Estados Unidos necesitará más de una década para resucitar El Dorado petrolero de Venezuela
Hubo un tiempo en que Petróleos de Venezuela (PDVSA) fue considerada una de las tres grandes de la industria a nivel mundial. Pero los años dorados de la fiebre petrolera se fueron evaporando en paralelo con la mala gestión de finales de los 70 del siglo pasado, primero, y luego con el saqueo de la compañía estatal a manos de la corrupción, el régimen y los bandazos ocasionales en los precios internacionales del barril. Así, la riqueza se secó. Las refinerías se oxidaron. Y la ruina se extendió hasta nuestros días. Los del secuestro y detención del presidente Nicolás Maduro a manos de un escuadrón de élite del ejército estadounidense en plena madrugada profunda de Caracas.
El presidente Donald Trump ha anunciado que Estados Unidos tomará el control indefinido del negocio petrolero venezolano. A falta de más detalles, el economista Francisco Monaldi advierte de que revivir el El Dorado de los 60 o 70 demandará más de una década de trabajo: “En ausencia de un cambio institucional genuino, Venezuela aún podría atraer inversiones limitadas al alcance de la mano —proyectos de altos retornos a corto plazo y recuperación rápida de costos—. Y, si bien estos generarían ganancias modestas, harían poco por reconstruir la industria o restaurar la capacidad productiva del país a largo plazo. Los grandes proyectos que exigen capital sustancial y horizontes extensos seguirán siendo inalcanzables”, escribe en su cuenta de Substack.
Lo cierto es que Venezuela alberga bajo su subsuelo las mayores reservas probadas de crudo del mundo (un 19% del total). Esto equivale a 303.000 millones de barriles. Al ritmo actual de extracción, con un promedio de 920.000 unidades, estos yacimientos alcanzarían para unos 828 años de producción continua. Monaldi certifica que la geología no supone un problema. Los verdaderos líos están en la superficie, donde la mano negra de las intervenciones políticas desde principios de siglo, la mala gestión técnica y financiera y la falta de inversión han arrastrado lentamente a PDVSA a la ruina actual.
Para volver a alcanzar la velocidad de crucero de los años 90, cuando el país producía unos 3,5 millones de barriles diarios, expertos como el economista Luis Pacheco, de la Universidad de Rice, calculan que hará falta más de una década de arduo trabajo sostenido en un contexto democrático.
“Es muy curioso que Trump hable de la inversión de 100.000 millones de dólares, porque esa es la cifra que hemos trabajado en los planes de recuperación de gas y petróleo. Lo que pasa es que la realidad sobre el terreno es más compleja. También se debe reconstruir toda la cadena de valor industrial de los hidrocarburos que incluye el sector petroquímico, refino, remediación ambiental, generación eléctrica, etc. Nada de esto va a suceder sin un cambio político e institucional. Porque ni PDVSA, ni el Estado, tienen dinero. Y el gran obstáculo para cualquier compañía que quiera venir a invertir es la inestabilidad en las leyes. Por ahora, la dirección de los americanos en este ámbito parece correcta, falta ver cuáles son los detalles”, afirma el académico.
Monaldi señala por su parte que el manto de crudo dormido bajo tierra es tan extenso, que con un marco contractual y fiscal adecuado —hoy inexistente— la explotación petrolera sería rentable incluso con cotizaciones bajas de hasta 25-30 dólares por barril (hoy el crudo cotiza ligeramente por encima de los 60 dólares).
“El punto de partida para entender el deterioro de la infraestructura petrolera en Venezuela fue el despido masivo de trabajadores del sector en 2002”, explica el economista Ricardi Villasmil, “luego vienen los episodios grandes de corrupción. Cuando la compañía financia directamente al Ejecutivo y se pierde la unidad del tesoro y todos los mecanismos de control financiero. Se abren infinitas oportunidades”.
El analista y economista venezolano Asdrúbal Oliveros recuerda que durante el Gobierno de Hugo Chávez, entre 1999 y 2013, el país vivió y malgastó el boom de las materias primas (alcanzando una cotización récord de 147 dólares por barril en 2008): “La empresa perdió su perfil técnico, se politizó y se convirtió en el sostén económico del Estado. Maduro no tomó los correctivos necesarios. PDVSA acabó endeudada y en insolvencia. Se desmanteló todo el circuito refinador de gasolina porque se creía que era mejor comprarla afuera para darle oxígeno al Fisco. Con las nacionalizaciones, además, se expulsó al sector privado y hoy no tenemos cómo mejorar nuestro crudo, que es pesado o extra pesado y más difícil de vender”.
PDVSA ha confirmado, a mediados de esta semana, que el Gobierno provisional a la cabeza de Delcy Rodríguez ya ha sostenido conversaciones con el Ejecutivo estadounidense para vender volúmenes de petróleo “bajo esquemas similares a los vigentes con empresas internacionales, como Chevron”. Un día antes, Donald Trump había asegurado que Venezuela suministraría entre 30 y 50 millones de barriles de su producción anual (algo así como el 12,7% del total). También trascendió que el Secretario de Estado estadounidense, Marco Rubio, mantuvo conversaciones con la presidenta encargada, Delcy Rodríguez, en las que su Administración le exigió a Venezuela cortar sus lazos comerciales con China, Rusia, Irán o Cuba.
Para Asdrúbal Oliveros, el panorama aún resulta brumoso. Las palabras de Trump, a su juicio, deben someterse a la criba de la realidad. Advierte de que el negocio energético mundial se ha diversificado. Y que el tipo de crudo venezolano es, justo, el más contaminante: “Es probable un incremento modesto de las operadoras activas en Venezuela como Chevron, Repsol, ENI o Maurel & Prom, elevando la producción actual de 1 millón de barriles diarios a 1,3 o 1,4 en el corto plazo. Sin embargo, para superar ese nivel, y no caer en apuestas petroleras ciegas, se requieren cambios institucionales profundos que van más allá del presidente de los Estados Unidos”.
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