El rector de la Universidad privada de Kabul amenazado por los talibanes pide asilo en España

Universidad privada de Gharjistán, en Kabul

Escondido junto a su familia en Islamabad a la espera de que la Embajada española responda su solicitud de visado para poder viajar y pedir asilo político. El rector de la Universidad de Gharjistán de Kabul, Naser Ali Rahmani, se encuentra en este momento amenazado de muerte por el régimen talibán, que tomó el control de la capital afgana el 15 de agosto y le acusa ahora de “crear un ambiente libre de religión y dar la oportunidad de cometer pecado” en la institución de enseñanza superior privada más importante de la ciudad.

El gobierno talibán acusa a la Universidad dirigida por Naser Ali Rahmani de que “era atea y fomentaba la prostitución”, según ha publicado la cadena británica BBC. En una carta, los radicales advierten a este rector: “Su deber era recordar todos los principios de la religión, que está basada en la promoción de la virtud y la prevención del vicio y el pecado. Has fallado en tu obligación hacia Dios y hacia nosotros. Por lo tanto, hemos decidido intervenir. La única solución para que se puedan salvar los profesores y usted mismo es entregar 3.000 kalasnikovs a nuestros veteranos. Si no los recibimos, todas vuestras vidas caerán sobre sus hombros”.

Naser Ali Rahmani se dirigó a la Embajada Española en Islamabad hace unas semanas, sin haber recibido respuesta hasta el momento. Desde el ministerio de Exteriores confirman que tienen miles de peticiones y que se encuentran desbordados. Mientras, este experto en Relaciones Internacionales, escondido junto a su familia, formada por ocho miembros, incluido su hijo Ehsan Rahmani, que es periodista y también está amenazado, lamenta que su “permiso para estar en Pakistán caduca pronto”. “Necesitamos salir de aquí. Corremos tanto peligro como en Afganistán, porque este país vecino está lleno de talibanes”.

La Conferencia de Rectores de Universidades (CRUE), se ha puesto en marcha de la mano de la vicerrectora de la Universitat Oberta de Catalunya, Pastora Martínez Samper para apoyar la solicitud de su homólogo en la Universidad de Gharjistán.

La familia escapó de Kabul el pasado 17 de agosto, dos días después de la toma de la capital afgana por parte de los talibanes. “Huimos precipitadamente, por una ruta peligrosa y difícil. No paraban de llegar amenazas de muerte y de detención, a mi padre y a mi. Nos dirigimos a Kandahar asustados porque sabíamos que había muchos controles por el camino y podían identificarnos”, relata su hijo Ehsan Rahmani, de 23 años y redactor de política en la Raj-e Farda Televisión.

El joven, que ha borrado toda la información de su teléfono móvil por precaución, comenta que hicieron ese viaje vestidos con ropa local y que fingieron ser agricultores en “un total de seis registros, con los interrogatorios correspondientes”. Una vez en Kandahar, contrataron a un contrabandista, por 10.000 rupias paquistaníes -unos 50 euros- cada uno, para que les acompañase hasta Pakistán. Al llegar a la frontera, los talibanes comenzaron a golpear a un gran grupo de personas para que no cruzasen, en una batalla campal que, según su relato, duró unas cuatro horas.

“Lo habíamos perdido todo”

“Cuando vimos que podíamos cruzar la frontera de Spin Boldak nos cogimos toda la familia de la mano haciendo un círculo y poniendo en el centro al bebé con su madre y comenzamos a correr hacia territorio pakistaní. Cuando por fin paramos de repente nos dimos cuenta que lo habíamos perdido todo: casa, trabajo, coche. Todo. La vida de ocho personas había desaparecido”, sigue explicando Ehsan a través de WhatsApp.

El rector Naser Alí recuerda cómo cada día a las ocho de la mañana le recogía en casa su chófer para ir a la Universidad. “Tenía una vida normal de reuniones, clases, conferencias y, poco a poco, con el tiempo comenzaron a sonar bombas, tiros y sin darnos casi cuenta nos encontramos con unos talibanes que querían asaltar la ciudad. Con su entrada todo cambió. Todos pensamos que los pueblos y ciudades pequeñas de Afganistán irían cayendo en manos del enemigo pero nunca pensamos que ocurriría con Kabul. Nunca”, afirma tajantemente.

“Después, los traficantes, que nos habían prometido llevarnos hasta la ciudad de Quetta, se desviaron del camino y nos llevaron a una casa abandonada frente a un cementerio. Nos asustamos mucho pero simplemente querían más dinero” continúa Ehsan. De Quetta consiguieron llegar a Islamabad, la capital del país con más habitantes por metro cuadrado del mundo, donde se encuentran ahora intentando salir del país.

Un éxodo masivo de académicos

Un mes antes de abandonar Afganistán, el rector afirmaba públicamente que de los dos mil estudiantes que esperaban en septiembre solo se habían presentado a la Universidad unos 200. Tras estas declaraciones, comenzaron las amenazas: “Dijimos que no aceptaríamos el niqab –velo para el rostro, que deja los ojos despejados–, porque es demasiado difícil imponerlo. Nuestras estudiantes usan un pañuelo. También les dijimos que eso no estaba escrito en el Corán”, indicó Ali Rahmani. “Además, muchos estudiantes no pueden pagar las matrículas de las universidades privadas debido a la crisis económica ocasionada por el congelamiento de miles de millones de dólares en apoyos internacionales”, continúa.

Pakistán comparte 2.670 kilómetros de frontera con Afganistán. Según el ministro de Información pakistaní, Fawad Chaudhry, hasta el momento han salido de Afganistán un total de 22.400 personas a través de este país, una cifra mucho mayor según los datos de los periodistas que cubren el conflicto y las ONG que trabajan sobre el terreno. A finales de agosto, alrededor de 120.000 personas fueron evacuadas de Kabul, la mayoría afganos colaboradores con otros países y sus familias, cuya vida corría peligro. Alguno de ellos se encuentra en España.

“Desde la llegada de los talibanes al poder, ha habido un éxodo masivo de académicos. Muchos de ellos temen por sus vidas por haber colaborado con los estadounidenses”, afirma Naser Ali Rahmani antes de que se corte por enésima vez la conversación telefónica. “Hay más de tres millones de desplazados internos en Afganistán. Cientos de miles se han movilizado en los últimos días. Necesitan ayuda inmediata”, afirmaba recientemente Filippo Grandi, alto comisionado de Naciones Unidas para los refugiados. Esta misma agencia calcula que medio millón de afganos podrían intentar marcharse para finales de 2021.

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