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Cultura

Luis Tosar: "Nos faltan héroes capaces de conducir la energía que está en la calle"

El actor presenta su última película, 'Operación E', en la que interpreta a José Crisanto, un campesino cocalero que en 2005 recibió de manos de las FARC el encargo de cuidar al hijo de Clara Rojas, la abogada colombiana secuestrada tres años antes

El actor Luis Tosar, caracterizado como José Crisanto en su última película, 'Operación E'.

El actor Luis Tosar, caracterizado como José Crisanto en su última película, 'Operación E'.

Amenazado de muerte por las FARC, perseguido por la justicia y el Gobierno colombianos, desplazado, cuatro años en prisión. En 2005, la vida de José Crisanto Gómez Tovar, un campesino cocalero, y la de su familia cambiaron el día que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), a quien este vendía la coca, le entregaron el cuidado de un bebé desnutrido, con el brazo fracturado y enfermo de paludismo, diarreas y leishmaniasis. Crisanto desconocía entonces que aquel chico era Emmanuel, el hijo que Clara Rojas, la abogada colombiana secuestrada en 2002 junto a Ingrid Betancourt, tuvo con uno de los miembros de la guerrilla.

La historia estalló cuando las FARC anunciaron la liberación de Rojas, su hijo y la excongresista Consuelo González. No tenían a Emmanuel, que tras los esfuerzos de Crisanto y su familia por mantenerlo vivo y sano, estaba en un hogar de Bienestar Social en Bogotá. Nació entonces la Operación Emmanuel, que según los medios de comunicación de entonces desembocó en una de las mayores crisis políticas entre el Gobierno colombiano de Álvaro Uribe y el venezolano de Hugo Chávez.

Muy pocos profundizaron en la historia del campesino que había cuidado al niño durante meses. El Gobierno colombiano lo acusó de traición. Las FARC lo amenazaron de muerte. Ahora, una película, Operación E, recupera su historia bajo la dirección de Miguel Courtois y la interpretación de Luis Tosar como Crisanto.

Estuvo casi tres meses viviendo en Villavicencio (Colombia). ¿Se llega a comprender el conflicto armado allí?

Poca gente puede comprender un conflicto armado que lleva 50 años funcionando y está enquistado. Sí es verdad que te haces consciente de una manera muy clara de que el pueblo ya está muy cansado, agotado de ser vapuleado. Es un conflicto en el que los intereses han ido cambiando de una manera muy radical a lo largo del tiempo. El narco se ha involucrado de tal manera y se ha ido ramificando por el medio de todos los actores del conflicto (FARC, Gobierno, paramilitares, Ejército de Liberación Nacional...) que ha corrompido en mayor o menor medida todos los elementos que intervienen. Yo creo que todo el mundo en Colombia ha olvidado ya por qué empezó todo esto. Lo único que pueden afirmar es que llevan 50 años sufriendo una violencia extrema. La gente es un poco escéptica y además impera una cierta ley de silencio. A nadie le apetece hablar claramente del conflicto, salvo algunas personas con las que puedes convivir horas y consigues que se suelte mínimamente para contarte alguna experiencia directa o indirecta. Pero hay miedo a hablar, a opinar, a posicionarse... Es lógico, porque nunca sabes muy bien qué pasa con el vecino. De qué lado está o qué lado del conflicto le ha tocado vivir.

¿Se puede decir que una revolución en un principio marxista ha perdido ya toda ideología?

Evidentemente hay una lucha y hay gente que se cree todo eso. Pero todo se ha diluido de tal manera que es muy difícil... El supuesto último líder ideológico fue abatido el año pasado por el Ejército colombiano. Ahora está Timoshenko y todo el mundo coincide en que es un líder militar.

Sólo quedan guerrilleros.

Claro. Ya es muy difícil dilucidar quiénes son los buenos, quiénes los malos, quiénes conservan todavía el espíritu de revolución, de cambio real.

Curiosa revolución la que ataca al campesino.

Sí, pero no creo que sea una culpa unilateral, de la guerrilla. Si en 50 años no se ha conseguido nada, es que algo falla. Lo único que se ha conseguido son miles y miles de muertos y cuatro millones y medio de desplazados. Pero insisto, no todo por culpa de la guerrilla. También están los paramilitares, las autodefensas, el Gobierno colombiano... Algo no ha funcionado. Todos tienen que hacer un ejercicio de reflexión, que supuestamente ahora están haciendo pero del cual, sinceramente, soy un poco escéptico. No sé si se están parando a pensar de verdad en la realidad de todo el conflicto. Y esa realidad son los millones de víctimas que han provocado. Y esa es la gente por la que tú tienes que cambiar las cosas. No sé si están más en lo de con qué te quedas tú, qué pierdo yo, que en oye, vamos a fijarnos en la ciudadanía, que es quien se merece que la cosa cambie. Con la película intentamos también que se relativicen un poco las cosas. Hay una visión muy romántica de los movimientos revolucionarios. Yo también soy un romántico y pienso que el movimiento revolucionario en un momento determinado puede dar sus frutos, pero si en 50 años no he conseguido nada... Andamos todos a hostias y lo que logramos son miles de muertos, millones de desplazados... Igual no compensa, ¿no? La vida de cualquier persona es algo muy importante como para pasar por encima de ella. 

Colombia es el séptimo país del mundo en número de desplazados. La historia de Crisanto, quitando la parte en la que cuida de Emmanuel, puede reflejar la vida que puede tener cualquier familia desplazada.

Es la historia de todos los conflictos del mundo. Crisanto es el paradigma de todos ellos. Quizá la diferencia con el resto de desplazados es que él ha recibido golpes que venían de todos los lados. La mayoría de los desplazados han sufrido golpes de manera unilateral. Pero es que él se ha llevado todos. Y eso te da la idea de lo absurdo en que se ha convertido el conflicto colombiano. Por ejemplo, cuando él creía que estaba bajo el paraguas protector del Estado, le condenan a cuatro años de prisión por rebelión, falso testimonio, secuestro...

¿Se vio representado José Crisanto en la película?

Yo vi la película con él, una suerte considerable. Se emocionó. Lo primero que me comentó fue que se le quedaba corta. Es normal, comparado con lo que él vivió. Lo que nosotros resumimos en una hora y 45, para él fueron seis años de infierno en su vida. Yo, de alguna manera, sentí que la proyección reflejó bien buena parte de las cosas que le pasaron. Es la representación clara y contundente de una historia muy rocambolesca y muy desgraciada también. Está hecha de una manera muy honesta y con mucho respeto hacia él.

Pasados esos años la justicia colombiana lo absuelve. ¿Qué pasa con él? ¿Ha recibido alguna indemnización por parte del Gobierno?

Le han dado un chaleco antibalas y un móvil. Sólo eso.

Sigue amenazado por la guerrilla.

De muerte.

¿Está con su familia?

Está con sus niños sí. Con su mujer no, porque se habían separado poco antes de que ingresara en prisión. Eso ya son licencias de la película, que los mantenemos juntos por no meternos en cómo se separa la familia. Es una cosa lógica por todo lo que les pasó.

Cuando él dejó de ser considerado testigo protegido e ingresó en la cárcel, la mujer y sus cinco hijos quedaron en la calle.

Se quedaron sin amparo del Gobierno. Les quitaron la protección. Él desde la cárcel intentó reunir dinero para mantenerlos haciendo todo tipo de trabajos: lavando ropa, de escribiente para otros reclusos que tenían que presentar recursos ante la ley...

¿Cómo ha sentado la película en Colombia y Venezuela? Clara Rojas la criticó.

Sí, pero la criticó antes de leer el guion. No sabía ni de qué iba la película.

Pensaba que iría sobre ella.

Yo creo que sí. Luego se le hizo llegar el guion. Ahora en breve espero que pueda ver la película y esperaremos a escuchar qué opina. Supongo que se notará un cambio. Nosotros en todo momento hemos intentado tratar con respeto su influencia dentro de la película. Es casi una excusa para arrancar la historia que nosotros queríamos contar. Por otro lado, el estreno en Colombia aún no se ha producido. Ya veremos. De todos modos, es una película que en ningún momento intenta hacer un análisis político del conflicto, sino que se intenta contar una historia que está dentro de ese marco. Tratamos de enviar un mensaje de reflexión sobre lo que ocurre cuando el conflicto pasa y asola todo un país. Somos una especie de coche escoba que enseñamos todo lo que va quedando, que es miseria por todos lados. Indudablemente, siempre habrá opiniones diversas sobre la película.

Si se repasan los medios de comunicación de entonces, todos se centraron en el conflicto político que hubo entre el expresidente de Colombia, Álvaro Uribe, y el presidente de Venezuela, Hugo Chávez. Apenas se profundizó en la historia de Crisanto, que se convirtió únicamente en el hombre al que Uribe citó en televisión como la persona que se había llevado a Emmanuel.

Uribe llegó al paroxismo de la demagogia cuando salió a la palestra y dijo que el sistema era tan perfecto que la recuperación de Emmanuel era la prueba fehaciente de ello. El propio sistema ha absorbido al niño sin saberlo, dijo. Hemos elaborado un sistema político y social tan bien organizado que el niño ya estaba en nuestro poder. En ningún momento se les pasó por la cabeza pensar que el niño había sido cuidado por otra persona, que le salvó la vida. Los servicios sociales colombianos le arrebataron a Emmanuel al pensar que era un caso de maltrato cuando Crisanto lo único que hacía era intentar sacarlo adelante porque se le moría en las manos en medio de un ambiente totalmente hostil.

¿Hay parte de culpa en los medios?

Siempre. Hoy en día todo se mira desde el punto de vista de la clase política. La independencia en los medios de comunicación es muy complicada. Da igual si eres de izquierdas o de derechas, al final siempre se acaba dependiendo de alguien.

Le cito: "El mundo es muchas veces un lugar injusto y cruel que alguien tiene que contar y el cine aún mantiene intacta esa capacidad de denuncia". ¿Quitar ayudas al cine es otra forma de evitar el cine-denuncia, o el cine político?

Sí, probablemente. Eso ya es un plan más amplio. La cultura siempre fue muy contestataria. Y yo entiendo que haya gente a la que esto le moleste. Cuando el viento no sopla a tu favor evidentemente te molesta pero es que también hay cine de todos los tipos. Todo el mundo es libre de contar la historia de una manera o de otra. Siempre nos atacan mucho por ese lado. Pero al margen de esto, lo de las subvenciones empieza a ser algo tan extensivo a tantas industrias en España que el sentimiento debería ser más solidario por parte de todo el mundo, porque mucha gente se está quedando sin trabajo precisamente porque las ayudas públicas se están retirando. Han desaparecido. Esto no era un feudo exclusivo del mundo de la cultura, es de un porcentaje muy amplio. Así funciona el sistema que hemos montado. Unas veces funciona bien y otras mal. Si se gestionase bien, yo creo que es muy bueno. Si se gestiona mal, es muy malo. Tampoco digo que nosotros hayamos hecho siempre las mejores películas del mundo, ni que no haya habido gente que no se haya aprovechado de esto, porque sí la ha habido, eso está claro, pero no todo es así, en absoluto.

Hoy se dice que para sacar proyectos adelante hay que emprender. Usted mismo es productor de esta película. ¿El futuro de esta clase de cine pasa porque uno se autofinancie?

No sé si pasará por ahí pero sí es verdad que hay proyectos determinados que o te involucras de una manera directa y personal o es muy difícil sacarlos adelante. Y con el cine entre comillas político, de tinte social y denuncia, se hace más complicado. Todo el mundo es reacio, a nadie le gusta meterse en líos a priori. A los inversores privados no les hace mucha gracia meter ahí el dinero. ¿Esto me resultará contraproducente?, se preguntan. Yo entiendo que es incómodo, así que hace falta pasar por un sacrificio personal.

"Necesitamos héroes", escribió en un texto para presentar la película.

Es así. Uno de los problemas que tenemos es que nos faltan héroes, líderes, personas que sean capaces de conducir toda la energía que ya está en la calle. El espíritu de protesta y de rebelión por parte de la gente ante el sistema que hemos creado ya existe, pero necesitamos gente especial, carismática, que pueda canalizar toda esta energía. Evidentemente, estos líderes no están en la clase política.

Pero uno de los éxitos del inicio de las protestas en la calle el pasado año era justo la falta de líderes.

Yo no confío mucho en la inteligencia colectiva. Nunca he confiado. Creo que así no funcionamos bien. Por desgracia, siempre precisas de alguien que más o menos sea capaz de aglutinar toda esa energía y enfocarla hacia un líder. Pero claro, es algo muy complicado. Es una figura muy difícil de encontrar. Tiene que contentar a todos... Es muy difícil. Pero al no haber una voz única, todo se dispersa con mucha facilidad. Es mucho más fácil hacernos daño así que de otra manera. Porque alguien que es una figura contundente y única es una visibilidad, y eliminarla es muy grave. Sin embargo, dispersar a una masa es relativamente fácil. Y esto es lo que ocurre ahora.

Salvando las distancias, ¿es comparable lo vivido por Crisanto con lo que sufren ahora en España las personas desahuciadas?

Salvando las distancias sí. La situación de desamparo es muy parecida. Pero es que lo que está pasando aquí ahora mismo es increíble. Yo ya he dejado de entender cómo se manejan las cosas desde arriba. Todo se resume en la búsqueda del beneficio, aunque para ello haya que pasar por encima de las personas.

¿Cómo evitarlo?

Lo más importante es no dejar que nos despisten, que es lo que pretenden.

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