Las democracias no quieren veinteañeros en los parlamentos: “Su presencia debería ser blindada por ley”
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La democracia envejece. Hay pocos jóvenes sentados en los escaños de los parlamentos donde se elige con libertad a sus representantes. Resulta frecuente que menos del 5% de los diputados de una cámara tengan menos de treinta años. El politólogo mallorquín Domingo Sanz, junto a sus nietos, los estudiantes Júlia y Mario Martí, sigue rascando datos que evidencian “que el fenómeno es un problema global porque la actitud cómoda y discriminatoria de quienes deciden las listas electorales”: “Igual que se ha blindado en varios países la presencia de mujeres en las instituciones, debería hacerse lo mismo con los jóvenes. Por ley”.
El estudio, que se presentó en el último Anuari de la Joventut que edita la Universitat de les Illes Balears, comenzó analizando las cifras del Congreso de los Diputados y del Parlament autonómico del archipiélago, y ahora se amplía a diecisiete países más. “Democracias consolidadas, y más o menos transparentes, claro”, precisa Domingo Sanz, de Europa –dentro y fuera de la UE– y de América –de norte a sur del continente. Aunque hay diferencias entre países, los resultados son homogéneos: la cantidad de personas menores de treinta años que puede presentarse a unas elecciones nacionales supera el 10% de la población, pero el número de diputados por debajo de esa edad suele ser ínfimo.
La opacidad también es una constante, se queja Sanz: “La única web que nos ha puesto las cosas un poco fáciles es la del Parlamento italiano. En el resto, hay muchos datos que no son públicos, y que hemos tenido que solicitar expresamente. Creo que la edad de los parlamentarios es algo muy importante porque influye en las leyes que se votan y en las políticas que se aplican. Se debería exigir transparencia y fácil acceso de esta información para los ciudadanos”.
El ejemplo paradigmático es Ucrania, obviamente, condicionado por la guerra que desató la invasión rusa en febrero de 2022. Al declararse entonces la ley marcial, los ucranianos no acuden a las urnas desde 2019, cuando se celebraron por última vez elecciones presidenciales y legislativas. Las legislaturas ucranianas son quinquenales, así que lleva meses caducada. Los parlamentarios que, al ser elegidos, estaban en la veintena, ya han cambiado de década. “Otro de los casos más flagrantes que hemos encontrado”, explica Sanz, “es el de México: allí, con un 23 por ciento de población joven elegible, hay algo menos de un 1 % de diputados menores de treinta”.
EEUU: presidentes ancianos y solo un veinteañero
Los gigantes latinoamericanos (Argentina y Brasil tampoco presentan datos muy diferentes) siguen la senda de Estados Unidos: la democracia más antigua del planeta sólo quiere parlamentarios maduros o ancianos. Para empezar, junto a Italia, es el país que recoge en su Constitución una edad más elevada para poder presentarse a las elecciones: veinticinco años.
Pese a la restricción, un 10% de los estadounidenses están actualmente en la segunda mitad de la veintena. Son una fuerza significativa para decantar, a un lado u otro, la votación en unas circunscripciones estatales que funcionan con un sistema de arrastre: el partido que saca una papeleta más se lleva todos los escaños que conducen a la Cámara de Representantes donde se reúnen 435 políticos. En Washington, donde un presidente de 82 años le ha dado el relevo a un presidente de 78, sólo hay un congresista veinteañero: Maxwell Alejandro Frost, nacido en Orlando, Florida, el 17 de enero de 1997, y miembro del Partido Demócrata.
En Estados Unidos, sólo hay un congresista veinteañero. Además, la Constitución establece que sólo los mayores de 25 años pueden presentarse a las elecciones
En las elecciones presidenciales del pasado noviembre, Kamala Harris venció a Donald Trump entre los menores de treinta (con un 54% de los votos), pero los demócratas van a la baja entre la juventud (sacaron más de un 60 por ciento de votos en esa franja en la primera victoria de Barack Obama). Bernie Sanders, que nació en la misma década, los 40, que los dos últimos presidentes, dijo estas palabras en uno de los últimos discursos pronunciados durante la gira que está realizando por Estados Unidos junto a Alexandra Ocasio-Cortez (que tiene treinta y cinco años, es de octubre del 89) para resucitar el ánimo del Partido Demócrata y plantar cara a la Administración Trump: “Necesitamos que os levantéis para luchar por la justicia económica, social y racial. Este país se enfrenta a desafíos muy complicados, y lo que ocurra en el futuro depende de vuestra generación. Podéis daros la vuelta e ignorar lo que está pasando, pero, si lo hacéis, será en vuestro perjuicio”.
Canadá también merece capítulo aparte, pese a haber presumido de un primer ministro, Justin Trudeu, que ostentó el cargo de los cuarenta y cuatro a los cincuenta y cuatro. Como en la mayoría de los estados miembros de la Unión Europea, los mayores de dieciocho, casi el 20% de la población nacional, puede presentarse a las elecciones. No obstante, sólo dos diputados en la veintena trepan hasta la colina de Ottawa donde se encuentra el parlamento de esta democracia federal que es, a la vez, una monarquía: el jefe de Estado es el británico Carlos III. “Merecería la pena que organismos con más recursos se dedicaran a observar y analizar esta realidad, que es mundial”, lamenta Sanz. Según el politólogo, “la desafección de los jóvenes hacia la política que conocen, un fenómeno que conduce al populismo” se debe a que están huérfanos “de referentes políticos en los que puedan sentirse reconocidos”.
Merecería la pena que organismos con más recursos se dedicaran a observar y analizar esta realidad, que es mundial. La desafección de los jóvenes hacia la política que conocen es un fenómeno que conduce al populismo
Sanz, al bucear en este mar de datos en compañía de sus dos nietos, que estrenaron hace poco la mayoría de edad, tiene por mano esa sensación de “desapego que tienen muchos jóvenes por la democracia”: “Cuando estamos al final de la adolescencia, ¿cómo funcionamos? En tribu. Formamos grupos. Si un joven tiene gente cercana que está metida en política, se interesa por ella. Si no es así, como vemos que está ocurriendo, se distancia de las decisiones políticas y ve el sistema que le gobierna como algo ajeno. Entonces llega la tentación de querer cambiar este sistema por otro. Como el sistema es la democracia, ya sabemos cuál es el otro. Justo al revés que cuando mi generación, en un país como España, era joven. Eso me parece muy peligroso. Hemos escrito a los Ministerios de Juventud y de Presidencia, sin respuesta, y a asociaciones y colectivos que se supone que fomentan el liderazgo juvenil, a ver si nos hacen caso”.
Si un joven tiene gente cercana que está metida en política, se interesa por ella. Si no es así, como vemos que está ocurriendo, se distancia de las decisiones políticas y ve el sistema que le gobierna como algo ajeno. Entonces llega la tentación de querer cambiar este sistema por otro. Como el sistema es la democracia, ya sabemos cuál es el otro
Dinamarca y Bélgica, las excepciones
¿Están encontrando Júlia y Mario Martín y Domingo Sanz alguna brecha en el muro? Sí: Dinamarca y, sobre todo, Bélgica. Para entender el contexto danés, es fácil encontrar en internet literatura universitaria que explica como, desde la educación pública, hay horas destinadas a fomentar el debate y el asociacionismo político entre los adolescentes que estudian secundarias. Ahí quedan luego los datos: Dinamarca, con un 18% de jóvenes entre los dieciocho y los treinta (1 punto más que España), tiene casi un 8% de diputados nacionales en esa franja de edad (5 puntos más que España). No es un fenómeno regional: Suecia, el país nórdico más poblado, se queda en un 2% de diputados jóvenes.
Dinamarca tiene casi un 8% de diputados nacionales menores de 30 años
“El caso belga”, amplía Sanz, “es el único donde los menores de treinta son más del 10% de los diputados”. “Nos resulta muy interesante y lo queremos estudiar en profundidad: a priori, me da la sensación de que, en los territorios donde hay tensión por temas identitarios (y en Bélgica, la división entre flamencos y valones es clarísima), los jóvenes se sienten más interpelados a participar en política, se organizan y reclaman sus cuotas de representación y poder. Estaría muy bien compararlo con los parlamentos autonómicos de Catalunya y País Vasco, donde también existe un conflicto histórico con el Estado”.
Los últimos comicios catalanes y vascos –ambos en 2024– dejan el porcentaje de parlamentarios jóvenes en un 5 y un 4%, respectivamente. Más cerca del 2,57 %del Congreso de los Diputados que del 10,67% del Parlamento Federal Belga. En Barcelona, tres de los siete veinteañeros que tomaron posesión de un escaño en el Parc de la Ciutadella se presentaron en las listas de VOX.
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