Jaque a Starmer de su ministro de Sanidad después de la ‘tregua’ del discurso del rey
La guardia real registró este miércoles –o hizo como que registraba– los sótanos del palacio de Westminster en busca de explosivos. No esperaba encontrarlos, pero lo hizo para recordar el fallido complot de un grupo de católicos que, en 1605, intentaron incendiar la Cámara de los Lores con el rey dentro. El gesto era parte de la ceremonia con la que Carlos III inauguró el año parlamentario en un día de crisis y maquinación.
El rito pomposo ya estaba en marcha mientras Keir Starmer se reunía en Downing Street con su ministro de Sanidad, Wes Streeting, potencial rival para sucederle y supuesto artífice de la rebelión laborista contra el primer ministro que puede desembocar en una carrera por el liderazgo del partido y del país. Pasaron 16 minutos entre la entrada del ministro y su salida. El llamado complot de la pólvora de hace cuatro siglos fracasó, el de 2026 está por ver.
Streeting aseguró que por respeto al rey no diría nada este miércoles. Pero, según The Times, The Guardian, BBC y Sky News, el ministro anunciará este jueves su dimisión y retará de manera formal a Starmer.
Esto puede empujar a otros candidatos a presentarse, entre ellos Angela Rayner, la exviceprimera ministra, y Ed Miliband, el exlíder del partido y actual ministro de Energía. Andy Burnham, el alcalde de Manchester y ahora favorito entre los rivales de Starmer, tendría que ganar primero un escaño en el Parlamento si hay una vacante.
Según las reglas del Partido Laborista, una vez lanzado el desafío interno, el primer ministro es candidato de manera automática a no ser que renuncie. Starmer se batiría en un proceso que puede durar meses y pasa por la votación de los diputados, pero también de los más de 300.000 miembros del Partido Laborista y sindicalistas y otros activistas afiliados al partido.
Después del derrumbe de los laboristas en las elecciones locales del 7 de mayo, un centenar de diputados de los 403 laboristas que se sientan en la Cámara de los Comunes han pedido la dimisión de Starmer o el anuncio de un calendario para su relevo. Otro centenar le han apoyado en una carta donde subrayan que no es el momento para abrir el proceso de cambio de líder.
Starmer resiste
Pese a las peticiones de varios de sus ministros, Starmer desafió a los críticos este martes en su reunión de gabinete y recalcó que no había ningún proceso formal contra él. Ningún candidato ha conseguido por ahora el apoyo de los 81 diputados necesarios para lanzar un reto contra el primer ministro. Fuentes de Downing Street recalcan que, de momento, Streeting tampoco ha logrado esos apoyos.
Starmer insiste en que la competición y sustitución del líder sólo dañaría ahora la acción de Gobierno y traería caos al país, como sucedió en los últimos dos años de ejecutivos del Partido Conservador. Pero su posición está todavía más debilitada, con rivales en su propio Gobierno, como Shabana Mahmood, la ministra del Interior y defensora de las políticas y la retórica más dura contra los extranjeros, e Yvette Cooper, la ministra de Exteriores y quien también considera presentarse a la carrera por el liderazgo.
Más de la mitad de los británicos creen que Starmer debería dimitir, según un sondeo recién publicado de la encuestadora More in Common. Más del 41% de los votantes que se identifican como laboristas creen que su primer ministro debería renunciar. El favorito de la población general para sustituirlo es Andy Burnham, con un 22% de apoyo. Streeting tiene el 7% y Angela Rayner, el 6%. Los demás aspirantes todavía menos. La mayoría de los encuestados no se decantan por ninguno.
No “incomodar” al rey
Antes de las nuevas turbulencias este jueves, por unas horas, Starmer, sus rivales, los parlamentarios de la mayoría y de la oposición hicieron como si nada para seguir con los ritos y, según varios laboristas, “no incomodar al rey”. Streeting se sentó al lado de sus colegas de Gobierno, a ratos aplaudiendo al primer ministro y a ratos sonriendo con los chistes sobre los complots laboristas, incluidos algunos sobre él mismo.
Fue una jornada que Ed Davey, el líder de los liberaldemócratas, describió como “surrealista”. Se trataba de disimular entre trompetas y desfiles.
Carlos III llegó en carroza al Parlamento. La capa de terciopelo carmesí de su abuelo, la corona y la espada llegaron en su propia carroza. Arrastró la espada, se puso los ropajes y leyó el papel que le había escrito el Gobierno.
El rey anunció 38 nuevas leyes que planea Starmer, entre ellas legislación para acercarse a la UE, reducir la edad mínima de voto a 16 años, proteger a los menores en las plataformas digitales o prohibir las donaciones en criptomonedas.
Entretanto, el laborista Nic Dakin seguía la ceremonia como “rehén” en el Palacio de Buckingham, otra tradición para asegurarse de que los parlamentarios no retienen al rey. El falso cautivo fue tratado con deferencia y se le ofreció una “bebida alcohólica”. No habían dado ni las doce de la mañana.
El debate posterior tuvo, según la tradición, un tono amable, pero también hubo críticas a Starmer y a su Gobierno.
La líder del Partido Conservador, Kemi Badenoch, alabó a los laboristas que presentaron el programa en nombre de Starmer y bromeó sobre el republicanismo del actual primer ministro en su juventud, pero también habló de la crisis del partido gobernante.
“El primer ministro está en el cargo, pero no el poder. Todo el mundo está haciendo como si todo estuviera bien. No es así para nada”, dijo Badenoch. “Está claro que su autoridad se ha desvanecido y que no podrá aplicar lo poco que hay aquí”. La conservadora, cuyo partido está reducido a mínimos históricos, citó una frase del musical Hamilton de Lin-Manuel Miranda: “Ganar fue fácil, gobernar es más difícil”.
Starmer agradeció sus palabras “de la naturaleza generosa habitual” entre risas de los diputados y de la propia Badenoch. “En días difíciles, sus comentarios son como un rayo de luz”, dijo el primer ministro. También le recordó: “Tenemos algo en común. Nuestros partidos tuvieron resultados muy malos en las elecciones locales de la semana pasada. La diferencia es que ella no se ha dado cuenta”. También bromeó sobre la lista de diputados que han pedido su dimisión.
Más allá de la pompa y del tono amable de la jornada, a estas horas no está claro es si el plan legislativo presentado este miércoles se aplicará y qué Gobierno lo hará. El Partido Laborista tiene mayoría absoluta en la Cámara de los Comunes así que cualquier primer ministro tiene fácil aprobar sus leyes. Pero no está claro si Starmer estará al frente del ejecutivo en los próximos meses y si un sucesor o sucesora seguiría con el mismo plan legislativo.
Si Starmer dimite en las próximas semanas, la persona que lo releve sería la quinta en el puesto en cuatro años después de una década turbulenta en la política británica marcada por el Brexit y el descontento.
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