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Camio niega el desvío de fondos en el museo Balenciaga: “¿Dónde está el perjuicio?”

Mariano Camio, con su abogada, en el exterior de los juzgados de San Sebastián

Iker Rioja Andueza

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Mariano Camio, exalcalde de Getaria por el PNV y exresponsable de la construcción del museo Balenciaga, ha llegado con gorro, abrigo negro y gafas de sol a los juzgados de San Sebastián. Ha comentado a los periodistas que estaba “tranquilo” y “con la conciencia muy limpia”. Dentro del moderno edificio le esperaba el banquillo de los acusados. Años después ha respondido ante la Justicia por el millonario desvío de fondos de las sociedades instrumentales creadas para impulsar el museo del mayor genio de la moda en estas tierras. Camio, a pesar de las pruebas en su contra, no ha eludido ninguna pregunta del incisivo y larguísimo interrogatorio que había preparado la Fiscalía. Sin titubeos, por momentos socarrón –“no sé si me entiende o no me entiende”-, ha insistido en su inocencia: “¿Dónde está el perjuicio?”. Se enfrenta a ocho años de prisión por, entre otros delitos, la malversación de fondos públicos.

El ‘caso Balenciaga’ es tan antiguo y lleva tantos años dando vueltas en los tribunales que las cantidades de las primeras operaciones económicas investigadas están en pesetas. No es la única anomalía en este juicio. El principal coacusado, el cubano Julián Argilagos, que tuvo su residencia en Miami, se halla en paradero desconocido y no ha acudido a la primera vista de un proceso que se alargará hasta la semana que viene. Al inicio, en la fase de cuestiones previas, la abogada de Camio ha tratado de que el juicio se aplazara precisamente por la ausencia de, en sus palabras, un “colaborador necesario” de los hechos. La juez ha despachado rápidamente la petición y, si prospera la orden internacional de búsqueda y captura, se celebrará otro juicio contra Argilagos.

Camio y Argilagos se conocieron “en Barcelona en 1994”. En 2001, Camio era gerente de la Fundación Balenciaga y contrató por 85 millones de pesetas (unos 500.000 euros) a Argilagos para elaborar el proyecto del futuro museo de Balenciaga, que se emplazaría en un palacete de la reina belga Fabiola. El presupuesto se cifró en 800 millones de pesetas (menos de 5 de euros). Argilagos era arquitecto pero no estaba homologado para trabajar en España. También tenía sus honorarios vinculados al coste final, que se ha disparado desde esa previsión inicial y que ha motivado que facturase hasta tres veces más de los 85 millones iniciales (unos 1,5 millones de euros en total). No sólo eso, la investigación mostró que hubo que pagar a otros profesionales porque los trabajos no habían sido realizados efectivamente por Argilagos. Uno de esos contratos recayó en otro arquitecto cubano, Rolando Paciel González, el tercero de los imputados y que se enfrenta a una pena menor en el juicio –sí ha estado presente- por no tener tampoco el título en regla para ejercer en España.

Para la Fiscalía, es esencial para entender lo ocurrido la relación “íntima” entre Camio y Argilagos, que fueron pareja. Ha aportado en el juicio algunos elementos llamativos, como que estuvieron empadronados en el mismo domicilio o que Cambio fue avalista de un préstamo. El exalcalde de Getaria, por su parte, ha asegurado que no fue él quien negoció la contratación de Argilagos en 2001, sino que lo hizo el tesorero del Balenciaga. El fiscal ha ironizado que esta persona a la que culpa Camio no podrá comparecer por haber sufrido un ictus y que otro conocedor de los hechos, un primo de Camio, ha fallecido. “Esto es un callejón sin salida”, ha suspirado el representante del ministerio público, Juan Carlos Gálvez.

El fiscal ha planteado a Camio un interrogatorio largo. Formulaba sus preguntas de menos a más, guardándose en la manga datos para desmontar las explicaciones del acusado, que ha comparecido cambiando de gafas cuando le ha tocado revisar algún documento del sumario y acompañado de una botella de Font Vella. Su señoría le ha pedido en algunos momentos que le diera margen a Camio para explicarse. “Yo no corto, le hago preguntas”, ha protestado.

El principal imputado no ha ejercido su derecho a no contestar y ha atendido todas las preguntas de la Fiscalía. Su esfuerzo ha sido notable, ya que el interrogatorio ha durado más de tres horas. Y ha defendido el trabajo realizado por Argilagos. “Cuando nadie daba un duro por este proyecto, este señor estuvo trabajando. Esta persona es arquitecto, otra cosa es que no tenga el título. Y además la persona que más exposiciones de Balenciaga ha hecho en el mundo. ¿Qué mejor persona?”, ha explicado Camio, que ha retado a la Fiscalía al asegurar que tampoco Frank Gehry, autor del Guggenheim de Bilbao, tenía el título y se contrató a técnicos locales para firmar su diseño. “Uno es arquitecto en todo el mundo”, ha zanjado.

También ha asegurado que no era anormal que Argilagos en 2005 se fuese a vivir a Miami y siguiese cobrando del museo. Según el fiscal, Camio autorizó al arquitecto para que se marchara y éste ha defendido que ya había completado su trabajo y simplemente tenía pendiente supervisar las obras físicas y resolver “dudas” del desarrollo del proyecto. “Y eso se podía hacer de cualquier parte del mundo. A mi parecer, cumplió el contrato perfectamente. Hoy en día eso se puede hacer en cualquier parte del mundo”, ha manifestado.

Camio ha enfatizado que nunca actuó de manera personalista al frente de la Fundación Balenciaga primero y de la sociedad Berroeta-Aldamar cuando se cambió la forma jurídica. Ha negado también que ocultara su gestión económica a los patronos, todas las instituciones públicas incluida la Casa Real. “Si todo era una barbaridad, ¿por qué nadie decía nada?”, se ha preguntado el principal imputado del ‘caso Balenciaga’, que incluso ha revelado una conversación que mantuvieron él y Argilagos con Esperanza Aguirre, entonces ministra de Cultura, para impulsar el proyecto.

El acusado no ha perdido esa contundencia cuando el fiscal ha abordado los puntos más espinosos de la investigación, los gastos de viajes, reparaciones del coche y repostajes realizados por el tándem Camio-Argilagos con cargo al museo. El gerente del Balenciaga tenía a su disposición una Visa Oro. Para Camio es “indignante” –ha repetido la palabra en no menos de media docena de veces- que se le acuse de haber dispuesto fondos públicos para su beneficio. Es más, ha llegado a decir que “ahorró” dinero con su gestión económica.

Si pagaba la gasolina y las reparaciones de su Audi A3 –“un coche pequeño”- es porque lo usaba para trabajar. “¿Había coche de empresa? No. El coche de empresa era mi vehículo privado. Podía haber andado en taxi. Habría costado tres veces más. Justamente lo usé para ahorrar dinero a la fundación. Tras una reunión en Madrid del patronato, en mi coche fuimos cuatro personas, el tesorero, el alcalde, el secretario y yo. Otros van en avión. A la vuelta tuvimos avería y nos costó llegar desde Madrid a Getaria ocho horas. Si me dicen esto, mi coche no se mueve por nada del mundo. Habría usado taxis y aviones y sería legal, parece ser”, se ha explayado Camio.

El fiscal Gálvez ha enumerado una larga lista de viajes realizados por la pareja. Ha hablado de París, Nueva York, Dallas o San Francisco. En el caso de París, consta una estancia en una habitación doble y extracciones en cajeros. Camio ha alegado que tuvo reuniones de trabajo en la capital de Francia y que la habitación doble era “de uso individual”. ¿Y el dinero en efectivo? Ha explicado que quiso comprar para el museo “unas revistas de los años 50” y que no podía pagarlas con tarjeta. Sobre la ruta por Estados Unidos, ha indicado que se trataba de presentar el proyecto a museos relacionados con Balenciaga. “¿Con cargo a la fundación? Claro. Era trabajo”, ha zanjado.

El juicio de Balenciaga continuará en los próximos días en la sala de vistas más grandes de los juzgados de Donostia. Por ellos pasarán los ertzainas que auxiliaron en la investigación, a los que el fiscal Gálvez ha felicitado por su “espléndido” trabajo. También se espera la comparecencia de Miren Arzalluz, hija del histórico dirigente del PNV recientemente fallecido y que trabajó como conservadora del Balenciaga.

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