China recolecta ADN de la minoría musulmana para desarrollar tecnología de reconocimiento facial

Imágenes de un estudio de 2018 sobre la estimación de la edad y la reconstrucción facial relacionada con la edad de los hombres uigures mediante el análisis de imágenes faciales en 3-D

En la región china de Xinjiang, concretamente en la ciudad de Tumxuk, los funcionarios han recogido sin consentimiento muestras de sangre de cientos de uigures como parte de una campaña de recolección masiva de ADN, según informa The New York Times.

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El objetivo, según el diario estadounidense, es intentar crear imágenes faciales exactas con la información de las muestras de ADN, una tecnología que podría ser utilizada en contra de la minoría uigur y de cualquier disidente del Gobierno. Además está siendo desarrollada gracias a la pasividad de la comunidad científica internacional, según las investigaciones del periódico.

El desarrollo de esta tecnología se está llevando mayormente a cabo en laboratorios dirigidos por el Ministerio de Seguridad Pública de China, y al menos dos científicos chinos que trabajan con el ministerio han recibido financiación de instituciones respetadas en Europa, concretamente la Max Planck Society de Alemania y la Erasmus University Medical Center de Holanda. Uno de ellos también es uno de los autores de un artículo académico cofinanciado por una beca de la Unión Europeo.

Las revistas científicas internacionales y los centros de investigación han publicado sus hallazgos sin examinar el origen del ADN utilizado en los estudios ni examinar las cuestiones éticas planteadas por la recolección de tales muestras en Xinjiang: algunas se están recogiendo como parte de una campaña de salud obligatoria y otras dentro de los “campos de reeducación” donde se encuentran miles de uigures, tal y como explica The New York Times.

¿Qué pasa en Xinjiang?

La región situada en el noroeste de China es el principal laboratorio del Estado para integrar la tecnología de reconocimiento facial, tal y como revelaron medios como el New York Times y el Financial Times a principios de este año. Se trata del mismo territorio donde residen cerca de 11 millones de uigures, una minoría predominantemente musulmana.

En los últimos años, el Gobierno chino ha lanzado una campaña de represión contra esta y otras minorías de esa provincia, que incluye detenciones masivas y un proceso de asimilación forzosa, argumentando que es necesario para evitar el terrorismo y el extremismo islámico.

Este mes de noviembre, el Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación (ICIJ, en inglés), publicó una nueva investigación que arroja luz sobre el modo en el que Pekín gestiona los campos de internamiento de Xinjiang. Se trata de una serie de documentos confidenciales donde, entre otros aspectos, se muestra el empleo de un programa chino, denominado Plataforma Integrada de Operaciones Conjuntas, para recopilar datos personales de los habitantes de Xinjiang a través de distintas fuentes, para luego aplicar inteligencia artificial con el fin de elaborar listas de sospechosos en base a esas informaciones.

¿Qué problemas plantea el uso de esta tecnolgía?

Estados Unidos y otros países también están investigando este tipo de tecnología de reconocimiento facial, que se encuentra en las primeras etapas de desarrollo y puede producir imágenes aproximadas lo suficientemente precisas como para limitar la persecución de algún fugitivo o descartar sospechosos en una investigación.

Sin embargo, teniendo en cuenta la represión en Xinjiang, expertos en ética de la ciencia temen que China esté construyendo una herramienta que pueda usarse para justificar e intensificar la caracterización racial y otras formas de discriminación estatal contra los uigures.

Más allá de la minoría uigur, China posee la base de datos de ADN más grande del mundo, con más de 80 millones de perfiles, según medios chinos. A largo plazo, advierten expertos, el Gobierno podría alimentar imágenes producidas a partir de una muestra de ADN en los sistemas de vigilancia masiva y reconocimiento facial que está desarrolando, y así fortalecer su control sobre la sociedad civil al mejorar su capacidad de rastrear no solo a delincuentes, sino también a disidentes y manifestantes.

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