Zalla, el pueblo vizcaíno de los 34 pasos a nivel: “Habrá más muertes”

Alexandra y sus hijos, Carolina e Ismael, miran a los lados ante de cruzar la vía.

Belén Ferreras


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Cuatro ramos de flores de plástico recuerdan a Olatz en el paso a nivel de Zalla donde un tren le segó la vida hace apenas tres meses, cuando solo tenía 16 años. Las flores son el recuerdo perenne del dolor que atravesó el pueblo, una vez más, como lo hace el tren que lo divide en dos y que obliga a cruzar la vía hasta en 34 ocasiones a través de pasos a nivel. Es un dato que coloca a esta localidad vizcaína, de 8.000 habitantes, a la cabeza del ranking de puntos negros ferroviarios de Euskadi. La muerte de Olatz no ha sido la única. “Y ya veremos si es la última”, dicen algunos vecinos. “Habrá más”, aseguran escépticos a la espera de que arranquen las obras prometidas con las que se prevé eliminar 22 de los pasos a nivel y un tramo de un kilómetro de vía de los que que rasgan el pueblo de la línea de vía estrecha de Renfe -antes Feve- que une Bilbao con Balmaseda.

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Pero no son todos. Los pasos a nivel del centro de la localidad, como el de la avenida de los Hermanos Maristas en el que murió Oltaz, no desaparecerán. No están incluidos en el acuerdo que Adif, el Ministerio de Transportes y el Ayuntamiento de Zalla y la Agencia Vasca del Agua (URA) firmaron el pasado mes de julio para cambiar la cara del pueblo e intentar evitar más accidentes. De momento, las señales acústicas que alertan de la llegada del tren seguirán precediendo a la llegada del convoy con una frecuencia cada 20 o 30 minutos, que pita y pita antes de su llegada al paso a nivel en un aviso desesperado para alertar a los peatones distraídos. El paso en el que murió Olatz es el segundo que atraviesa el tren nada más salir de la estación de Zalla en dirección a Bilbao. Hay otros dos casi seguidos que se adentran en el barrio de Aranguren, el que tiene más barreras y el que se verá más beneficiado por los pasos que se van a suprimir.

“Hemos visto muchos muertos y muchos accidentes”, dice Mila mientras atraviesa, cargada con bolsas de la compra, por el mismo paso en el que falleció la joven. El paso para peatones no tiene barreras que se cierran. Tan solo unas barras que impiden el paso por uno de los lados pero que están abiertas por el otro, junto a las que hay un semáforo que alerta con luces y sonido de la llegada del tren e ilumina en rojo una lema que dice: “Atención, no pase”. “Ahora, con lo de los cascos y el teléfono, que mucha gente no oye el ruido de fuera... esto no sirve para mucho”, lamenta. Mila vive en el edificio que está frente al paso a nivel y su ventana es un triste palco para anotar las desgracias que se han sucedido a lo largo de los años. “Ahora le tocó a esta chica, pero aquí mismo ya murió otra persona y a otro chico le lanzó el tren a la carretera. Un poco más adelante, en el paso de Oreña que no tiene barreras, un tren arrolló a un coche...”, relata en una letanía de desgracias. “Y habrá más. Ojalá que no, pero...En este paso, de los trenes que vienen de Bilbao no tienes visibilidad. La gente se cansa de esperar, porque se baja la barrera mucho antes de que llegue el tren y cruza, y por mucho que mires no lo ves llegar. La curva te impide ver y cuando te da cuenta está aquí”, dice.

Alexandra, de 27 años, se detiene con sus hijos Carolina e Ismael, de 8 y 5 años respectivamente, y los hace mirar a los lados antes de cruzar la vía. “Hay que hacer como en las carreteras”, les dice. “La señal avisa de que llega el tren y se hace todo lo que se puede porque no pasen estas desgracias, pero también nosotros tenemos que estar concienciados de que hay que mirar y ser prudente a la hora de pasar, porque no se van a quitar todos los pasos a nivel, así que hay que enseñar a los niños a respetar las señales. Justo al lado del colegio al que van hay, además, uno que me da mucho miedo porque se ve bastante mal”, relata. Mientras Carolina pregunta por qué sigue habiendo flores, Alexandra señala que, como el resto de los vecinos del pueblo, celebra el acuerdo para suprimir 22 pasos a nivel, pero sabe que la convivencia con el tren es inevitable en esta localidad.

De hecho, el convenio firmado el 14 de julio supone la supresión de 22 pasos a nivel en todo el municipio, incluidos todos los existentes en el barrio de Aranguren, y la mejora de la protección en otros cinco. Pero eso implica que seguirá habiendo 12 pasos truncando el paso por pueblo. Las obras ferroviarias supondrán la eliminación del puente ferroviario de la actual línea Bilbao-Balmaseda, así como la sustitución del puente ferroviario de la línea Bilbao-Karrantza. Con el acuerdo, se realizará el diseño y tramitación de una variante ferroviaria que supondrá la eliminación de 1 kilómetro de vía. Los trabajos incluirán la reposición del apeadero de Aranguren, y también el diseño de un nuevo vial paralelo a la línea Santander-Bilbao La Concordia, que servirá para canalizar el tráfico rodado tras la supresión de los pasos a nivel. Es un proyecto que el alcalde, Juanra Urkijo (PNV), considera un “hito muy importante” que demuestra la necesidad del trabajo conjunto entre las instituciones.

La cuestión de los pasos a nivel en la localidad, como en otros puntos negros del tráfico ferroviario, como el paso a nivel en el barrio bilbaíno de Zorroza, ha sido moneda de intercambio político entre el PNV y el Gobierno español. Ya se acordó en 2017 para firmar el apoyo a los Presupuestos Generales del Estado, cuando presidía el Gobierno Mariano Rajoy. De nuevo con el PSOE, con José Luis Ábalos como titular de Transportes, el asunto estuvo en la agenda estatal, pero no se ha conseguido la firma del acuerdo hasta ahora.

Todavía no hay fecha para que las obras salgan a concurso ni se sabe el plazo de ejecución de las mismas. Fuentes de Adif señalan que el acuerdo está recién firmado y estos procesos tienen que seguir un itinerario de permisos, licitaciones...hasta que se les puede poner una fecha. Pero el acuerdo en sí supone una esperanza para el pueblo, que lleva años reclamando que se ponga solución. “Todavía nos quedarán 12 y esto va para largo. Espera a ver cuándo empiezan las obras”, dicen Julen, que recuerda que es una cuestión que los vecinos de Zalla “arrastran desde siempre”. “Lo que pasa es que cada vez hay más gente viviendo aquí y los trenes pasan con mayor frecuencia”. En un día de agosto, el tráfico es relativamente fluido pese a los parones intermitentes cada vez que pasa un tren, pero “aquí lo normal es que haya unas caravanas terribles”, dice Julen. “Bajan las barreras antes de que el tren salga de Ibarra”, la estación previa a Zalla, “y se bloquea todo el tráfico y la gente se cansa de esperar”, explica.

Laura, que pasea en el cochecito a su hija June, vive en Aranguren y espera que la reducción de los pasos a nivel “evite que sigan pasando más desgracias”. Recuerda que son ya muchos los accidentes que se han producido. “El acuerdo es una esperanza para el pueblo por lo que llevamos luchando mucho tiempo”, dice. “Ahora a ver cuándo se hace”, señala, con la esperanza de que June, que tiene ahora apenas unos meses, no tenga que mirar a los lados de las vías cuando empiece a andar y cruce por el lugar, junto a su casa, en el que ahora hay un el paso a nivel.

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