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Sobre este blog

(Bilbao, 1959). Ha sido guionista de radionovelas de humor, cómic (El Víbora, Cimoc...) y numerosas series de televisión (Farmacia de guardia, Turno de oficio...). Ha publicado los libros de relatos, novelas históricas juveniles. Su novela Voracidad fue Premio Euskadi de Literatura 2007. Ha sido traducido al francés, alemán, italiano, ruso, búlgaro, noruego y euskera. Es columnista de opinión en el diario El Correo y otros periódicos de Vocento. Dirige el festival La Risa de Bilbao, Semana Internacional de Literatura y Artes con Humor.

El misterio de los chistes

Llevo cuatro veces siendo miembro del jurado de un concurso de 'microcuentos' humorísticos. En esta última ocasión nos la metieron, aunque solo durante tres días. El breve relato ganador se basaba en la misma idea y tenía el mismo desenlace que un chiste que se encuentra en la red -hoy en día hay que comprobarlo todo-. Lo descalificamos más por apropiación indebida que por plagio, al tratarse de un chiste anónimo, sin autor conocido.

Siempre me ha parecido que los chistes populares y anónimos están rodeados de un halo enigmático y misterioso. ¿Quiénes los inventan y los propagan por primera vez, iniciando el boca-oído, esa cadena de progresión que hasta el auge de Internet era la reina de los ecos? Quién sabe. Un humorista profesional idea chistes y los escribe. En algunos casos, estos artefactos fabricados tienen suerte, salen de las manos de su recreador, se convierten en chistes que repiten personas dispares y se instalan en el imaginario satírico o grotesco del acervo popular. Pero esto no es lo habitual. Los mejores chistes son de procedencia desconocida y autor anónimo, corren como la mentira y adquieren con el suficiente tiempo la categoría de modestos clásicos. Sobre todo cuando su ironía o sarcasmo tiene como objetivo ridiculizar los desmanes del poder y la falta de libertad. Por ejemplo, un viejo chiste ruso. Le preguntan al camarada secretario si ya ha oído el nuevo chiste que se cuenta sobre él. El funcionario soviético responde divertido que sí, que es muy bueno y que ya ha llenado tres campos de concentración con los que lo cuentan.

Durante mi infancia, en los años sesenta, corrían por el colegio chistes curiosos. Uno naif y algo surrealista lo protagonizaba Quevedo en plan estrella escatológica -por supuesto, no sabíamos quién era-. A Quevedo le entraba un apretón, se bajaba las calzas y obraba en la calle de espaldas al personal. Un pisaverdes que veía tan feo espectáculo, exclamaba: "¡Qué veo!". A lo que el autor de 'El Buscón' reaccionaba extrañado: "¡Anda, hasta por el culo me conocen!". También se contaban chistes de dos alemanes que se llamaban Otto y Fritz. Tal vez su origen se remontara a la División Azul. Y desde luego los más populares eran los de las andanzas de Jaimito -no sé si ya olvidados-, aquel chaval calentorro y gamberro que provocaba desastres. En Italia tuvo el careto de Álvaro Vitali en una serie de películas bastante prescindibles.

Sean quienes sean los autores de los chistes populares, reciban mi reconocimiento cuando alcanzan cotas de ingenio y mala leche como aquel del Rey. Llaman al timbre del palacio de La Zarzuela. Su majestad el rey Juan Carlos acude a abrir la puerta. Pero antes de hacerlo saca de los bolsillos de su batón varios papeles y duda cuál escoger. Al final sonríe satisfecho, se queda con uno, guarda los demás y lee: "¿Quién es?".

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(Bilbao, 1959). Ha sido guionista de radionovelas de humor, cómic (El Víbora, Cimoc...) y numerosas series de televisión (Farmacia de guardia, Turno de oficio...). Ha publicado los libros de relatos, novelas históricas juveniles. Su novela Voracidad fue Premio Euskadi de Literatura 2007. Ha sido traducido al francés, alemán, italiano, ruso, búlgaro, noruego y euskera. Es columnista de opinión en el diario El Correo y otros periódicos de Vocento. Dirige el festival La Risa de Bilbao, Semana Internacional de Literatura y Artes con Humor.

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Publicado el
25 de octubre de 2013 - 11:37 h

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