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Todos los miércoles, el corresponsal de elDiario.es Andrés Gil explica las claves de lo que sucede en el EEUU de Donald Trump. Porque lo que pasa en Washington no se queda en Washington.

“Eres la peor, nunca te he visto sonreír en 10 años”: los insultos de Trump a las periodistas que delatan su machismo y afán de censura

Trump contesta a la prensa en Davos
4 de febrero de 2026 08:13 h

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A mí no suele gustarme hablar de nosotros mismos, los periodistas. A menudo nos consideramos importantes por pasar muchos días cerca de personas que realmente son importantes. Pero ocurre, siempre ha ocurrido, que hay perfiles más conocidos que otros para la ciudadanía. Cuando yo empezaba en esto como becario en el diario El País hace tres décadas, algunos veteranos decían que había quien compraba el periódico solo para leer las críticas de cine de Ángel Fernández Santos; las de toros de Joaquín Vidal, aunque ni siquiera le gustaran los toros; o las columnas de Manuel Vázquez Montalbán; Eduardo Haro Tecglen; Rosa Montero o Maruja Torres.

Es decir, siempre ha habido periodistas que han marcado la diferencia, que han trascendido. Y hoy sigue habiéndolos. Pero, al margen de ese puñado de referentes que nunca dejarán de existir, a mí suele gustarme muy poco la conversación sobre periodistas y la prensa.

Sin embargo, cuando ves que el Ejército israelí prohíbe la entrada de periodistas en Gaza y asesina por cientos a los que ya están allí, tenemos la obligación de denunciar unos crímenes que persiguen silenciar las informaciones sobre el genocidio cometido contra los palestinos.

Del mismo modo, cuando el presidente más poderoso del mundo se permite el lujo de insultar a una periodista de la CNN en el Despacho Oval, el mensaje es poderoso: persigue amedrentar, disciplinar, que el siguiente que pregunte cambie de tema para evitar las invectivas.

Y es algo que el presidente de EEUU hace a menudo, y con quienes más se recrea en sus ataques es con las mujeres, en un claro síntoma de su machismo y afán de censura.

El machismo viene de lejos. No en vano, Donald Trump fue condenado por intentar comprar el silencio de Stormy Daniels y, también, a pagar 5 millones de dólares por haber sido encontrado culpable de abuso sexual contra la columnista E. Jean Carroll. Del mismo modo, y se ha seguido comprobando estos días en los que el Departamento de Justicia ha publicado más de tres millones de documentos del depredador sexual Jeffrey Epstein, es evidente la presencia de Trump en las fiestas del financiero.

Pero no solo eso. A Nancy Cordes, cuando cuestionaba al presidente de EEUU acerca de su interpretación del tiroteo cometido por un ciudadano afgano que trabajó en su país para la CIA, ocurrido en Washington DC, cerca de la Casa Blanca, contra dos soldados de la Guardia Nacional y que se cobró una muerte, Trump le dijo: “¿Eres estúpida?”

El furioso ataque de Trump a la periodista llegó después de que ella le preguntara: “El inspector general del Departamento de Justicia ha informado que el Departamento de Seguridad Nacional y el FBI llevaron a cabo una investigación exhaustiva de los afganos que fueron traídos a Estados Unidos, entonces, ¿por qué culpa a la administración Biden?”.

“Porque los dejaron entrar”, contestó, Trump: “¿Eres estúpida? Eres una persona estúpida, porque llegaron en avión, junto con miles de otras personas que no deberían estar aquí, y solo haces preguntas porque eres una persona estúpida”.

Del mismo modo, el insulto que lanzó a Catherine Lucey, de Bloomberg, en el Air Force One fue algo que no ocurriría con un hombre. “Quiet, quiet, piggy [cállate, cerdita]!”, le dijo a Lucey cuando preguntaba en el avión que llevaba a Trump el viernes por la tarde a jugar al golf a Florida.

Días después, atacó a la corresponsal de la televisión ABC en la Casa Blanca, Mary Bruce, tras una pregunta considerada “vergonzosa” por Trump que tenía que ver con el asesinato del periodista Jamal Khashoggi. Y el invitado avergonzado era el príncipe saudí Mohammed bin Salman, sobre quien pesa la acusación internacional de haber estado detrás de la muerte de Kashoggi en el consulado saudí de Estambul en 2018.

“Hablas de alguien que fue muy polémico”, justificó Trump: “A mucha gente no le gustaba ese señor del que hablas; te cayera bien o mal, son cosas que pasan, pero él no sabía nada al respecto. Y podemos dejarlo así. No tienes por qué avergonzar a nuestro invitado con esa pregunta”.

“Creo que deberían revocarle la licencia a ABC, porque sus noticias son falsas y erróneas”, ha amenazado el presidente de EEUU.

La amenaza de revocar licencias no es la primera vez que sale de Trump. También lo dijo varias veces en septiembre, después de presionar a la CBS para no renovar a Stephen Colbert y a la ABC con Jimmy Kimmel.

Los insultos de este martes a Kaitlan Collins siguen el mismo patrón de recrearse en los ataques a las mujeres, pero, también, muestran lo nervioso que se pone Trump cuando le preguntan por Jeffrey Epstein, con quien tuvo una relación estrecha durante un tiempo.

“¿Qué les diría a las víctimas que sienten que no han obtenido justicia?”, ha preguntado este martes Kaitlan Collins, de la CNN, a Donald Trump en el Despacho Oval. Y ha respondido: “Eres la peor periodista. No me extraña que la CNN no tenga audiencia por culpa de gente como tú. Es una mujer joven. Creo que nunca te he visto sonreír. Te conozco desde hace diez años y creo que nunca te he visto sonreír”.

Ataques, censura y autocensura

Cuando alguien recibe un ataque directo del presidente más poderoso del mundo lo normal es que haya consecuencias. En este caso, la siguiente periodista ya cambió de tema. No insistió sobre las víctimas de Epstein, ni sobre la censura excesiva que denuncian de los archivos publicados, y, por supuesto, tampoco defendió a la compañera atacada.

En estos días, el presidente de EEUU ha anunciado un cierre de dos años del Kennedy Center por unas obras de remodelación. Lo que no ha dicho Trump es que su asalto al centro artístico –hasta el punto de incluir su apellido en el nombre de la institución– está teniendo como consecuencia una oleada de anulaciones por parte de los artistas y del público.

Del mismo modo que atacar a periodistas disciplina al resto que quieren preguntar, la censura y la autocensura exceden el ámbito de la prensa.

Este fin de semana me he dado una vuelta por la National Portrait Gallery, un museo centrado en los retratos y que reúne los realizados para los 47 presidentes de Estados Unidos. La National Portrait Gallery, además es un ejemplo de la censura y la autocensura que se vive en el país gobernado por Donald Trump.

Por ejemplo, Amy Sherald, la artista que saltó a la fama con su retrato de Michelle Obama en 2018, retiró su exposición de la National Portrait Gallery en septiembre pasado porque el museo, en un acto claro de autocensura, no quería exhibir Transforming Liberty, su obra de la Estatua de la Libertad trans para evitar provocar al presidente Trump.

"Transforming Liberty", de Amy Sherald.

Pero no es el único caso de censura y autocensura de uno de los museos más importantes de la capital de EEUU.

Nada más regresar a la Casa Blanca, Donald Trump publicó en Truth Social: “A petición y recomendación de muchas personas, por la presente doy por terminado el contrato de Kim Sajet como directora de la National Portrait Gallery”. Según el post, Sajet era “una persona muy partidista” y una “firme defensora” de los programas de diversidad e inclusión. “Su reemplazo será nombrado en breve”, continuaba el mensaje.

Sajet es una historiadora del arte de unos 60 años, neerlandesa y criada en Australia.

El 27 de marzo, Trump firmó un decreto que afirmaba que los museos del Smithsonian, uno de los cuales es la National Portrait Gallery, habían “caído bajo la influencia de una ideología divisiva y centrada en la raza” que “promovía narrativas que presentan los valores estadounidenses y occidentales como intrínsecamente dañinos y opresivos”. La orden ejecutiva se titulaba “Restaurando la verdad y la cordura en la historia estadounidense”.

La consecuencia de esta ofensiva censora está haciendo mella. Un ejemplo elocuente de ello es que la galería borró hace tres semanas la pequeña descripción que acompaña al retrato de Trump. ¿El motivo? Que al presidente de EEUU no le gustaba el texto porque mencionaba sus dos juicios políticos –impeachment–.

Retrato de Trump en la National Portrait Gallery.

La nota del retrato de Trump mencionaba las nominaciones de Trump al Tribunal Supremo, el desarrollo de la vacuna contra la COVID-19 y que fue sometido a un juicio político dos veces “por cargos de abuso de poder e incitación a la insurrección” antes de ser absuelto por el Senado en ambos casos.

En cambio, el escueto texto que hoy lo acompaña sólo identifica el año de nacimiento de Trump, que es el 45º y 47º presidente, las fechas de su presidencia e información sobre el fotógrafo y la fotografía.

Afán de censura, insultos a periodistas y machismo. La Administración Trump profundiza su agenda ultra y autoritaria en todos los rincones de EEUU.

Etiqueta del retrato de Trump en la Portrait National Gallery.

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