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¿Ha muerto el videoclip?: cómo se reinventa la industria musical tras el cierre de MTV y la crisis de YouTube

videoclips

Francisco Gámiz

22 de febrero de 2026 21:06 h

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Ni para ver una película ni tampoco un documental: el 3 de octubre de 2025, Taylor Swift consiguió movilizar a sus fans para que acudieran a las salas de cine a ver el estreno de su nuevo videoclip, que arrasó hasta convertirse en número 1 en taquilla, también en España. Pero ese mismo día ocurría otra cosa interesante: Swift ofreció una entrevista en el show del británico Graham Norton, donde compartió programa con estrellas de la talla de Cillian Murphy, Greta Lee, Lewis Capaldi, Domhnall Gleeson y Jodie Turner-Smith. Ahora, cinco meses después, y en un momento en el que los vídeos musicales no tienen el impacto de antaño, todos ellos aparecen en el último de la artista estadounidense.

Reclutar a un gran elenco de nombres para que aparezcan en un vídeo musical supone una anomalía en la época actual, sobre todo porque este formato ha perdido repercusión con el paso del tiempo y las discográficas empiezan a verlo como un esfuerzo innecesario. Sin embargo, y justo por ello, los artistas buscan nuevas formas de acaparar la atención del oyente, pero un movimiento inesperado implica dejar a YouTube, que hasta ahora era la principal biblioteca de videoclips del mundo, fuera de esta ecuación. Desde el pasado 17 de enero, las reproducciones y visualizaciones del gigante rojo han dejado de contar para las listas de éxito de Billboard, que mide la popularidad de las canciones en EEUU.

El videoclip que más veces se ha visto en YouTube es Baby Shark Dance de Pinkfong Baby Shark, con más de 15 mil millones de visitas. Le sigue Despacito, de Luis Fonsi y Daddy Yankee, con más de ocho mil millones. Hoy, ninguna de esas visualizaciones contabilizarían para medir el éxito de la canción, como ocurrirá con las visitas que obtengan en el futuro. Esto se debe a que YouTube ha dejado de proporcionar sus datos a Billboard, pues no considera justa la nueva metodología de sus listas, que prioriza el streaming de pago (Spotify Premium, Apple Music) sobre el gratuito con publicidad, argumentando que esta fórmula ignora a los fans que consumen música gratuitamente.

Lo relevante de este asunto radica en el usuario que consume la música. Spotify, pese a incluir una versión gratuita, cuenta con un enorme número de usuarios que pagan una suscripción. Apple Music, de hecho, solo es de pago, pero la mayoría de gente que consume YouTube financia su visionado a través de publicidad. Billboard da mucho más peso a las reproducciones de plataformas de pago, y en la fórmula de 2025/2026 estas reproducciones valen 2,5 veces más que una reproducción gratuita. Su postura se basa en que las escuchas de pago reflejan una intención más genuina de consumo, mientras que las gratuitas pueden ser menos valiosas comercialmente.

La ruptura entre Billboard y YouTube pone de manifiesto que ya no importa la popularidad de la música, sino la economía de quien la consume. El experto musical JotaJota, quien reseña discos en su canal de YouTube y dirige el pódcast Pop Pop Pop!, considera “injusto” el nuevo método de Billboard, puesto que “una reproducción es una reproducción” independientemente de si viene de un usuario gratuito o de alguien que paga una suscripción. Además, afirma que puede acarrear que los artistas no se “curren tanto” los vídeos porque YouTube ha dejado de sumar para aquellos que aspiran a aparecer en las listas de éxitos.

Las consecuencias se empiezan a hacer visibles. Después de que Spotify haya luchado en los últimos meses por implementar los videoclips a la plataforma —Apple Music los incorpora desde 2018—, Taylor Swift ha sido la primera artista en estrenar su nuevo videoclip en ambas aplicaciones, publicándolo en YouTube dos días más tarde. Esto hubiera sido impensable hace años y responde a un “fenómeno de convergencia”, según explica David Selva a elDiario.es, quien es profesor en la Universidad de Cádiz y ha analizado las capacidades de este formato en su obra El videoclip: comunicación comercial en la industria musical.

La caída del videoclip como necesidad

Mientras que hace dos décadas la canción era una cuestión de promoción, ahora también es una cuestión de producto. Es algo que también ha sucedido con los conciertos, pues antes suponían una herramienta de promoción para vender más discos, pero hoy en día es la venta de entradas la que sustenta a los artistas. David Selva apunta que el paradigma ha cambiado: “Todos quieren llegar al mismo punto y todos vienen de un extremo diferente”. YouTube, que tradicionalmente era una plataforma de vídeo, busca posicionarse como una aplicación donde escuchar música —de ahí su apuesta por YouTube Music—, en tanto que Spotify, que ya era un sitio de música, intenta virar hacia una plataforma que también incluye vídeo.

Pese a que las plataformas de streaming hayan dado más relevancia a las canciones como producto individual gracias a las playlists, el propósito de un artista con un single siempre ha sido el de dar a conocer su disco. Pero los videoclips también eran el escaparate hacia sus oyentes. “Ayudan a crear la imagen de un artista como alguien que no solamente canta, sino que tiene una personalidad, visión y valores determinados”, indica Selva. Para Rosalía, por ejemplo, fue clave el mundo visual construido con El Mal Querer y Motomami, pero recientemente ha presentado trabajos más vacíos como el vídeo de La Perla a causa de que no esperaba el éxito del tema. Antes, los cantantes decidían sus singles, pero ahora los escogen en base a la canción que más triunfa en plataformas, por lo que el tiempo es más limitado.

En la actualidad, sin embargo, los artistas pueden construir su identidad visual sin necesidad de focalizarse en este formato. JotaJota destaca que “la pandemia ha marcado muchísimo la diferencia”. Mientras que en 2010 era impensable que la gente pudiera asomarse a los salones de los famosos, el confinamiento de 2020 y el auge de las redes sociales lo hicieron realidad. “Les ha venido muy bien porque, al romperse esa magia y al habernos dado cuenta de manera consciente de que los artistas son personas, tienen menos presión”, alega el streamer. Una presión que sí fue clave en Lady Gaga, quien, a partir de vídeos como Bad Romance, Telephone o Alejandro, y a fuerza de extravagancia y controversia, consiguió romper estándares redefiniendo la estética pop y subvertiendo la mirada masculina.

La popularidad de los vídeos de Lady Gaga a inicios de su carrera fue, precisamente, la que revitalizó la industria del videoclip tras su primera crisis. MTV, la famosa cadena de televisión que cerró a finales de 2025 y retransmitía videoclips las 24 horas, transformó la cultura en los 80 convirtiendo a artistas como Madonna y Michael Jackson en superestrellas mundiales. De hecho, el videoclip de mayor presupuesto de la historia sigue siendo Scream de Michael Jackson y Janet Jackson, estrenado en 1995. No obstante, justo a mediados de los 90, el éxito de MTV empieza a caer en pos de otros contenidos como los reality shows, por lo que no es hasta la llegada de YouTube cuando el videoclip experimenta otro crecimiento.

Aparte de Spotify, TikTok es otra plataforma que juega un papel fundamental en el bajón de consumo de música en YouTube tras más de una década espléndida, cambiando códigos en el plano audiovisual. El más interesante de todos ellos es el del tiempo. El público más joven, que acostumbra a pasar más rato en esta aplicación, lo hace a un ritmo muy rápido, inmerso en vídeos de 10 a 30 segundos. Esto provoca que el videoclip, que llamó la atención por ser dinámico, ágil y ser capaz de transmitir en tres minutos, tenga que afrontar el nacimiento de un formato aún más corto.

Asimismo, el lenguaje que utiliza también muta. “Los videoclips que tenían coreografía eran más secundarios, no estaban pensados para que la gente los replicara, pero ahora mismo es un fenómeno en TikTok y es normal que el videoclip adapte esa cuestión”, explica Selva. Tanto es así que cuando Taylor Swift hizo el vídeo de The Fate of Ophelia, que contiene el gran último baile viral de TikTok, también se grabó en diferentes localizaciones del videoclip haciendo este baile. Son vídeos que la artista grabó al mismo tiempo que hacía el videoclip, por lo que ya estaba en sus planes lograr que se viralizara, como finalmente sucedió.

Se trata de la misma cantante que ostenta el récord del videoclip de Vevo con más visualizaciones en 24 horas, alcanzando con su canción Me! más de 65 millones en su día de lanzamiento. Lo logró gracias al fenómeno popularizado por ella de los easter eggs; es decir, pistas en sus vídeos que hacen referencia al propio universo narrativo que Swift ha construido. El de Me!, entre otras cosas, contenía un letrero gigante que rezaba Lover, que en aquel entonces no se sabía que sería el título del séptimo álbum de la compositora. Ese fue, además, su primer videoclip codirigido. Desde entonces, Taylor Swift ha sido la directora de todos sus videoclips tras aprender de maestros como Joseph Kahn.

“El hecho de que ella dirija muchos de sus videoclips es una forma de presentarse como auténtica”, apunta David Selva. “Es una forma de decir: 'No soy un producto, no soy una especie de anuncio publicitario, solo soy yo expresándome. Soy una artista, una autora y trasmito verdad'”. El videoclip es otra vía que ha empleado Swift para contar historias, algo que ha hecho siempre en sus canciones y que la ha llevado a su éxito. Sin embargo, también es un paso previo antes de debutar como directora de su primer largometraje, cuyo guion se sabe que está escrito desde 2022.

El videoclip como escuela de cineastas no es algo nuevo. Michel Gondry o Spike Jonze vienen de hacerse un nombre en la industria del videoclip, que les permitiría luego dar el salto al largometraje. En el sentido contrario, Ridley Scott dirigió el videoclip Avalon de la banda de rock inglesa Roxy Music en sus comienzos como director, dotando de prestigio el vídeo tras haber ya dirigido películas como Alien. Por otro lado, el videoclip de Bad de Michael Jackson, lanzado en 1987, fue dirigido por el reconocido cineasta Martin Scorsese, e incluso en España, Juan Antonio Bayona inició su carrera dirigiendo vídeos musicales como el de Cuando zarpa el amor de Camela o el de Maldito duende de Raphael.

La industria musical busca mantener con vida un formato que ha sido esencial en la cultural tal y como la conocemos hoy día. La novedosa funcionalidad de Spotify para agregar los videoclips a la plataforma puede ser una manera, pero no debe ser la única. Los artistas y los cineastas deberán seguir buscando nuevas formas de captar la atención del oyente. Bardia Zeinali lo ha hecho en el videoclip de Tears de Sabrina Carpenter, publicado el año pasado con una sorpresa: cada día, el espectador encontraría un final diferente si veía el vídeo en YouTube. Hasta cuatro finales alternativos ha tenido Tears desde su estreno. ¿Cuál será el final del mundo del videoclip?

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