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El PP 'recorta' a la mitad la cifra de represaliados del franquismo en Ibiza: “Faltan casi todas las víctimas de los bombardeos italianos”

La única imagen que sus familiares conservan de Catalina Torres -la anciana del pañuelo negro-, viuda de Bartomeu Miquel, a quien no pudo enterrar. Tras la desaparición de su marido se marchó a Mallorca con sus hijos pequeños

Pablo Sierra del Sol / Marcelo Sastre

Eivissa —
10 de agosto de 2026 21:25 h

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¿Cuántas víctimas del fascismo terminaron ocultadas por orden de sus propios verdugos en las fosas comunes del Cementeri Vell de ses Figueretes, en Eivissa? La respuesta baila entre dos cifras. El Govern balear sostiene que fueron 64 los muertos a los que nadie pudo –o se preocupó de– buscar durante noventa años. El Fòrum per sa Memòria d’Eivissa i Formentera afirma, en cambio, que fueron 97 los ejecutados por consejos de guerra o juicios sumarísimos. O –directamente– desaparecidos tras recibir un tiro en la nuca. A la mayoría los mataron durante el otoño de 1936 y el invierno de 1937. Ojo por ojo, diente por diente: aquellas vidas fueron la moneda con la que las cuadrillas de falangistas que peinaron la isla se vengaron de una matanza perpetrada por milicianos justo antes de huir de la isla en barco.

Sucedió el 13 de septiembre del año en que empezó la Guerra Civil. Casi dos meses después de que el golpe de Estado urdido por oficiales africanistas –y financiado por el contrabandista mallorquín Joan March Ordinas– prendiera la mecha del conflicto. En plena retirada balear de las tropas republicanas al mando del capitán Alberto Bayo. Las ametralladoras sonaron en las celdas de la antigua casa del gobernador. 95 personas –magnates monopolistas, prósperos comerciantes, pequeñoburgueses, minifundistas con carné del Sindicato Agrícola, simpatizantes de partidos de derechas, religiosos que el próximo 17 de octubre serán beatificados por León XIV– cayeron exánimes. Unas paladas de tierra los enterraron muy cerca del lugar donde, semana a semana, otros verdugos irían arrojando a los rojos.

Hoy, el edificio en el que ocurrió la tragedia reabrió hace unos meses –y tras una eternidad cerrado a cal y canto– con una nueva piel, la de un Parador Nacional de Turismo. Hoy, aquellos asesinatos, se les sigue conociendo por un eufemismo muy vago –els fets del Castell–, pero a los asesinados se les desenterró, se les dio cristiana sepultura y una placa los recuerda en la Catedral pitiusa: la dictadura franquista no tardó en homenajearlos. Hoy, homenajear a los muertos que vinieron después –payeses, pescadores, carpinteros y albañiles: más de uno, sin filiación izquierdista o sindical conocida; también funcionarios municipales, el fundador del primer sindicato que peleó en la isla, un militar y, también, un sacerdote católico– sigue siendo objeto de polémica. El ejemplo más reciente data de hace poco más de dos semanas.

Capilla del Cementeri Vell de ses Figueretes, en Eivissa, donde reposan los restos exhumados de víctimas de la represión franquista

Un homenaje agridulce

Jueves, 23 de julio. Diez y media de la mañana. Una placa ocre sobre una pared blanca con un mensaje en catalán: Aquí reposen les víctimes de la repressió franquista durant la guerra civil i la dictadura. Eivissa 2026. Junto a la placa, una puerta de metal y acristalada. Al otro lado, sobre un mosaico hidráulico, siete cajas de madera para siete nichos a vista. Esta capilla del Cementeri Vell –restaurada a propósito– guarda los restos hallados –a partir de 2020– en las exhumaciones que se han realizado en Eivissa gracias a la Llei de Fosses, impulsada durante la primera legislatura de la coalición de centroizquierda que presidió Francina Armengol. En uno de esos pequeños sarcófagos está Bartolomé Costa Serra, conocido como Bartomeu Miquel. La única víctima con nombre y apellidos que se depositó en la capilla, cerca de otras que no se han podido identificar.

Un violín interpreta una partitura de Robert Schumann. Es una caricia en medio de un acto que transpira tensión. Por el calor de justicia –el aleteo de los abanicos contra la alerta amarilla–, por las dimensiones de la carpa habilitada para cobijar treinta asientos –hay el doble de gente, escasea el espacio y los operadores tienen que destrincar la cámara y abandonar el trípode para acercarse a la noticia– y, también, por el baile de cifras. Un cóctel que, según los responsables del Fòrum per sa Memòria, describe “las formas” de la Conselleria de Presidència del ejecutivo de Marga Prohens, la presidenta popular que ha pactado con Vox la derogación de la Llei de Memòria Democràtica. Fue el peaje para aprobar el presupuesto de la comunidad autónoma. Ahora, la pelota está en el tejado del Tribunal Constitucional, después del recurso presentado por el Gobierno que conforman PSOE y Sumar.

Placa instalada en la capilla: "Aquí reposan las víctimas de la represión franquista durante la guerra civil i la dictadura"

“Son varias cuestiones las que no entendemos del homenaje que se hizo en Eivissa”, escribe Luis Ruiz Val, el presidente del Fòrum per sa Memòria. El mensaje que manda por WhatsApp este historiador, uno de los investigadores que empezaron a coser, allá por los noventa, la memoria rota de los represaliados por el franquismo en una isla donde el exilio y el silencio –forzoso– de sus familiares los había olvidado, es largo. “En cuanto a la fecha, en una conversación telefónica el día 1 de julio, la propia directora general me dijo que el acto sería en septiembre. Posteriormente, el Govern o el Ajuntament d’Eivissa fijaron de manera unilateral la fecha del 23 de julio. El día 10 de julio, la Direcció General [de Memòria Democràtica] lo comunicó por correo electrónico y yo pregunté en qué consistiría el acto, además de ofrecer nuestra colaboración. No hubo ninguna respuesta”.

Unos segundos más tarde, Ruiz manda la captura de pantalla del correo que, según dice, nunca se respondió. No fue, sin embargo, la última charla para preparar el entierro de los represaliados. “El día 16 de julio, entre las 20:00 y las 20:30 horas, se celebró una reunión telemática con familiares, el equipo de psicólogos y yo mismo –sigue escribiendo Ruiz– para tratar el desarrollo del acto. No asistió ningún representante del Govern. En esa reunión acordamos un guion que, finalmente, la Direcció General decidió no tener en cuenta, sin informar a nadie. La directora general [Xesca Ramis, líder también del PP en el municipio mallorquín de Lloseta] manifestó que se trataba de un acto institucional y nada más”.

El presidente del Fòrum per sa Memòria, Luis Ruiz, denuncia la falta de coordinación y transparencia en la organización del homenaje. Según relata, el Govern cambió unilateralmente la fecha, no respondió a su propuesta de colaboración y no participó en la reunión preparatoria con familiares y psicólogos

El Govern lo niega todo

“El acto, de hecho, estaba previsto para una fecha anterior”, replican, también por escrito, desde la Conselleria de Presidència, “pero la empresa encargada de las placas nos avisó de que no las tendría listas a tiempo. Por ese motivo, se informó al Ayuntamiento y a los familiares y se aplazó el acto, fijando una nueva fecha que se ajustara a la disponibilidad de las familias. Todo ello fue comunicado al Fòrum en tiempo y forma. En concreto, el correo electrónico con la invitación se envió el 10 de julio de 2026 a las 10:01 de la mañana”.

Y continúan argumentando desde el Consolat de Mar: “En la escaleta definitiva del acto no estaba prevista ninguna intervención del Fòrum. Se trataba de un acto organizado por el Govern y el Ajuntament d’Eivissa en el que los protagonistas eran los familiares, y por eso se les dio la palabra a ellos. Ocurre lo mismo cuando acudimos a la colocación de piedras de la memoria en los municipios: el Govern las encarga, las financia y las entrega al ayuntamiento, que es quien organiza los actos. El Govern asiste como invitado, sin intervenir, porque consideramos que el protagonismo debe recaer en las familias”.

En la escaleta definitiva del acto no estaba prevista ninguna intervención del Fòrum. Se trataba de un acto organizado por el Govern y el Ajuntament d’Eivissa en el que los protagonistas eran los familiares, y por eso se les dio la palabra a ellos

Conselleria de Presidencia
Nichos de madera donde se encuentran depositados los restos exhumados de víctimas de la represión franquista en el Cementeri Vell de ses Figueretes

En ses Figueretes sí hablaron los políticos. Sin embargo, Luis Ruiz lamenta que el guion que acordaron en la reunión previa “no se tuvo en cuenta en absoluto”. En este sentido, recrimina que “el protagonismo recayó en la directora general, el concejal del Ajuntament d’Eivissa [Manuel Jiménez] y una intervención de la consellera de Patrimoni del Consell d’Eivissa [Sonia Ramón], que introdujo un ramo de flores en la capilla. Los tres pertenecen al mismo partido [el PP] que hace pocos meses derogó la Llei de Memòria Democràtica”. No obstante, prosigue, “tanto en el discurso de la directora general como en el del concejal se insistió en la importancia de la memoria para restañar las heridas y asentar una convivencia estable”.

Durante el acto, la directora Ramis proclamó que “la democracia se construye reconociendo el pasado y honrando a las víctimas” y consideró el caso de Bartomeu Miquel como “una luz de esperanza para los descendientes que esperan aún una respuesta [...]. Ya tienen un lugar donde llevarles una flor”. Sus huesos son uno de los tres únicos identificados en Eivissa gracias a las pruebas de ADN realizadas a familiares directos. Rafel Serra Costa, uno de los descendientes de este hombre de sesenta y tres años al que un 18 de noviembre de 1936 fueron a buscar a Sant Rafel de sa Creu, el pueblo del centro de Eivissa donde vivía con su mujer y sus nueve hijos, lo subieron a un camión y del que nunca más se supo, tenía preparado “un pequeño discurso” para honrar la memoria de su bisabuelo.

Según cuenta, poco antes de que empezara el entierro, un miembro de la delegación del Govern le extendió otro papel, conminándolo a que lo leyera. “Estaba tan nervioso, por el calor y por las circunstancias, que leí lo que me dieron. Era una pequeña biografía de mi bisabuelo. Luego me dio rabia no leer lo que llevaba preparado”, dice Serra. Luis Ruiz corrobora su testimonio y, desde la Conselleria de Presidència, vuelven a defender su gestión:

Rafel Serra Costa, descendiente de Bartomeu Miquel, lee la reseña biográfica de su bisabuelo que, según sostiene, le entregó la delegación del Gobierno en Balears

“En ningún caso se prohibió que ningún familiar leyera el texto que tuviera previsto. El único texto facilitado por el Govern fue el correspondiente al listado de nombres (que figura en el estudio aprobado por la Comisión) y la biografía de la víctima identificada que fue inhumada en el columbario (que también figura en el estudio). El listado con el que contamos en el Govern es el que el Fòrum propuso a la Comisión y que fue aprobado por ésta. Por tanto, es el listado oficial y el que, por responsabilidad, debemos dar por válido. El resto de nombres que ellos tienen no han sido presentados a la Comisión ni han sido aprobados. De hecho, el estudio está publicado en nuestra página web y puede consultarse”, defiende Ramis.

En ningún caso se prohibió que ningún familiar leyera el texto que tuviera previsto. El único texto facilitado por el Govern fue el correspondiente al listado de nombres (que figura en el estudio aprobado por la Comisión) y la biografía de la víctima identificada que fue inhumada en el columbario (que también figura en el estudio).

Xisca Ramis Directora general de Relaciones Institucionales

Discusión por el listado oficial

En el “listado oficial” que puede descargarse desde el portal de Memòria Democràtica del Govern figuran los 64 desaparecidos que se leyeron en el homenaje ibicenco. Cementeri de ses Figueretes, Cementeri d’Eivissa, Cementiri Vell d’Eivissa son las tres fórmulas que se utilizan para mencionar al camposanto donde se halló la fosa común. En 2018, antes de remover la tierra por primera vez en busca de los muertos olvidados, el Fòrum per sa Memòria estimaba que podía esconder restos de “75 personas”, basándose en los estudios que sus historiadores llevan décadas elaborando. La diferencia parece explicarse con otras diez víctimas fantasma que aparecen en el censo autonómico.

Aunque estén identificadas, no se indica el lugar donde se deshicieron de los cadáveres. Por esa razón, sus nombres y apellidos no se pronunciaron en voz alta el pasado 23 de julio. Una discrepancia que llevó a Luis Ruiz a tratar de convencer a Xesca Ramis para que ampliaran la lista. Fue en vano. La discusión retrasó media hora el comienzo del entierro.

“Todo lo que ocurrió”, argumenta el presidente del Fòrum per sa Memòria, “se habría podido evitar si la propia directora general hubiera estado presente en la reunión preparatoria con los familiares, los psicólogos y nuestro colectivo. Pero ni ella ni nadie del Govern estuvieron presentes”. E insiste Ruiz: “Nosotros hemos documentado un total de 209 víctimas ibicencas [de la represión franquista], de las cuales 97 se encontrarían en el cementerio de Ses Figueretes”. Nuevo desajuste en los números.

Todo lo que ocurrió se habría podido evitar si la propia directora general hubiera estado presente en la reunión preparatoria con los familiares, los psicólogos y nuestro colectivo. Pero ni ella [la directora general de Relaciones Institucionales, Xisca Ramis] ni nadie del Govern estuvieron presentes

Luis Ruiz Val Presidente del Fòrum per sa Memòria

El censo autonómico –publicado en 2024, ya con los populares al frente del Consolat de Mar– reduce los desaparecidos a 93. Incluyendo incluso a los ibicencos que murieron fuera de la isla. Hay trece muertos en Palma; la mayoría, asesinados, con o sin juicio sumarísimo, pero también algún fallecido en cautividad. Otras tres víctimas en otros puntos de Mallorca: Esporles, Manacor, Portocristo. Una, en Formentera. Y dos más, en la Alta Austria: Joan Bonet Ribas y Antoni Roselló Roig, deportados por los nazis al campo de exterminio de Mauthausen-Gusen y rescatados del olvido por las investigaciones de los periodistas Xicu Lluy Torres y Elena González Escudero. Tampoco excluye el censo a dos ibicencos que pierden la vida en Maó. Uno, Josep Marí Cardona, sometido a un consejo de guerra. El otro, Marià Roig Marí, víctima de las bombas semanales con las que la aviación del Conde Rossi aceleró la rendición de Menorca en la primavera de 1939, el desenlace de la Guerra Civil.

Familiares de víctimas, durante la inauguración de la capilla

Las diferencias con la pasada legislatura

Cuando se le comunican estos datos, Luis Ruiz responde llamando por teléfono para soltar en tromba:

–El tema de la lista me tiene todavía intrigado. Faltan casi todas las víctimas de los bombardeos italianos sobre Eivissa [en el verano del 36, el más dañino, el 13 de septiembre, dejó unos cuarenta muertos en la Marina, el puerto de la capital de la isla, y sirvió como excusa para la matanza de los prisioneros que los republicanos tenían en el castillo de Dalt Vila; en el censo sólo aparecen tres nombres], pero, claro, este Govern está homenajeando a los muertos que causó la aviación republicana, no a las personas que mataron los fascistas. Como era fuego amigo, no conviene, aunque murieran, incluso, personas conservadoras que nunca habrían votado al Frente Popular. Por eso, incorporamos a los dieciocho que pudimos identificar en el memorial que hace unos años pusimos en el Cementiri Vell. Nadie puede decir que fuera sectario. Es una lástima que todos esos nombres los retiraran de este homenaje. Viendo cómo están las cosas, quizás sea el primero y el último, de carácter institucional, que se haga en Eivissa.

Este Govern está homenajeando a los muertos que causó la aviación republicana, no a las personas que mataron los fascistas. Como era fuego amigo no conviene, aunque murieran, incluso, personas conservadoras que nunca habrían votado al Frente Popular

Luis Ruiz Val Presidente del Fòrum per sa Memòria

–¿Cómo eran los actos que se organizaban en Mallorca durante la pasada legislatura y a los que acudió el Fòrum per sa Memòria d’Eivissa i Formentera?

–Me acuerdo muy bien al primero que fui, en Porreres. Había una veintena de restos identificados y se les devolvía a los familiares. En un acto público. Estaba la consellera de Cultura, que se encargaba de las materias de memoria democrática, que en aquella época era la ibicenca Fanny Tur. Permitieron hablar a Maria Antònia Oliver [presidenta de Memòria de Mallorca, entidad homóloga del Fòrum per sa Memòria en la isla vecina]. Mira, un detalle, que creo que es muy significativo: en Porreres, la gente dejaba un pasillo por el que entraron los féretros, portados por los descendientes o personas más o menos ligadas a Memòria de Mallorca, y la gente aplaudía hasta que las depositaron frente al público, hubo discursos y se les entregaron a las familias: es una manera de dar protagonismo a las víctimas.

–¿No fue igual en Eivissa?

–Todo lo contrario. Los restos no identificados ya estaban dentro de los nichos: para verlas, tenías que asomarte a la capilla. La de Bartomeu Miquel estaba en una mesa justo al lado de la puerta de la capilla. Quien la introdujo fueron los funcionarios del Ajuntament d’Eivissa. No se hacen las cosas así… Todo lo que ocurrió se habría podido evitar si la propia directora general hubiera estado presente en la reunión preparatoria con los familiares, los psicólogos –que nos preguntaban y nos hacían propuestas sobre la escaleta del acto– y nuestro colectivo. Pero ni Xesca Ramis ni nadie del Govern estuvieron presentes. Entonces, ¿para qué han contratado a los psicólogos? ¿Para qué hacemos reuniones online? Quizás es que estemos malacostumbrados a la pasada legislatura: lo que se decidía en la Comissió de Memòria Democràtica se decidía después. Y todos participábamos. Ahora, simplemente, no hay interés.

El 24 de julio, un día después del acto, el Fòrum per sa Memòria d’Eivissa i Formentera envió una carta a los periódicos locales titulada Allò que no ens van deixar dir. Eran las palabras que la asociación memorialista tenía preparadas, las que nadie pronunció durante el homenaje. Después de citar al galleguista Castelao –non enterraban cadáveres, enterraban semente; aquellos cuerpos arrojados a un hoyo eran semilla– la carta le pide perdón, “por tantas décadas de silencio, soledad y olvido”, “a Bárbara, a Eulària, a Xicu, a Toni, a Vicent”. Son los nombres de pila de algunos de los muertos.

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