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Falciani desvela cómo funciona la red financiera de dinero negro

eldiario.es ofrece hoy la segunda parte de la entrevista con el informático francés que extrajo miles de datos de la filial suiza del banco privado de HSBC.

Hervé Falciani explica cómo funciona la red que desde Ginebra tejen los bancos para proteger la identidad y las fortunas de sus clientes.

Marc Pérez, organizador de la trama Gao Ping, Arturo Fasana, intermediario de Gürtel o los Albertos, Enrique Lasarte, testaferro de Mario Conde o la familia Abelló son algunos de los nombres que se repiten en las pesquisas españolas.

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El fraude como “síntoma” de la enfermedad del sistema

Hervé Falciani rechaza de plano la existencia de una lista con una relación de nombres y apellidos como tal. Sin embargo, en la primera relación de datos que llegó desde la Hacienda francesa en 2010 se encontraban apellidos como Botín o, según diversas fuentes Pujol. La mención de la lista inundó de regularizaciones y declaraciones complementarias las oficinas tributarias, sin necesidad de que un solo funcionario inspeccionara realmente a las familias.

Sin embargo, en la primera entrega de datos que las autoridades francesas hicieron a España había hasta 659 nombres de españoles. Un programa de la cadena de televisión pública France 2 en cuya elaboración ha trabajado estrechamente eldiario.es, desveló este mismo martes que en la lista hay al menos 1.835 contratos españoles (cada uno puede estar ligado a un cliente) en la filial suiza de HSBC.

Por lo pronto, y según fuentes policiales, la información extraída de HSBC ha sido clave para tirar de la manta en la red de blanqueo de capitales de Gao Ping, donde están implicados parientes del rey, la trama Gürtel o los papeles de Bárcenas. Aunque en España estos hechos están siendo todavía juzgados, en EEUU la Justicia ya dictó sentencia: una multa de 1.900 millones de dólares a HSBC por prestarse al lavado de dinero, especialmente de los cárteles de droga mexicanos.

Teniendo en cuenta este antecedente, para Falciani el menor de los problemas en sus datos son los evasores fiscales, ya que en la información que extrajo del banco constan también pruebas definitivas de blanqueo de capitales, tráfico de armas, narcotráfico o tráfico de personas. El monegasco ve el fraude fiscal como “un síntoma” de la corrupción del sistema y recuerda que abordar este problema como "fraude fiscal" o ricos no pagando impuestos es una aproximación demasiado "simple". "Mi objetivo desde el principio no es ocuparme del fraude fiscal, sino llegar al fondo del asunto, al origen", insiste.

El francés se ha tenido que valer de una argucia para que sus datos puedan ser utilizados legalmente en cualquier país, incluso en los que tienen un tratamiento más restrictivo sobre la revelación de secretos. Así, la información está encriptada y son las mismas Fiscalías las que deben extraer por sí mismas la información y recomponer un puzle de pruebas.

Al obtener la información por sus propios medios, la Justicia blanquea estos datos y los puede usar sin la barrera legal que supondría el uso de información robada. Para asegurarse de la legalidad del uso de las pruebas, Falciani dejó además su ordenador olvidado en su piso de Niza. Cuando las autoridades francesas entraron en su casa, se incautaron de él. Él, por tanto, no dio datos voluntariamente a la Justicia. Pero reconoce que "la mejor forma de evidenciar la falta de control era demostrar que la información más sensible se podía llevar ante la Justicia".

El principio de la banca privada suiza: ocultar la identidad

¿Cuál es el resorte que permite el blanqueamiento de capitales y la opacidad del sistema financiero? El secreto como piedra filosofal. La falta de controles a la hora de identificar al cliente y comprobar el origen de los fondos. El objetivo último del banco es captar clientes con inmensas sumas de dinero y, el cebo, prometer guardar su privacidad a toda costa.

“La banca se aprovecha de los beneficios de una riqueza que no ayuda a crear”, lamenta Falciani, un reproche que también aplica a los paraísos fiscales, que se nutren de una actividad que llega huyendo de los controles de sus países de origen. "No son bancos como los que están junto a tu casa, son bancos diseñados para tratar con clientes de otros países", recuerda.

Para ocultar a toda costa la identidad real de los dueños del capital, se pivota sobre un entramado de testaferros y sociedades pantalla en paraísos fiscales. Una sola fortuna puede tener dinero o propiedades a nombre de hasta cientos de empresas falsas regentadas por hombres de paja. Estas empresas están sitas en paraísos fiscales que también protegen la identidad de los supuestos inversores internacionales. "Está todo preparado para trabajar con el cliente, sin dar información sobre su identidad", aclara el exempleado del banco. 

El propio banco presume en su página web de su forma de trabajar. Su telaraña es en realidad la clave de su éxito. “Confianza”, “discreción”, “relaciones”, “conexiones internacionales”, HSBC no esconde sus métodos. Se ampara en su manipulación de la legalidad. "Si no controlamos la identidad de los clientes de forma efectiva, estamos ofreciendo una herramienta muy poderosa a gente muy mala", recuerda el francés.

Así, “poderosos” en diferentes países del mundo se ayudan mutuamente a que la pelota del dinero negro ruede entre varios países en múltiples niveles. Dando cobertura a las necesidades de efectivo, por ejemplo, o preservando la opacidad del sistema mediante el lobby político. De nuevo, el banco rentabiliza su sistema de relaciones sin rubor. "En nuestras 80 oficinas en 36 países, disponemos de una red para dar servicio al cliente", aseguran. "Sabemos cómo hacer tangibles nuestra red de conexiones internacionales para el cliente", ofertan.

La filial suiza de HSBC deja claro que sus clientes tienen que querer "invertir o pedir prestado" al menos, tres millones de dólares. "Buscamos nuevas oportunidades para gestionar y proteger la riqueza de nuestros clientes", insisten desde el banco (el más grande del mundo, cuya matriz se localiza en Londres). Ofrecen como atractivo añadido expertos en invertir en oro, diamantes y joyas, los activos preferidos para el blanqueamiento ya que no dejan apenas rastro.

Cuando una Justicia intenta desenredar la madeja se encuentra con un juego de muñecas rusas, con sociedades pantalla que pertenecen a otras sociedades inventadas en terceros países. Mientras se tira del hilo, en procesos que pueden llevar años, los clientes vacían sus cuentas. Este éxito se puede apreciar no solo en investigaciones actuales como la de Bárcenas, que según las comisiones rogatorias de Suiza llegó a tener hasta 38 millones de euros que se han volatilizado en su mayor parte, sino en hechos ya juzgados como en el caso de Mario Conde. El año pasado, casi diez años después de la condena en firme, la Audiencia Nacional localizó hasta cinco propiedades del exbanquero ocultas en sociedades pantalla en Luxemburgo.

"Todo va de relaciones entre gente muy poderosa. Es la estructura de la corrupción", concluye Falciani para explicar el engranaje del sistema.

Gestores e intermediarios: una red de carne y hueso

Para agilizar y desarrollar la estrategia de la red fiscal, la trama se orquesta en un primer momento por los gestores de cuentas que están dentro del banco que coordinan a los intermediarios que tratan "físicamente" a los clientes en sus países de origen. Hay incluso equipos responsables del “mercado” de cada país, en el caso español el conocido como Iberia. "La banca privada establece relaciones estrechas con clientes a través del 'gestor de cuentas', también hay intermediarios que pueden ser primarios, secundarios... diferentes tipos de personas que trabajan unidas para captar clientes para el banco", explica.

Hasta el momento, en España solo se ha llegado a “tocar” directamente a uno de los 200 gestores que manejan la mayor parte de los 500.000 millones de dólares en activos (algo así como la mitad de la economía española) que atesora esta filial de HSBC. Es Marc Pérez, el mentor de la red de Gao Ping, y primera incursión de Anticorrupción en el corazón de Ginebra.

Pero en EEUU la investigación sí llegó hasta el corazón del banco, un espacio reservado, virgen a los ojos de la justicia, hasta que llegó la lista Falciani. La banca suiza, no solo HSBC, también Credit Suisse y Julius Baer entregaron listados de sus empleados. Todo con tal de evitar lo inevitable. Que la Justicia terminara multando a la entidad. Estas acciones han provocado una desbandada de gestores del banco. Aunque estos empleados saben que trabajan con bombas de relojería, hasta ahora eran intocables. Falciani ha logrado con su huida hacia adelante romper ese tabú. Para contrarrestar este proceso, HSBC anunció recientemente el fichaje del antiguo director del MI5, el servicio de espionaje británico, para reforzar sus medidas de seguridad. Contraespionaje para devolver la tranquilidad al corazón de la opacidad.

Pero estos gestores pocas veces se mueven de su seguro refugio suizo. Son otros, los intermediarios, los que tienen que captar o ayudar a los clientes en sus respectivos países. Estas personas, a su vez, no tienen por qué haber pisado Ginebra en su vida. De hecho, no haberlo hecho es un cordón sanitario que garantiza aún más el trabajo en la obscuridad.

Los llamados “intermediarios” no están en nómina de ningún banco suizo, ya que pueden ser financieros en otras firmas, abogados o personas conocidas por la clase alta en la que confían para administrar sus negocios. Los intermediarios ponen a los potenciales evasores en contacto con el banco pero también con otras personas “de negocios” con las que pueden encontrar solución a problemas como la salida en efectivo de dinero al extranjero o una operación simulada de compra-venta.

El más conocido entre los ricos españoles es Arturo Fasana, el ciudadano suizo que ha manejado los hilos de la Gürtel y también, según una exclusiva de Interviú, de algunas operaciones de los Albertos. Fasana ha gestionado las cuentas de Franciso Correa y de la familia Pujol, en este último caso según las declaraciones del financiero Javier de la Rosa. Aunque Fasana es suizo y solo gestiona cuentas de HSBC, no parece pertener a la plantilla del banco, lo que le identifica más como uno de los llamados intermediarios "primarios".

Entre los detenidos, o imputados, en las investigaciones por corrupción están empleados del Sabadell, de la sociedad de valores del hermano de Botín, exempleados de Banesto, de Banco Zaragozano, (actualmente Barclays) La complicidad de la banca local, o de algunos de sus empleados al menos, es un pilar de la trama. Casar salidas de efectivo entre clientes que tienen altas sumas de dinero en metálico y necesitan lavarlo y los otros que necesitan liquidez y repatriar parte de su capital que tienen en los paraísos fiscales es uno de los hilos vertebradores del sistema.

El intermediario de moda, que además ejerció al final un papel de testaferro, es Iván Yáñez, el gestor de bolsa elegido por Bárcenas para manejar primero sus inversiones y, después, aparecer como propietario de sociedades pantalla. El resto del tiempo que no se hacía pasar por Bárcenas, Yáñez trabajaba para la gestora de Jaime Botín, uno de los hijos de Emilio, trabajo del que fue despedido de forma fulminante al destaparse su nombre en la investigación.

Enrique Lasarte y José Ramón Blanco Balín son nombres recurrentes en estos ovillos de corrupción. El primero, que llegó a dirigir el Banco Vitoria, una sucursal de Banesto, sirvió de intermediario en su día a Mario Conde que recurrió a su alta capacidad de imaginación para crear ingeniería financiera, por lo que fue condenado a cuatro años de cárcel. Lasarte se ha reconvertido gracias a la mafia china de Gao Ping, que volvió a recurrir a él para organizar la trama. Según publicó Vozpópuli, los informes policiales recogen diversas conversaciones telefónicas entre el financiero e integrantes de la trama cuyo contenido hace suponer a los agentes que el financiero no sólo utilizaba los servicios de la red, sino que había pasado a ser también "intermediario de otros clientes".

Blanco Balín también tiene antecedentes con añejo, ya que apareció en la otra lista más famosa hasta la aparición de Falciani, la del DVD que se robó de un banco de Liechtenstein. Blanco Balín es un experto en fiscalidad, tanto que coincidió con José María Aznar en la carrera de Inspectores de Finanzas del Estado. Ha prestado sus servicios financieros a los omnipresentes Albertos, y en la actualidad es investigado por su papel en Gürtel.

Alberto Cortina, Alberto Alcocer y Alfonso Alcocer, son nombres que aparecen de forma recurrente en todos los entramados, enlazados a Fasana o Blanco.También es fácil toparse con el magnate Juan Abelló, cuya mujer Ana Gamazo esconde su fortuna en una complicada red de sociedades pantalla, según desveló El Confidencial en colaboración con el consorcio internacional de periodistas de investigación. Además, según publicaron varios medios, el propio Abelló fue investigado por Hacienda en un informe que frenó el mismísimo Aznar. Pero su apellido vuelve a estar en el punto de mira al haber sido imputado uno de sus sobrinos, Vicente Abelló, entre los intermediarios de la red Gao Ping. Y vuelta a empezar. Sin duda, una auténtica red.

Romper la cadena para quebrar el sistema

Una de las claves del éxito de estas operaciones es que están diversificadas, algo que se puede apreciar en tramas como la Gürtel, en la que se utilizan varios bancos suizos y es una trama plagada de intermediarios, testaferros (hay cientos de imputados) y decenas de sociedades pantalla. Panamá, Uruguay, Suiza, Mónaco, Estados Unidos, Reino Unido, Colombia, Holanda, China, Brasil, Senegal o Azerbayán son algunos de los países utilizados por esta trama para extender sus patrimonio o desviar sus transferencias.

"Para aprovecharse de estas infraestructuras hay que tener mucha pasta", puntualiza Falciani. "Para corromper necesitas ese dinero también, por eso este círculo vicioso tiene que romperse. La forma es controlar los intermediarios", advierte el francés.

Gracias a la diversificación, el cliente se puede arriesgar a perder el 100% de la operación, en caso de ser interceptada o descubierta por la policía. Es solo una pequeña parte de su fortuna. Se firman cláusulas draconianas, en este sentido. según explican diversos expertos. En cierta forma, funcionan como los servicios secretos. Sus actividades son totalmente independientes del resto del cuerpo de la trama. La amputación de una de estas operaciones no afecta al resto. Lo más importante es que cada una de las inversiones ficticias, de estos contratos, se rijan como un compartimento estanco que en caso de “caer” mantenga aislada el resto de la operación.

El papel de la regulación es clave y debe controlar de forma más directa el papel de los intermediarios y el acceso al corazón del banco. Falciani critica los intentos de "autorregulación" porque, asegura, "no funcionan". "No soy un idealista, soy muy pragmático, y la autorregulación no funciona", corta tajante. "Es un gran riesgo que siga así", concluye.

Pero la capacidad del banco para adaptarse a los cambios regulatorios es infinita. HSBC se jacta de tener hasta 3.500 empleados dedicados, solo, a estudiar cómo "cumplir" con la legislación local. O más bien, todo lo contrario. Según la memoria de sus cuentas en 2012, se gastan 500 millones de dólares en estudiar cómo cumplir las leyes de la forma más creativa posible.

Faltan medios

"Mi experiencia trabajando con la Justicia es que no tienen suficientes ayudas ni dinero para luchar contra esto", lamenta Falciani. "Todo el dinero que se invierta en luchar contra la corrupción es un paso para un mundo mejor para todos", recuerda.

La experiencia de Falciani, que ha trabajado en profundidad con la Justicia estadounidense y la española y está en trámites con la italiana, la francesa y la belga, es que en general, faltan medios para luchar contra estas redes de evasión fiscal. El informático cree que la voz del pueblo tiene que ser determinante. "Tenemos que obligar a los gobernantes a invertir más en esta lucha", exige Falciani, que cree que la movilización ciudadana es la clave para cambiar el sistema.

En este sentido, pide que las diferentes fiscalías anticorrupción europeas trabajen juntas, en red, como hacen los paraísos fiscales, para ganar efectividad en esta lucha. Este proceso de trabajo conjunto ya ha comenzado gracias a los numerosos tratados de colaboración e intercambio automático de información fiscal. Sin embargo, en ocasiones, la Justicia está mucho más sometida al poder político, como quedó demostrado en Francia.

"Tenemos que pensar en trabajar en red, al igual que hacen los bancos", insiste. "Necesitamos que la justicia trabaje en red, algo como un FBI, como en EE.UU. Nos merecemos esto y no lo tenemos", clama.

Responsabilidad política

"A día de hoy me duele el corazón porque me tengo que ocupar de luchar contra la corrupción, algo que no me corresponde ya que mi deber es mi familia", lamenta Falciani. El informático ha asumido como suya la misión de luchar contra la corrupción, pero recuerda que esta tarea no le corresponde a él. "Estoy harto de ver a tanta gente sufrir inútilmente. Estoy harto de las injusticias", dice para justificar la continuación de su lucha.

Y, es que, mientras en España culminan las investigaciones en marcha abiertas gracias a los datos aportados por Falciani, en su país de origen, Francia, las investigaciones acaban de comenzar. El Gobierno de Nicolas Sarkozy paró en seco la investigación de la Fiscalía de los datos Falciani en 2009 y no ha sido hasta ahora cuando se ha comenzado a investigar y perseguir los delitos contenidos en esas informaciones.

Falciani no oculta su enfado por esa situación, así como por la pasividad de otros gobiernos que le han obligado, por así decirlo, a tomar las riendas en una lucha que él mismo cree que no le correspondía. Por eso, el francés reitera su disposición a trabajar con las personas de “buena voluntad” que se ofrezcan para luchar contra la corrupción.




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