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Del riesgo económico a las lluvias torrenciales o las olas de calor: más de 80 festivales de música cancelados este año

festivales cancelados 2

Nando Cruz

1 de septiembre de 2026 21:22 h

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La temporada festivalera de 2026 pasará a la historia como una de las más inquietantes. Tras varias décadas de bonanza y crecimiento, incluso después de la pandemia, este año se han cancelado más de ochenta festivales de todos los tamaños, a lo largo y ancho de la geografía y estilos muy diversos, según los datos recogidos por elDiario.es a partir de los comunicados publicados por los promotores.

Al menos una treintena se han rendido porque abrir puertas suponía asumir un alto riesgo económico; principalmente, porque la venta de entradas no despegaba. Otros tantos aducen falta de apoyo institucional e incluso tensiones con los ayuntamientos. Y más de una decena se han suspendido parcial o totalmente debido a lluvias torrenciales, violentas rachas de viento, riesgo de incendios u olas de calor.

La cancelación más sonada de 2026 ha sido la que implicó las siete ediciones del Reggaeton Beach Festival. La comunidad autónoma más destacada por el número de cancelaciones es Galicia, con una decena: a The Wild Fest, Arbo Rock, Surfing the Lérez, L’Arena Experience, Hercules Brass, el Diversxs vinculado al Día del Orgullo, la Xornada Cultural Mar de Galicia, el RBF de Nigrán y O Gozo Fest, que canceló parte de la programación debido a una tormenta, cabe añadir Surfing The Lérez y Son Da Industria, que ya han anunciado que no se celebrarán en 2027. El primero resalta que no se retira por falta de apoyo de su público, sino porque el sector es cada vez más competitivo y eso obliga a asumir una dinámica de crecimiento infinito con la que no comulgan. El segundo, porque no recibió el permiso del Ayuntamiento hasta un día antes.

Reggaeton Beach Festival en la Virgen del Mar, en 2025

El aumento de los costes de producción y, sobre todo, el de los cachés de los artistas determinan el presupuesto de los festivales. El primero depende de la coyuntura económica, pero el segundo lo marcan las agencias a partir de la demanda que prevén. Algunos analistas señalan que esa inflación de cachés, especialmente acentuada tras la pandemia, es una de las claves que está tensando el sector. La incertidumbre que supone no saber hasta última hora si recibirás la autorización es otro problema muy arraigado en el circuito español. La Asociación de Promotores Musicales (APM) ha denunciado en más de una ocasión esa casuística administrativa como una pesadilla para el gremio festivalero estatal.

Una debacle muy repartida

La cascada de suspensiones anunciada en junio ha seguido durante julio y agosto: Cala Pop, Monasterio Festival, Eztanda, Jordi’s Fest, Oshun Festival, Pura EsHencia, Raíces Sonoras, Puntal Sound, Santuario Fest, Time Warp Madrid, Vital Fest… Y, como suele decirse respecto al Gordo de Navidad, la lotería de cancelaciones ha quedado bastante repartida. Ocho en la Comunidad de Madrid y Andalucía, siete en Castilla y León, cinco en Castilla La Mancha, Aragón y Canarias, cuatro en Euskadi y Baleares, tres en La Rioja y Asturias, dos en la Comunidad de Murcia, Cantabria y Extremadura… Han caído festivales en Cervera de Pisuerga y Almadrones, en Villamediana de Iregua y Páramo de Sil, en Santa Úrsula y Santa Cruz de Zarza. De heavy metal y reggae, de breakbeats y brass bands, de punk-rock y power pop, de chirigotas y electrolatino, de surf y psytrance, de reggaeton y folk, de electrónica oscura y pop radioformulable.

Catalunya y la Comunitat Valenciana, dos de las zonas más surtidas de festivales, suman diez y nueve cancelaciones. En Barcelona, un festival de salsa que iba a celebrar su primera edición en el Parc del Fórum, el Salsón, murió antes de nacer al no encontrar cabeza de cartel. El Ombra barcelonés canceló la edición de diciembre, pero asegura que volverá en 2027. El White Summer de la Costa Brava se tomó una pausa estratégica en 2025, pero en 2026 no ha dado señales de vida. En la Comunitat Valenciana, la caída del Festival de les Arts, el Big Sound Festival de Torrevieja, el Blackworks Open Air, el Electrolatino Benidorm, el Reggaeton Beach Festival de Alicante y el Surf O Rama ha hecho saltar varias alarmas. Pareciera que la tierra de festivales ya no es tan fértil.

Vista del escenario principal del Festival de les Arts de València

El ranking de eufemismos más usados para cancelar festivales lo lidera “motivos totalmente ajenos a nuestra voluntad”, seguido de cerca por “incidencias de última hora” y “causas externas”. En algunos momentos del verano ha parecido que los festivales se copiaban los comunicados entre sí, pues ha sido fácil detectar en varios de ellos la siguiente filigrana literaria: “No queremos celebrar una edición que no cumpla los estándares de calidad que os merecéis”.

El premio a la transparencia es para el Kalikenyo Rock de Juneda, no solo reconoció cancelar por escasa venta de entradas, sino que concretó la cifra: 241. Y el premio a la deportividad, para el Cala Pop de Fuengirola. En diciembre advirtieron no saber “si los vientos soplarán o no a favor de una nueva edición” y pusieron a la venta un lote de abanicos. El viento no sopló a favor y finalmente cancelaron. Varias caídas de eventos musicales se concentran en Vigo, donde la comunidad cultural está en pie de guerra contra el consistorio. Entre los motivos de cancelación más inusuales, el primer día del Tenerife Music Festival, debido a la visita del Papa, y los dos últimos del Barullo Fest (Logroño), porque murió un exalcalde.

Tormentas, incendios, olas de calor… y el eclipse

La crisis climática también empieza a afectar el calendario festivalero español. En junio hubo que suspender uno en una sala de conciertos de Bilbao por la ola de calor. Lo insólito, más allá de la combinación de estas tres variables (Bilbao, junio y calor) es que aquella matinal rockera se llamaba Here Comes The Sun Fest. El riesgo de incendio ha forzado a suspender jornadas o festivales enteros en Lleida, Ávila y Cáceres; alguno se reprogramó. Rachas de 80 y hasta 120 kilómetros hora se llevaron por delante ediciones en Jaén, Menorca, Lanzarote y Zaragoza. En el ciclo Puente Sonoro de la capital aragonesa, una integrante del dúo Lady Banana sufrió un accidente en la prueba de sonido a causa del viento.

Lo que antaño eran casos muy excepcionales hoy ya son situaciones que hay que prever. En los Conciertos de Viveros de Valencia este verano han sufrido de todo: reventones térmicos, olas de calor... y escasa venta de entradas. También en Europa ha habido más situaciones de emergencia climática de lo habitual. En Italia, las rachas de viento derribaron el escenario del festival Alien Sound. El festival húngaro de música electrónica Ozora se canceló tras la muerte de dos personas. Una de ellas sufrió un infarto, posiblemente debido a las altas temperaturas, en unos días en que el país sufría una severa ola de calor. Y en Inglaterra, el festival de música cristiana Big Church Fest se canceló tras la caída de una estructura que hirió a siete espectadores, uno de los cuales falleció.

Edición de 2023 del Boombastic en el concejo asturiano de Llanera

Por si fuera poco con el millar de festivales que se celebran anualmente en España, en 2026 ha habido una hornada adicional de eventos vinculados al eclipse de sol del 12 de agosto. Algunos empezaron a planearse años atrás sabiendo que España era el único país europeo donde el eclipse sería total. Y, entre estos, varios eran de psytrance, un subgénero de la música electrónica especialmente popular entre el público israelí. La presencia de discjockeys y asistentes de Israel, algunos de los cuales son soldados, puso en alerta a colectivos de defensa de la población palestina. El festival Sigizia iba a celebrarse en La Sotonera (Huesca), el Astral Plane estaba programado en La Pinilla (Segovia) y el Iberia Eclipse ubicó en Vinuesa (Soria). Uno tras otro, los tres acabaron cancelándose.

Pinchazo o reajuste en el sector

Todavía faltan cuatro meses para que acabe el año, de modo que la lista de festivales cancelados podría rozar el centenar. La pregunta vuelve a estar sobre la mesa: ¿está pinchando la burbuja festivalera? Todo indica que el sector se está reajustando. La entrada de fondos inversores ha fortalecido a unos y debilitado a otros. Los festivales con una identidad consolidada no tienen problemas para llenar sus aforos, pero los que dependen de un cabeza de cartel vendedor deben arriesgar cada año más dinero sin saber si lo recuperarán. (Algunos aficionados al género aseguran que el verdugo del Reggaeton Beach Festival fue Bad Bunny y sus doce conciertos en España). Pero incluso en un contexto económico convulso hay quien se lanza a organizar festivales como si esto fuera coser, cantar y facturar. Entre los más de ochenta festivales cancelados en 2026, tres naufragaron en la primera edición. Quizá no sabían donde se metían.

Es pronto para asegurar que esta tendencia vaya a seguir llevándose festivales por delante en años venideros, pero Mobo Fest (Mallorca), Boombastic (Asturias), Sun And Thunder (Málaga) y Son Da Industria (Vigo) ya han anunciado que no se celebrarán en 2027. Otros, como Dansàneu (Lleida), están en la cuerda floja. Saber si la gente se está cansando de ir a festivales es imposible, a menos que se contabilice la asistencia a absolutamente todos y se analice si baja el total de público o si solo se redistribuye. Pero las cifras de asistencia que aportan los festivales no están auditadas, por lo que es difícil de calcular.

Por otro lado, afirmar que en 2026 se habrán cancelado en España un 10% de los festivales que se celebran al año (cien de mil) implicaría asumir que todos los que se han suspendido esta temporada aparecían en ese listado. Y como ese censo, sistematizado y actualizado, no existe, no se puede arrojar un balance tan preciso. Como mucho, se puede constatar que el desmedido crecimiento del número los festivales de música en España ya no es tal crecimiento porque se ha frenado, pero que sigue desmedido porque nadie lo está midiendo.

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