su país.

Sin embargo, y a diferencia de lo que es tendencia en la música norteamearicana de nuestro tiempo, el Jefe ha renunciado a marcarse un alegato, el enésimo, contra la Administración Trump. En vez de eso ha reclutado al productor Ron Anello, con quien ya trabajó en Wrecking Ball y High Hopes, para darse el gustazo de plantear un disco con lujosos arreglos orquestales, deuda que hace años tenía consigo mismo y su reconocida pasión por el pop californiano de los 60.

Sin embargo Western Stars dista mucho de pasar por un disco de pop psicodélico. En el aspecto lírico afronta estas trece canciones poniéndose en el pellejo de otros tantos personajes que recogen en primera persona su rodar por las carreteras del Cinturón de la Biblia, trenes que llevan a Tucson o bares de mala muerte en los que los hombres buscan entumecerse con el alcohol. No son en líneas generales imágenes que empujen al optimismo, pero la épica que de natural Springsteen imprime a sus canciones, y esos arreglos de cuerdas y vientos, inéditos hasta la fecha en su discografía, aportan una luminosidad a este trabajo de regusto agridulce y factura impecable, más Harry Nilsson que Dylan.

 

Kate Tempest

The Book of Traps and Lessons
Republic / Music As Usual
SPOKEN WORD
8

Puede que la música fuera el terreno en el que antes llamara la atención Kate Tempest, pero quien haya seguido sus pasos desde la concesión del premio Ted Hughes sabrá que la londinense está destinada a ser uno de los nombres de referencia en la literatura británica de los próximos años. Es su camino natural a tenor del ritmo y la trascendencia de su obra –mayormente dramaturgia y poesía-, sí, pero este The Book of Traps and Lessons también da algunas pistas al respecto.

La continuación natural del sobresalienteLet Them Eat Chaos (2016) mantiene puntos en común con aquel trabajo, pero desde la primera escucha llama la atención el desdén que Tempest muestra hoy por hoy por los aspectos musicales, otorgando todo el protagonismo a su discurso. Ocurre que este es tan inspirado y formalmente irrebatible que casi podemos pasar por alto que The Book of Traps and Lessons sea en esencia un álbum de spoken word -cada vez más se olvida la definición británica de rapear- con ambientación musical. Ambientación, por cierto, que vuelve a correr a cuenta de Dan Carey, en esta ocasión con la ayuda del ilustre Rick Rubin a la hora de la grabación.

Le gusta explicar a la autora que The Book of Traps and Lessons es un álbum optimista, al menos en comparación con el dramatismo que rodeaba a Let Them Eat Chaos. Hasta ha reconocido la autora que Fismoke es una canción de amor inspirada por los sentimientos que le inspira su pareja. Pero si alguien cree que eso se traduce en una visión verdaderamente amable de la vida urbana es que no conoce a Tempest.

Más allá de que el tiempo la hecho mucho más piadosa con los protagonistas de sus historias, su nuevo álbum se revuelca en la charca del odio, la homofobia, el racismo y las miserias que campan a sus anchas en las redes sociales y en Internet en general. No nos engañemos, la suya es una visión bastante rigurosa del estado de las cosas en 2019. Y ahí radica su valor.

 

A. A. Bondy

Enderness
Fat Possum / Popstock!
POP
8

Entre la avalancha constante de lanzamientos, muy especialmente aquellos que proceden de la rica escena alternativa norteamericana, fácilmente pasará inadvertido este álbum -el cuarto ya- firmado por Scott Bondy bajo el alter ego de A.A. Bondy. Tras pasar sus años mozos divirtiéndose en Verbena -un grupo de grunge que llegó demasiado tarde a la fiesta como para celebrar gran cosa-, en 2007 inauguró una carrera como cantautor psicótico.

Es un perfil que ha ido potenciando con cada uno de sus discos hasta llegar a este Enderness, el cuarto de su carrera, posiblemente el más excéntrico de todos y también el más afilado. Las fotos de promo, con Bondy en pelota picada y un pasamontañas como única prenda de abrigo, ya dan una idea de que el universo de este músico de Alabama trasciende la temática convencional de otros cantautores folk.

Muestra un universo en el que caben las referencias explícitas a las drogas, el sexo y la muerte, que le conecta con artistas como el australiano Alex Cameron o el Bill Callahan de los primeros discos, que parten de formas aparentemente convencionales para desde ahí buscar la transgresión. En sus canciones –las de A.A. Bundy- caben los asesinos y dementes, pero también giros inesperados en las formas: una caja de ritmos monocorde, la elección de sintetizadores propios de la cold wave donde cabrían esperar rasgueos de guitarras, o una interpretación desapasionada que sin embargo transmite fuego interior.

Puestos a elegir entre las hordas de cantautores que abogan por la repetición de fórmulas y el extraño universo de A. A. Bondy, tal y como decían Los Chunguitos, "ay amor, me quedo contigo".

 

Bill Callahan

Shepherd in a Sheepskin Vest
Drag City / Popstock!
FOLK ROCK
8

Al enfrentarse al comentario del nuevo disco de un tipo como Bill Callahan, con su capacidad para escribir letras tan nítidas como desesperadamente poéticas, lo mejor que podría hacer el plumilla de turno sería desaparecer del texto en cuestión y limitarse a reproducir sus palabras.

Como aquellas que con su característico y afectado estilo interpretativo canta –o más bien recita- en What Comes After Certainly: "El amor verdadero no es magia, es certeza. ¿Y qué viene después de la certeza? Un mundo de misterio. Estuve haciendo surf en Kauai mientras mi amor me grababa en nuestra luna de miel. Nunca pensé que llegaría tan lejos: una casita vieja, un coche último modelo y la mujer de mis sueños".

La larga ausencia discográfica y de los escenarios por parte de Bill Callahan (antes Smog) se debe a su recién estrenada vida marital, paternidad incluida. Así que antes de que esos misterios del amor comiencen a tornarse en pesadillas, el músico de Maryland ha tenido a bien registrar su particular estado de buena esperanza en un disco de veinte canciones, presentado en tres entregas antes de terminar de ver la luz al completo.

Shepherd in a Sheepskin Vest es casi un diario de su nueva vida, para el que ha elegido un sonido que casa a la perfección con su discurso hogareño: guitarras acústicas, slide guitars, percusiones sofocadas…. Casi un disco de country facturado con la maestría con la que acostumbra, no especialmente luminoso (estamos hablando de Bill Callahan) y que no llega a traspasarnos como en el pasado lo hicieron Dream River, Supper o The Doctor Came at Dawn, pero con el que viene a saciar el hambre de canciones suyas tras un silencio de cinco años.

 

Buzzcocks

Singles Going Steady / A Different Kind of Tension
Domino / Music As Usual
PUNK POP
9

El fallecimiento el pasado diciembre de Pete Shelley ha convertido el proyecto de reediciones del catálogo de Buzzcocks emprendido por Domino hace un tiempo en una suerte de homenaje al vocalista y rostro más reconocible de la seminal banda mancuniana. Y en ese sentido la fatalidad (o casualidad) ha querido que su disco más reconocible, el recopilatorio de sencillos Singles Going Steady, sea junto al tercer álbum de la banda el que de alguna forma le haga los honores a un grande como Pete Shelley.

Porque hasta en ese aspecto fueron Buzzcocks singulares. El desorbitado nivel de sus primeros singles provocó que cuando estos se reunieron en un álbum allá por 1979 el disco se convirtiera en piedra filosofal del punk-pop: Orgasm Addict, What Do I Get, I Don’t Mind, Oh Shit!... Tan solo los Ramones al otro lado del océano fueron capaces de competir a la hora de colocar tantos ejercicios de pop (punk) perfecto en un disco. Algo que igualmente podría aplicarse a A Different Kind of Version, igualmente publicado en 1979 y en el que encontramos también un buen puñado de temas clásicos como You Say You don´t Know Me o Harmony in my Head.

Además ambos discos han sido rescatados por vez primera a partir de las cintas originales y la edición incluye un nuevo libreto para cada disco.

 

Estrella Fugaz

Un sendero fluorescente
Caballito
POP
8

Tras unos años ejerciendo de dinamizador del underground madrileño como Experimental Little Monkey o bajo su propio nombre, Lucas Bolaño asoma tímidamente la cabeza en busca de un público un poco más amplio con este trabajo de Estrella Fugaz, cocinado tras su paso por el Centro de Residencias Artística de Matadero y que pide a gritos un reconocimiento que hasta hoy no ha tenido.

Su actividad como guitarrista de directo para La Estrella de David ya nos da algunas pistas de por dónde van los tiros. Bajo arreglos en apariencia excéntricos y un producción de corte lo-fi se esconde un verdadero apasionado del pop y las melodías, que en sus canciones brotan a borbotones y de manera inesperada: el instrumento sitar de la canción que da nombre al proyecto, el delicado arpegio sobre el que se construye Max y Ellen, los coros sampleados de Fin de año y casi siempre las líneas vocales de Lucas, un cantante no especialmente dotado a nivel técnico pero que sabe como dotar de emotividad a sus interpretaciones.

Parte de culpa de ello la tiene su habilidad como letrista para dibujar imágenes desarmantes a partir de los detalles más cotidianos: esas intenciones y propósitos vitales que no paran de chocar con la cruda realidad (Fin de año), el ciclo de la vida y la paternidad (Luminosa o La parte oscura de la crianza) o el paso del tiempo expresado en toda su crudeza en unas líneas de Max y Ellen: "Ya sólo nos vemos en los entierros de nuestros padres, qué infierno. Yo solo quería olvidarme de ti". Los nuevos cantautores son (o al menos deberían ser) esto.

 

Plaid

Polymer
Warp / Music As Usual
ELECTRÓNICA
8

Todo suena reconocible en el décimo álbum del dúo formado por Ed Handley y Andy Turner, y sin embargo una nueva energía se desprende de estos trece temas con coartada ecologista. Su reflexión es puramente instrumental, tal y como nos han tenido acostumbrados mayormente a lo largo de sus treinta años de existencia. Sin embargo, esta vez se centran en el efecto devastador que los plásticos están teniendo en el medio ambiente, como reflejan algunas de estas piezas con el explícito título de Drowned Sea ("mar ahogado").

El Mcguffin argumental también asoma sus canciones al abismo, lo que a la postre termina dando un disco con tintes siniestros que no por ello pierde su característico pulso rítmico y -lo que con los años ha ido separando su propuesta cada vez más de la de compañeros de sello como Autechre- melódico. Como es costumbre en ellos, lo electrónico casa sin molestarse con arreglos de corte acústico y eso da en piezas de belleza y estructura casi barroca como The Pale Moth.

 

Ruiseñora

Telente
Raso
FOLK / AVANTGARDE
8

Hace unas semanas traíamos aquí el sobresaliente nuevo disco de Le Parody, en el que la granadina asentada en Madrid le da una nueva vuelta de tuerca a su sonido a medio camino del jolgorio rave y la tradición folklórica del sur. Amigos y puntuales colaboradores de Le Parody, el dúo formado por Atilio González (responsable del aspecto musical) y Elia Maqueda (letras y voz) se suman a esa ola de renovación de la copla y la tradición por la vía del do it yourself electrónico.

El resultado es otro disco de esos que marcan el paso a la nueva música popular facturada en nuestro país, ocho canciones que a la vez que respetuosas con la música de nuestros ancestros aspiran a construir un pop autóctono con posibilidades de escucharse fuera de nuestras fronteras. Un planteamiento en esencia no tan distinto al que ha convertido a Rosalía en estrella global, pero facturado desde la economía de recursos y la independencia más absoluta.

De alguna forma la propia metodología del dúo en el que las parcelas están perfectamente compartimentadas marca también el resultado final. La voz de Elia y su personal acercamiento a la lírica cargada de felices metáforas –" Mira que tengo aquí: tengo una herida y aquí, y aquí, la variz. / Encontré la raíz y la desenterré y la curé por fin. / Mira que tengo aquí: una dehesa" la resitúa el trabajo de Atilio, más preocupado por aterrizar estas canciones en un contexto emocional adecuado que por conducirlas por el terreno del baile.

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