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Bitcoin y la pregunta del millón: ¿sustituirá el dinero virtual a las monedas y billetes?

Bitcoin, la moneda virtual (Foto: Whitez)

José Barreiro Solano

Durante el último año, la moneda virtual Bitcoin se ha convertido en refugio de capitales (como en el caso de Chipre y el bloqueo de sus cuentas bancarias) y en una de las inversiones más rentables (y arriesgadas) que hay ahora mismo en el mercado.

El funcionamiento de esta moneda virtual es sencillo: mediante un sistema de claves encriptadas, los usuarios que deseen Bitcoins pueden procesarlas con sus ordenadores. Básicamente, pueden fabricar dinero. Es un método lento y tedioso, pero en muchas ocasiones rentable. Esta moneda no tiene un valor estático ni está controlada por un banco central, como ocurre con las divisas tradicionales. Bitcoin tiene el valor que los usuarios le otorgan, en función de la oferta y la demanda. Dado que hay un número máximo de Bitcoins que pueden estar a la vez en circulación (21 millones de monedas) y su popularidad va en aumento (los usuarios cada vez demandan más), la moneda ha venido aumentando su valor de manera constante en los últimos meses, aunque en medio de esta subida generalizada se dan multitud de subidas y bajadas bruscas, lo que es ideal para el especulador y no tan bueno para el que la quiere usar para comerciar.

¿Mejor pagar en Bitcoins o en euros?

La mayor diferencia que existe entre Bitcoin y el euro no es que una tenga billetes y monedas y la otra ni siquiera exista físicamente, sino la regulación. El euro, al igual que el dólar, el yen o la libra, está controlado por un banco central, en este caso el Banco Central Europeo. Este control impide que la moneda fluctúe demasiado, con lo que resulta fácil comerciar con ella, al tener una base de precios estable.

Bitcoin se rige exclusivamente por el mercado, nadie lo controla, con lo que aquí las reglas cambian. Para un consumidor es esencial saber si el dinero que tiene hoy valdrá más o menos lo mismo mañana, no así para los que especulan. Pagar en Bitcoins es una buena manera de ahorrar dinero a la hora de comprar cosas, pero se necesita paciencia, suerte y trabajo. Si el usuario compra 100 Bitcoins a un euro cada una y en cinco años su valor se ha multiplicado por 10, entonces pagar con Bitcoins le permitirá conseguir más bienes a un precio menor que el que le costaría si paga con euros. Sin embargo, la variación del valor de las Bitcoins es tan grande que el usuario asume mucho riesgo ya que, igual que aumenta, su valor puede verse reducido.

La moneda virtual es un campo de juego para especular, no para comerciar. Las empresas que aceptan Bitcoins para comprar sus productos, aunque son cada vez más, no son suficientes, con lo que aún le queda mucho a esta moneda para ser una alternativa real de consumo.

El futuro de las monedas virtuales

Bitcoin no es un caso especial. Las monedas virtuales llevan años circulando entre nosotros, ya sea en forma de puntos (como los de las compañías aéreas) o créditos (como los puntos de Xbox para comprar juegos online). Cualquier empresa es libre de lanzar su propia moneda y es algo que los usuarios tienen asumido desde hace años. La diferencia entre estas empresas y Bitcoin es que ellas controlan su moneda y, por lo tanto, su valor, mientras que en el caso de Bitcoin, al estar descentralizado, depende exclusivamente de la oferta y la demanda.

Ocurre con las Amazon Coins, por ejemplo. La empresa otorga un valor fijo a su moneda (100 AC = 1$), y con ello se asegura que sus clientes gasten ese dinero en sus productos, al no ser válido en ningún otro lugar. El éxito de Bitcoin consiste en otorgar una libertad absoluta a los usuarios y empresas para que comercien entre ellos, además de permitir el anonimato en las transacciones.

Este anonimato, sin embargo, puede suponer un problema a largo plazo. EEUU quiere regular las grandes transacciones con Bitcoin para evitar el lavado de dinero, ya que cualquier usuario puede utilizar esta moneda para ocultar actividades ilegales, al no estar sujeta a ninguna regulación.

Históricamente a los bancos centrales les ha molestado mucho la existencia de monedas alternativas, como las creadas en Bristol o en Veracruz. El objetivo es mantener el monopolio sobre la moneda oficial para seguir controlando el mercado de dinero. Sin embargo, este fenómeno es difícil de regular ya que, en la práctica, cualquier cosa puede ser considerada dinero. Solo se necesita que los consumidores lo acepten como medio de pago.

La burbuja de Bitcoin

El problema que tienen los sectores que dan grandes beneficios con poco riesgo es que suelen inflarse hasta tal punto que lo más habitual es que estallen. La rentabilidad y el riesgo suelen estar inversamente relacionados. Puedes ganar más si arriesgas más, pero si decides apostar por algo seguro, entonces no esperes obtener grandes rentabilidades. En eso se basa el tipo de interés de los préstamos. Si creo que tu apuesta es arriesgada, entonces deberás devolverme mucho más de lo que te he dado.

En estos momentos, Bitcoin está produciendo ganancias de manera generalizada. Su popularidad va en aumento y el estado de la economía mundial incentiva a diversificar el riesgo en este tipo de productos. Ahora mismo hay una gran confianza en que Bitcoin es un refugio seguro, y por esa misma razón aumenta su valor. Pero si en un momento dado los usuarios pierden la confianza y la gente deja de demandar Bitcoins, su valor se desplomará. Aquí no hay un banco central que pueda atenuar esa caída y las pérdidas serán cuantiosas. La cuestión es cuánto se puede tirar de la goma antes de romperla.

El dinero digital, el futuro del comercio

Desde la invención de las tarjetas de crédito, el 'dinero de plástico' se ha vuelto muy popular. Cada vez son menos los que recurren a efectivo para realizar sus compras, y no es tan raro que un usuario adquiera bienes pagando online, sin haber tocado una sola moneda o billete en todo el proceso. Esta nueva cultura forzará la adopción de los medios de pago digitales (como Google Wallet) y en pocos años es probable que el 'smartphone' sea el sistema de pago más usado.

Actualmente el dinero es algo etéreo. Los billetes tienen valor porque confiamos en que podremos intercambiarlos por bienes y servicios, pero un trozo de papel impreso no vale nada. Mientras exista confianza en el método con que se intercambian bienes, el sistema funcionará. Dado que el dinero digital es una manera más sencilla de controlar tanto el dinero como a las personas que lo usan, no es descabellado pensar que los bancos centrales incentiven cada vez más el uso de tarjetas y medios de pago no físicos, con el fin de que en un tiempo, las monedas y billetes hayan desaparecido. Entonces, el dinero no será más que una cifra en la pantalla del ordenador, una serie de códigos en un programa que me permitirán comprar el pan, un nuevo móvil o un coche.

Bitcoin ha demostrado que cualquiera puede crear su propio dinero y que el futuro de las divisas está en lo digital.

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