Recogida y reciclaje de residuos: desde las grandes ciudades hasta la España vaciada

Un contenedor amarillo.

María Calvo

Tirar correctamente los residuos en el contenedor amarillo es el primer escalón en una cadena de reciclaje que, generalmente, nace en los hogares y continúa en un proceso de recogida hasta obtener materia prima para la fabricación de nuevos productos. Un ciclo con un objetivo único y común pero que puede variar según la población.

Por ejemplo, la recogida de envases de plástico, latas y briks en localidades grandes, la logística es más compleja y requiere mayor frecuencia de recogida. Es lo que ocurre en Getafe, una de las ciudades más grandes de la Comunidad de Madrid, con 185 mil habitantes, que cuenta con más de 525 contendores de 3.000 litros de capacidad, realiza una recogida diaria, organizada en tres rutas que se dividen en dos turnos de noche y uno de mañana. 

“Nuestra mayor preocupación es que un vecino llegue al contenedor y no tenga capacidad”, reconoce Cesar Rico, director de producción de Lyma, Empresa Municipal de Limpieza de Getafe. Por eso, dice, redoblan todos los esfuerzos para facilitar este engranaje social que es reciclar residuos de envases plásticos. “De un tiempo a esta parte cada vez hay más implicación. La recogida de envases hoy es casi el doble que en 2016, pero todavía queda mucho camino por delante”. 

Ese compromiso ciudadano que menciona Rico, es esencial en el proceso. Rosa Fresno, vive en Madrid y siempre ha sido consciente del papel transformador que puede adoptar la sociedad al reciclar y separar residuos de la basura que generan. “Como tengo cinco hijos, a cada uno le asignaba una responsabilidad: uno se encargaba de separar y tirar las pilas, otro del aceite usado, otro del papel, otro del vidrio y otro del plástico. Era una actividad que asumían con mucha conciencia, desde pequeñitos intentaba inculcarles este compromiso. Pero separar los envases plásticos de la basura fue lo primero que hicimos”, recuerda orgullosa esta madre de familia numerosa que hoy ya es abuela. 

Hacer esta separación correcta de residuos, es una acción sencilla que no cuesta casi esfuerzo pero que puede aportar muchos beneficios y que permite dar una nueva vida a los residuos, reduce el consumo de recursos naturales, contribuye a disminuir la contaminación y ayuda a aplacar la crisis climática actual. 

Como resume el propio Rico, “aparte de intentar que se recicle más, intentamos impactar lo menos posible en el medio ambiente. Y todo residuo que se recoge, se recicla y va a la planta de selección de envases”. Tras tirar los residuos, la cadena de reciclaje continúa con la recogida y transporte de los deshechos hacia la planta de selección de envases ligeros. Tras esta clasificación según el material, las empresas recicladoras asumen el relevo y se genera nueva materia prima para la fabricación de diferentes productos.

Refuerzo de frecuencia y puntos de recogida para incentivar el reciclaje

El contenedor amarillo es el símbolo del reciclaje de envases domésticos que generamos. Como, por ejemplo, los briks de leche o zumos, latas de refrescos, yogures, productos de limpieza, envoltorios de plástico, latas o bandejas de aluminio, bolsas de plástico, film transparente o bandejas de corcho blanco. Y, aunque forman parte de la cotidianeidad de pueblos y ciudades de España, en algunos lugares su implementación no es tan lejana en el tiempo. 

En la mancomunidad del Bajo Tiétar en Ávila, una región formada por 11 pueblos que suma 16.357 habitantes en total, se implantó la recogida de envases en el año 2010. “Empezó con un 2,17% de envases, en 2016 subió al 3,58% y hoy es de 6,35%” explica Susana Hernández, jefa de Servicio de Residuos Mancomunidad Bajo Tiétar. Unas cifras que sirven como radiografía de la implicación ciudadana a la hora de separar y reciclar envases y plásticos. Además, Hernández explica que este aumento se debe a que “se han reforzado puntos de recogida, ha aumentado la frecuencia de recogida en más paradas; lo que permite que los contenedores estén limpios y la gente, a la hora de tirar su basura, está más predispuesta a separar sus residuos que si los encuentran sobrecargados”. 

Para conseguirlo, el Servicio de Recogida de Residuos establece una ruta de lunes a sábado que se divide en tres zonas, pasando cada día por una de ellas. Es decir, pasan dos veces por semana por cada punto. Aunque, como también apunta esta profesional, durante los meses de verano estos pueblos de la España vaciada duplican su población, por lo que se refuerza el servicio de recogida tres días por semana. 

En verano aumenta la población y los servicios de limpieza

Algo parecido ocurre en Pollença, un idílico enclave de Mallorca, bañada por el Mediterráneo. Al ser un lugar vacacional, durante los meses de verano la población aumenta de los 17.900 habitantes a 54.000, por lo tanto, la dinámica cotidiana cambia y se refuerzan las rutas y servicios de recogida de basura. Además, Pollença guarda una particularidad, y es que se practica el ‘puerta a puerta’. Es decir, los vecinos y vecinas dejan en sus portales las bolsas de basura de envases de plástico, dos veces por semana y son recogidas por el personal de limpieza. 

“Es una localidad pequeña y este sistema es muy cómodo para los vecinos. Además, de esta forma la calidad de los residuos es muy buena, se nota que la gente tiene más en cuenta que cada cosa va a su sitio”, explica Temeu Servera, de la Empresa Pública de Pollença. Tanto es así que, según este trabajador, se espera que para el año 2022 el sistema de recogida de residuos sea “100% puerta a puerta”. Un formato que ahora se aplica en el pueblo y en las zonas de hoteles y restaurantes, mientras que en áreas rurales y del puerto están instalados contenedores que se vacían dos días por semana.

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