Dinamarca, atrapada en un 'Borgen' sin lograr formar gobierno: las negociaciones ya son las más largas de su historia
Los que hayan visto la aclamada Borgen saben que formar un gobierno en el país nórdico requiere de mucha habilidad. Como si se tratara de una partida de ajedrez, las negociaciones que muestra la serie danesa ponen a prueba la sangre fría de los líderes políticos y su capacidad para llegar a compromisos con sus rivales más directos.
La cuarta temporada de Borgen (titulada Reino, poder y gloria), estrenada en 2022, ya predijo una disputa geopolítica a raíz del descubrimiento de recursos naturales en Groenlandia. Hoy, nuevamente, lo que está pasando en la política de Dinamarca tras las elecciones generales del pasado 24 de marzo podría ser, perfectamente, un guion de la serie.
Las elecciones las ganó el partido socialdemócrata de la primera ministra Mette Frederiksen, el problema es que los comicios dieron paso a un Parlamento más polarizado y fragmentado que nunca, con 12 formaciones políticas que ocupan los 179 escaños del Folketing. Como señala el politólogo de la Universidad de Aalborg Rune Stubager, Dinamarca “cuenta con un sistema de parlamentarismo negativo, lo que significa que un gobierno puede mantenerse en el poder mientras no exista una mayoría en su contra”. Con esta norma, los 4,2 millones de electores del país escandinavo están acostumbrados a ejecutivos que gobiernan en minoría y a coaliciones de hasta cuatro partidos.
Cada segundo que pasa es un nuevo récord en las negociaciones más largas de la historia del país
Sin embargo, esta vez, los resultados de las papeletas están provocando sudores fríos, ya que mes y medio después de las votaciones ninguna formación es capaz de construir una mayoría a su alrededor: “La situación es sumamente inusual”, admite Stubager en declaraciones a elDiario.es. “Cada segundo que pasa es un nuevo récord en las negociaciones más largas de la historia del país”.
Hasta ahora, las conversaciones más extensas para formar gobierno fueron en el año 2022 y duraron 44 días. Pero el hecho de haber superado este récord tampoco apremia a los políticos, ya que en la Constitución danesa “no se contemplan reglas para las negociaciones, no hay límites de tiempo ni de nada”, tal y como señala Stubager.
Los socialdemócratas no logran formar gobierno
El fin de semana pasado, el rey de Dinamarca –que tiene un papel puramente institucional– apuntó a que el turno para intentar formar gobierno pasaba al líder del partido de los liberales, Troels Lund Poulsen, después de que la primera ministra socialdemócrata Frederiksen fracasara en su intento.
El anuncio conmocionó al país, ya que Frederiksen fue quien obtuvo la mayoría de votos (21%) en las elecciones, un porcentaje que no esconde el duro revés que sufrieron los socialdemócratas –lograron sus peores resultados desde el año 1903–. Frederiksen ha sido una figura clave en la política danesa, al frente del Ejecutivo en los últimos siete años, pero ahora sus opciones de revalidar el puesto de primera ministra quedan rebajadas.
La líder de los socialdemócratas había intentado hasta este momento formar un gobierno de coalición de izquierdas que necesita el apoyo de los Moderados, un partido de centroderecha liderado por el actual ministro de Exteriores, Lars Løkke Rasmussen. Su formación, a pesar de quedar la sexta en el Parlamento (con 14 escaños), ha adquirido un papel decisivo con el poder de otorgar la mayoría tanto al bloque de partidos de izquierda como al conservador.
Aunque los socialdemócratas recibieron en un inicio el encargo oficial de formar gobierno, semanas de negociaciones entre los partidos progresistas no lograron acercar sus posiciones. Ante la falta de avances, Rasmussen abandonó la mesa de diálogo la semana pasada y anunció su decisión de apoyar a los liberales: “En el fondo, para los Moderados es difícil entrar en un gobierno liderado por los socialdemócratas con el apoyo de partidos de extrema izquierda, por lo que Rasmussen está intentando sacar el máximo de favores políticos para su partido, pero no lo ha conseguido”, argumenta Stubager.
La coalición de derechas necesita un giro de guion
Por otro lado, el líder de los liberales, Troels Lund Poulsen, quien tiene ahora el encargo de formar gobierno, en la práctica es otro perdedor de las elecciones del 24 de marzo. Los electores castigaron duramente su decisión de gobernar en coalición con los socialdemócratas y los moderados en los últimos cuatro años. El resultado es que los liberales han quedado relegados a la tercera fuerza del Parlamento con 18 escaños.
A pesar de esto, Poulsen puede, en teoría, formar una mayoría de derechas con el apoyo de los Moderados; en la práctica, este escenario también necesita unos cuantos giros de guion inesperados dignos de Borgen. Tan solo unas semanas después de las elecciones, cuatro diputados del bloque conservador han desertado de sus partidos y ahora son independientes que no atienden a ninguna disciplina de voto. Tres de estos diputados formaban parte de la nueva formación ultraderechista Partido Ciudadano, que en total consiguió cuatro escaños. Esta situación hace que la mayoría en el bloque conservador no esté del todo asegurada.
Lo más probable es que se vuelva a la casilla de salida con el encargo de formar gobierno para los socialdemócratas
Además, los Moderados y el ultraderechista Partido Popular Danés (de ideología xenófoba) se han negado a colaborar, lo que significa que un gobierno de derechas no es posible, a menos que ambos partidos rompan con la decisión de no cooperar. Poulsen también podría repetir el intento de formar un ejecutivo de centro con Moderados y socialdemócratas, pero es improbable que Mette Frederiksen lo apruebe, a menos que ella sea la primera ministra –de la misma forma que es improbable que los liberales no quieran poner a su candidato al frente del ejecutivo–. Los liberales se han impuesto un término de 14 días para explorar un acuerdo de derechas, pero, si fracasan, “lo más probable es que se vuelva a la casilla de salida con el encargo de formar gobierno para los socialdemócratas”, vaticina el politólogo Stubager.
Con este escenario político tan enrevesado, cada vez más daneses se cuestionan si es necesario aumentar el umbral del 2% de los votos para conseguir representación parlamentaria, una medida que ayudaría a evitar la escisión de partidos en formaciones más pequeñas. Pero la realidad es que no es posible cambiar las leyes electorales, ni la edad de jubilación ni transformar la agricultura danesa o cualquiera de los temas que se necesitan para gestionar el país si no hay un gobierno que esté pronto en marcha en el Palacio de Christiansborg.
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