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Lara Izagirre y la revolución de hacer cine pensando en los cuidados: “El cine está en deuda con las mujeres del mundo”

La directora de cine Lara Izagirre

Maialen Ferreira

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Le pusieron el nombre de Lara por la película 'Doctor Zhivago' (1965) basada en la novela de Borís Pasternak sobre el drama de un hombre y una mujer con el telón de fondo del frente de batalla de la Primera Guerra Mundial, las revoluciones rusas de 1917 y la posterior guerra civil de 1918-1921. Aunque llevara el cine en su nombre, Lara Izagirre (Amorebieta-Etxano, 1985) no fue realmente consciente hasta que cumplió 18 años de que quería dedicarse a dirigir películas.

Comenzó con su primer largometraje 'Un otoño sin Berlín', rodado en su pueblo natal y por el que la protagonista, Irene Escolar, ganó el Premio Goya a la Mejor Actriz Revelación. Después, en medio de una pandemia y con los cines cerrados, sacó a la luz 'Nora', su segunda película y la primera rodada en euskera. Actualmente se encuentra planeando el rodaje de su tercera película, aunque la producción de otros proyectos, como el cortometraje 'Cuerdas', ya le ha dado nuevas alegrías tras la noticia de que está nominado a los Goya como mejor cortometraje de ficción.

Fiel a sus principios e ideas, Izagirre es una de las cineastas que busca romper con los patrones de la industria que llevaban al cine a ser una profesión que dejaba de lado cuestiones fundamentales como la igualdad o los cuidados. “En mi primera película me dejé llevar por las formas de hacer que tienen en la industria, pero ahora que estoy con la tercera, me he dado cuenta de que si no comparto algo con la industria, puedo cambiarlo y puedo rodearme de gente que coincida con mis formas de hacer cine y de trabajar. Con profesionales que le den importancia a los cuidados. Así me he ido rodeando de un grupo de gente talentosa que quiere cambiar las cosas. Todos queremos trabajar de forma igualitaria, justa y cuidarnos, porque el cine es un trabajo muy duro”, confiesa.

¿Siempre supo que quería dedicarse al mundo del cine?

No. Siempre he tenido, incluso desde pequeña, muchas ganas de contar historias. Me encantaba leer y ver películas, pero realmente empecé a creer que podía dedicarme al cine cuando con 18 años vi la película 'Lost in traslation' de Sofia Coppola. Ese día salí del cine y supe que yo también quería hacer eso, pero antes de verla no me atrevía a soñar con hacer películas.

Me quedé con la pena de no hacer mi primera película en euskera. Sentía que era demasiado difícil ser mujer, hacer una primera película y además que fuera en euskera

¿Por qué hasta ese momento no se atrevía a soñar con hacer cine?

Porque no tenía referentes. Cuando yo era pequeña no había internet ni teléfonos móviles, así que veía el mundo del cine como un mundo mágico y muy lejano. Veía películas, pero no sabía cómo se creaban ni qué había detrás de toda esa magia. Por eso mi interés por dedicarme al mundo del cine llegó tarde, por la falta de referentes.

Tras estudiar Comunicación Audiovisual en la Universidad del País Vasco (UPV/EHU) se marcha a Nueva York para estudiar Producción Cinematográfica en la New York Film Academy. ¿Qué supuso ese salto para usted?

Ese salto fue la prueba de fuego. Después de ver 'Lost in traslation' y pensar que podía convertirme en directora de cine, me fui a hacer ese curso para comprobar si realmente me quería dedicar a ello profesionalmente. Fue un curso muy intenso y práctico y, gracias a él, pude verificar que lo que me gustaba era dirigir. En Nueva York encontré las fuerzas para empezar en el oficio al que me gustaría dedicarme el resto de mi vida.

Su primera película, 'Un otoño sin Berlín', se estrenó en 2015 en el Festival de Cine de San Sebastián, donde ganó el Premio Irizar al Cine Vasco y su protagonista, Irene Escolar, ganó el Premio Goya a la Mejor Actriz Revelación. ¿Qué diría que fue lo más complicado de adentrarse en el mundo del cine?

Cuando creamos 'Un otoño sin Berlín' teníamos muchas ganas de hacer cine y, como no teníamos mucha experiencia, no sabíamos las reglas del juego. Realmente no sé ni cómo la hicimos, pero salió adelante. No podría decir qué fue lo más difícil porque fue un proceso que sufrí alegremente. Viví el sufrimiento y la alegría a partes iguales. Lo cierto es que ahora no recuerdo las grandes dificultades que viví durante el proceso.

¿Cuando una primera película tiene éxito cuesta más rodar una segunda?

Yo viví 'Nora', la segunda película que hice, como si se tratara de la primera, porque eran muy diferentes. La segunda fue una película en euskera, casi todo el rodaje fue en exteriores y sentí el mismo vértigo que si se tratara de una primera película. Eso hizo que no tuviera más presión para rodar la segunda, que además se encontró con la pandemia y los cines cerrados. Creo que las dos han sido un éxito y cada una ha llegado a donde tenía que llegar.

Tomó la decisión de rodar 'Nora' en euskera, ¿eso supuso una dificultad añadida al proyecto?

Sí, pero también me trajo otras alegrías. Me quedé con la pena de no hacer mi primera película en euskera. Sentía que era demasiado difícil ser mujer, hacer una primera película y además que fuera en euskera, por eso no me atreví, pero ya con la segunda cogí fuerzas y me lancé a ello. Realmente ha sido un placer porque el euskera es muy importante para mí y es una de las cosas más bonitas que tiene la película. Pocas podemos hacer cine siendo mujeres y encima en euskera, es una casualidad muy especial a la que como cineasta siento que le tengo que prestar atención, porque creando este tipo de películas, puedo llegar a hacer un cambio en la sociedad y en esta profesión. Ojalá hubiera más mujeres dirigiendo películas en euskera, pero a día de hoy cada mujer que dirige un proyecto en euskera es importante, porque lo cierto es que son muy pocas.

En una entrevista anterior aseguraba que el 80% de las directoras de cine no consiguen realizar una segunda película. ¿Qué ha hecho que usted sea una de esas pocas que ha conseguido mantenerse firme y seguir haciendo cine?

Ojalá ese dato haya cambiado y ahora el porcentaje sea menor porque es un dato muy chocante. Que yo haya conseguido hacer una segunda película ha sido posible porque he tenido una red a mi alrededor y una productora que me han apoyado en los momentos en los que normalmente no recibes ese apoyo para seguir con tu proyecto. He tenido un apoyo extra que me ha ayudado y me ha dado seguridad. Yo sentía que me merecía hacer una segunda película y es cierto que muchas mujeres van perdiendo esa seguridad por el camino, pero yo me he mantenido firme y segura y eso me ha ayudado a saltar barreras. Si no hubiera rodado una segunda película y me hubiera quedado solo con la primera me hubiera muerto de pena. No me imagino una vida sin hacer más películas.

El cine se ha centrado en mostrar un tipo de mujer que no es un sujeto activo en las películas y un tipo concreto de hombre, cuando lo cierto es que hay miles

Hace poco han recibido la noticia de que 'Cuerdas', cortometraje producido por usted y otras compañeras, está nominado a los Goya como mejor cortometraje de ficción. ¿Cómo recibió la noticia?

Me eché a llorar, algo que me sorprendió, pero no lloré por la nominación, sino por darme cuenta de que hemos estado muchos años haciendo bien nuestro trabajo. En la productora Gariza films hemos apostado durante doce años por las mujeres que quieren y pueden dedicarse al mundo del cine. 'Cuerdas' es un corto en el que hay muchas mujeres involucradas y donde se representa una realidad muy necesaria en la que las protagonistas son mujeres mayores. Recibir la nominación ha hecho que seamos realmente conscientes de que lo estamos haciendo bien. El corto nos está dando muchas alegrías y lo cierto es que no contábamos con ello.

'Cuerdas' es una historia de mujeres mayores contada por mujeres. ¿Por qué es importante que salgan a la luz historias como esta y que sean contadas por ellas?

Es importante porque las mujeres somos parte de este mundo. Si no se cuentan historias desde nuestra prisma y con nosotras como protagonistas, estamos representando un mundo que oculta a la mitad de la población. En 'Cuerdas' la protagonista es una mujer de 91 años. Es esencial que las mujeres mayores sean representadas en el cine, porque son esenciales en nuestra vida. La representación que normalmente se hace de las mujeres mayores en el cine es que son víctimas o que están enfermas y este corto cambia eso. En una frase dicen 'estas mujeres están jugando a la revolución', pero no están jugando, son la revolución. Las mujeres están ahí, pero no las vemos, por eso el cine está en deuda con las mujeres del mundo, porque no nos representa. El cine se ha centrado en mostrar un tipo de mujer que no es un sujeto activo en las películas y un tipo concreto de hombre, cuando lo cierto es que hay miles. Tenemos que ampliar la realidad audiovisual, porque si no, el cine se queda muy corto.

¿De qué manera se ha encontrado con el machismo a lo largo de su carrera como cineasta?

Me he encontrado machismo en todo tipo de formas y lugares: en productores, instituciones públicas y privadas, festivales, etc. No es algo ajeno a lo que ocurre en el resto de la sociedad, pero creo que la sociedad está en un punto distinto en este sentido y la industria del cine va por detrás de la sociedad. El feminismo ha cobrado una importancia brutal y las mujeres estamos ya en otro lugar, pero las formas de hacer cine siguen siendo machistas. No existen los cuidados a la hora de hacer cine. Tras llevar toda mi vida peleándome por estas cosas me di cuenta de que igual tenía que dejar de pelear y empezar a construir nuevas realidades a la hora de hacer las películas y de relacionarme con el mundo del cine. A través del asociacionismo he conocido a una comunidad de mujeres talentosas que pensamos que tenemos que dejar de pelear y abrazarnos, encontrar nuestros espacios de encuentro y apoyarnos unas a otras. Eso nos hizo mejores en nuestro trabajo.

También es importante ser inconformista. En mi primera película me dejé llevar por las formas de hacer que tienen en la industria, pero ahora que estoy con la tercera, me he dado cuenta de que si no comparto algo con la industria, puedo cambiarlo y puedo rodearme de gente que coincida con mis formas de hacer cine y de trabajar. Con personas que le den importancia a los cuidados. Así me he ido rodeando de un grupo de gente talentosa que quiere cambiar las cosas. Todos queremos trabajar de forma igualitaria, justa y cuidarnos, porque el cine es un trabajo muy duro. La clave está en no seguir caminos que no están hechos para nosotras y construir caminos que nos respeten y que nos lleven a lugares increíbles. Cuando nos ven llegar, de repente, la gente que planteaba que estábamos locas y que así no íbamos a llegar a nada, se da cuenta de que podemos llegar al mismo sitio que ellos usando nuestras propias vías. Me encantaría poder decir que hago cine feminista, no en el contenido, sino en la forma de hacer cine. Creo que esa es la revolución que le falta al cine y al mundo en general.

El feminismo ha cobrado una importancia brutal en la sociedad y las mujeres estamos ya en otro lugar, pero las formas de hacer cine siguen siendo machistas

¿Cómo se está tomando la industria esas nuevas formas de hacer cine, más feministas, igualitarias y centradas en los cuidados?

La gente que es buena y trabaja con pasión y respeto, da igual que sea hombre o mujer, sabe que esto es lo que le faltaba al mundo del cine. Creo que quienes reaccionan mal a estos cambios son personas que tienen poco talento y son mediocres. Yo no he tenido problemas ni con hombres ni con mujeres cuando se han planteado maneras de hacer más justas, porque no han sentido que alguien les quitaba algo. Siempre habrá personas que no quieran perder sus privilegios ni su lugar y que no quieren entender por qué esto es tan importante. Por mucho que estemos intentando hacer cine de forma diferente, la desigualdad es terrible y hay profesiones dentro del cine donde las mujeres solo son el 7%. No te puedes enfadar con aquellos que quieren cambiar los oficios en los que ellas solo son un 7%, no te puede dar igual que la mitad de las personas que habitan en el mundo tengan menos oportunidades.

Ha comentado que está comenzando a crear su tercera película. ¿Puede adelantar sobre qué tratará y cómo está desarrollando el proceso?

Es la adaptación de la obra teatral 'Yerma' de María Gorizelaia. María trajo la obra 'Yerma' de Federico García Lorca al mundo actual para contar la historia de una mujer que quiere ser madre y no puede en el año 2022. Estoy muy ilusionada y feliz. Todavía no tenemos ni el guion, pero creo que es una película muy necesaria por la historia que cuenta. La realizaremos en euskera. La misma María está escribiendo el guion con la guionista Ana Hormaetxea y yo las acompaño como directora desde el primer momento. Hemos cambiado el proceso habitual de hacer cine en el que primero se tiene un guion y después se busca una directora. Hemos transgredido esa norma y desde el guion siento que ya estoy dirigiendo. Es un lujo que no había imaginado nunca. Ojalá salga todo bien.

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