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Vejez compartida, la lucha contra la precariedad y la soledad

Una ONG valenciana ofrece alojamiento compartido en ocho viviendas a 32 personas mayores de 60 años con escasos recursos económicos

Según el Imserso, el 13,5% de la población mayor de 65 años vive sola y un 23% padece dificultades económicas

Félix Luis González, quien vivía en la calle hasta que accedió a este programa, asegura que "estar en una casa con otras tres personas ha sido casi como renacer"

Félix (izquierda) y Luis muestran un calendario de la ONG en una de las casas de Hogares Compartidos

Félix (izquierda) y Luis muestran un calendario de la ONG en una de las casas de Hogares Compartidos JESÚS CÍSCAR

Personas mayores con pensiones que rozan la miseria y que acaban viviendo en soledad. Dos circunstancias que cuando se juntan sin una red social o familiar de apoyo pueden dejar a estos ancianos y ancianas al borde de la indigencia.

Con el objetivo de luchar contra esta situación nació en la ciudad de València en 2013 la ONG Hogares Compartidos. Según explica una de las fundadoras, Amparo Azcutia, "la entidad surge al detectar la necesidad de vivienda digna para las personas mayores en riesgo de exclusión social, perceptores de pensiones no contributivas".

Actualmente, la entidad cuenta con 8 viviendas alquiladas a precios solidarios por
propietarios particulares donde realiza un programa de acompañamiento psicosocial a 32 mayores en riesgo de exclusión (10 mujeres y 22 hombres): "el programa de acompañamiento psicosocial incluye actividades de envejecimiento activo individual y grupal, formación, tramitación de ayudas económicas y técnicas (camas articuladas, gafas…), apoyo en trámites (bancarios, con la administración…) y apoyo afectivo", comenta.

Sobre una posible ampliación de su parque de viviendas, ha explicado que no es fácil, puesto que la administración no dispone de inmuebles y con el sector privado no han fructificado las gestiones.

Luis Cuitavi en su habitación

Luis Cuitavi en su habitación JESÚS CÍSCAR

"Depende de la financiación que podamos obtener y de que los particulares nos quieran ceder pisos al menos de tres habitaciones por un máximo de 370 euros; a cambio les garantizamos seguridad en los pagos, les adecentamos el inmueble, se lo mantenemos en buenas condiciones y se aseguran de que no se lo van a ocupar", explica.

Ocho viviendas no son suficientes para cubrir la demanda. Hogares Compartidos cuenta actualmente con una lista de espera de 10 personas para una única plaza que ha quedado vacante al haber encontrado una alternativa su ocupante.

En España, según el Imserso el 13,5% de la población mayor de 65 años vive sola y un 23% padece dificultades económicas. Solo en Valencia capital según el Padrón Municipal, en el 2017 viven solas más de 42.000 personas mayores de 65 años.

En la Comunitat Valenciana, según el INE hay 30.106 personas mayores que reciben una pensión no contributiva (369 euros), el 75% de las cuales son mujeres debido, según Azcutia, a que en su día eran amas de casa o trabajadoras del hogar que no cotizaban.

"Estar en una casa ha sido como renacer"

Félix Luis Gonzále tiene 68 años. Cobra una pensión de 380 euros y vive en una de las casas de Hogares Compartidos: "después de vivir en la calle durante 50 años, compartir una casa con otras tres personas he sido para mí revivir sensaciones que tenía olvidadas porque no es lo mismo levantarse de un saco de dormir entre cartones que tener una cama, un armario, un desayuno o un cuarto de baño; para mí ha sido como renacer".

Otro de los beneficiarios es José Luis Miguel, de 61 años y también con una pensión de 380 euros, pese a que ha trabajado "durante 40 años", de los que solo ha cotizado siete.

Félix Luis en la vivienda de Hogares Compartidos

Félix Luis en la vivienda de Hogares Compartidos JESÚS CÍSCAR

Miguel cuenta que tras vivir varios años en una habitación de alquiler, se vio obligado a dejarla. Según explica, "los servicios sociales me hablaron de Hogares Compartidos y llevo ya tres años y medio en una de sus casas con dos compañeros y una compañera".

Uno de ellos es Luis Cuitavi, de 67 años: "vivía con mi padre en un piso alquilado y cuando faltó hace siete años no afrontar el alquiler que pagábamos de 400 euros; en servicios sociales no me daban solución porque no había viviendas sociales disponibles, pero me pusieron en contacto con la organización y llevo ya tres años en un piso compartido".

Y es que, según explica, aunque "la convivencia a veces cuesta, pero la compañía compensa porque vivir solo es muy triste, no es agradable".

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