Cómo repensar el futuro de la izquierda y las grandes tecnológicas desde el Sur Global
El impeachment sufrido por la expresidenta brasileña Dilma Rousseff en 2016, considerado un golpe parlamentario, cambió la vida de Tatiana Roque. Después de haber transitado por movimientos universitarios y autonomistas, la matemática y profesora de Río de Janeiro (1970) llegó a la conclusión de que solo entrando en la política representativa conseguiría cambiar las cosas. Roque, cuyo padre fue asesinado por la dictadura militar en 1973 cuando ella era apenas un bebé, se afilió primero al Partido Socialismo e Liberdade (PSOL). Tras dos intentos frustrados de ser diputada federal, Tatiana fue nombrada secretaria de Ciencia y Tecnología del Ayuntamiento de Río en 2023.
En 2024, Eduardo Paes, el alcalde electo en Río de Janeiro, volvió a contar con ella para el cargo.
Tatiana Roque, con guiños a la comunidad científica y a los movimientos sociales, se ha convertido en una de las secretarias más populares de Rio de Janeiro y en una de las personas de mayor confianza del alcalde. Tatiana conversa con elDiario.es sobre la necesidad de desarrollar herramientas de Inteligencia Artificial desde el Sur Global respetuosas con el medio ambiente, sobre la importancia de los saberes ancestrales para combatir el cambio climático, sobre la injerencia de Donald Trump en la política brasileña y sobre el frente democrático que permitió que el centro y la izquierda conquistaran el ayuntamiento de Río de Janeiro, donde Jair Bolsonaro sufrió una severa derrota. “No todo es polarización ideológica y guerra cultural. Buena parte del electorado quiere políticas públicas que mejoren sus vidas”, asegura.
El modelo sirve para otros lugares de Brasil porque conseguimos una alianza entre el centro y la izquierda a partir de la defensa de la democracia. La estrategia de frente amplio en este momento de ascensión de la extrema derecha es acertada y muy importante
En 2016, el obispo evangelista Marcelo Crivella, un negacionista de la ciencia, ganó las elecciones municipales en Río de Janeiro. En 2018, Jair Bolsonaro, negacionista múltiple, se convirtió en presidente de Brasil. En 2020, el centrista Eduardo Paes, con apoyo de la izquierda, volvió a ser alcalde de Río de Janeiro ¿Fue una venganza de la política y de la ciencia?
Cuando Eduardo Paes gana, Río de Janeiro estaba completamente liquidado. Crivella cerró los equipamientos de divulgación científica del ayuntamiento, las Naves del Conocimiento“. Paes empieza a reabrirlas. Las naves están en regiones muy vulnerables, en las favelas. Son espacios con tecnología punta, acceso a ordenadores, internet, con cursos de tecnología e iniciativas de emprendimiento. Son islas de conocimiento dentro de lugares muy vulnerables.
¿Para que la tecnología sea transformadora es necesario que su acceso sea democrático?
Exactamente. Si el poder público no tiene iniciativas como nuestras naves del conocimiento, la tecnología va a profundizar las desigualdades sociales. Para reducir la desigualdad, necesitamos que la tecnología sea accesible para todo el mundo.
Río de Janeiro y Brasil tienen un repertorio de tecnologías sociales y saberes populares que el norte global tal vez no considere tecnología en mayúscula. ¿Todo este conjunto de prácticas y saberes ciudadanos pueden ser considerados ciencia y tecnología?
Sin duda. Por ejemplo, tenemos un proyecto llamado Joven Científico en el que damos becas a estudiantes para que busquen soluciones en sus territorios. Uno de ellos presentó un proyecto para descontaminar el río al lado de su casa y lo está desarrollando junto a un estudiante de química.
En Brasil, los saberes ancestrales dialogan con la ciencia mejor que en el norte global...
Los saberes ancestrales son esenciales, principalmente en tiempos de cambio climático.Buena parte de las soluciones para lidiar con inundaciones o el calor extremo vienen de los saberes ancestrales. Las comunidades quilombolas (asentamientos de afrodescendientes) y los indígenas saben hacerlo.
Usted quiere transformar Río de Janeiro en un epicentro de la Inteligencia Artificial. Brasil lidera las críticas desde el Sur Global hacia una IA diseñada por las Big Techs del norte. ¿Qué puede aportar Río de Janeiro, Brasil y el Sur Global a la IA?.
Brasil no puede ser un mero consumidor de herramientas de IA. Necesitamos urgentemente volver al desarrollo de herramientas de IA utilizando open source (código abierto) y todo su conocimiento sobre software libre. Antes, el epicentro de todo eso era Porto Alegre. Queremos recuperar ese debate desde Río de Janeiro, con apoyo del Gobierno central, de otras ciudades y países, pero con la idea de desarrollar modelos soberanos.
Pero el debate sobre soberanía digital y software libre, en el que Brasil era uno de sus principales actores, prácticamente ha desaparecido. ¿Qué ha pasado?
En Brasil, sufrimos el revés de la presidencia de Bolsonaro y entramos en un período de atraso y depresión. Ahora, con el Gobierno Lula, estamos consiguiendo retomar las cosas. El debate de open source ganó un nuevo impulso con China, que lanzó empresas como DeepSeek. Mucha gente volvió a exigir herramientas open source. Creo que Brasil, con toda su tradición y una comunidad grande, va a liderar de nuevo esa cuestión.
Las redes sociales, en poco tiempo, pasaron de ser herramientas revolucionarias y transformadoras a algo distópico ¿Es posible todavía disputar la hegemonía a las grandes tecnológicas?
Lo que ha ocurrido es una especie de enclosure (término usado para privatización de bienes comunes o públicos). Antes, teníamos Internet, que era un lugar de circulación de información libre. Las redes sociales provocaron la privatización de la información. Ahora, mucha gente entra en Internet vía redes sociales, que tienen dueño. Hemos vivido un retroceso muy grande.
¿Qué piensa de la injerencia de Elon Musk en la política brasileña? Las grandes tecnológicas están haciendo lobby con el mismísimo Donald Trump para que Brasil no tome medidas contra las fake news y discursos de odio.
Los saberes ancestrales son esenciales, principalmente en tiempos de cambio climático.Buena parte de las soluciones para lidiar con inundaciones o el calor extremo vienen de los saberes ancestrales. Las comunidades quilombolas (asentamientos de afrodescendientes) y los indígenas saben hacerlo
Yo publiqué el libro O dia em que voltamos de Marte, en el que digo que necesitamos volver de Marte, no ir a Marte, o sea, resolver nuestros problemas con el pie en la tierra. Sobre las grandes tecnológicas, el problema es que se colocan como un espacio público donde las personas hablan, opinan, pero en verdad son privadas. En cualquier momento, el dueño de una de estas empresas puede cambiar las reglas. Es una disonancia muy grande entre el papel público que ejercen y cómo son gestionadas. Necesitamos urgentemente regulaciones que produzcan espacios con una ley compartida.
La injerencia de Trump en Brasil va más allá de la tecnología. Es una clara injerencia política, ¿no?
Trump está impidiendo transacciones económicas a ministros de nuestro Tribunal Supremo [jueces] porque no está de acuerdo con decisiones de la Justicia brasileña. Eso es un escándalo tremendo. El juez [Alexandre de Moraes] no puede usar ni los bancos brasileños porque la ley también castiga las transacciones internacionales. Imagina que, de un día para otro, decide perseguir a una persona y esta deja de poder comunicarse y no puede usar más gmail o WhatsApp.
¿El tarifazo de Trump a Brasil está relacionado con el hecho de que disponga de tecnologías como Pix (sistema público de pago vía teléfonos móviles que arrebató el monopolio a las tarjetas de crédito) o que se use mucho software libre?
Brasil dispone de tecnologías nacionales que, en el caso de Pix, nos da una cierta salvaguarda. Aparte de eso, existe un fortalecimiento de los BRICS e incluso la discusión de lanzar una moneda única para que el comercio no pase por el dólar. Pero el verdadero objetivo del tarifazo de Trump es la amnistía de Bolsonaro. Para Trump es muy importante que Bolsonaro vuelva a ser presidente de Brasil, porque eso fortalece su proyecto de una internacional de extrema derecha.
¿Cómo ve el escenario electoral de este año? Si en 2022, las grandes tecnológicas ayudaron a combatir las fake news, en 2026 parece bastante claro que no lo harán. Elon Musk le dijo a Janja Silva (primera dama) en X: “Vais a perder”.
Yo era pesimista sobre la elección de 2026, pero de repente Trump nos echó un cable. Si quiso perjudicar a Lula, el tiro le salió por la culata. Las encuestas revelan que la mayoría de brasileños rechazan vehementemente las medidas de Trump y piensa que el Gobierno brasileño no debe ceder. El pueblo brasileño tiene una tendencia nacionalista y esas medidas de Trump fueron muy mal recibidas. La popularidad de Bolsonaro cayó y la de Lula, mejoró mucho.
Sobre las grandes tecnológicas, el problema es que se colocan como un espacio público donde las personas hablan, pero en verdad son privadas. En cualquier momento, el dueño de una de estas empresas puede cambiar las reglas. Es una disonancia muy grande entre el papel público que ejercen y cómo son gestionadas. Necesitamos urgentemente regulaciones que produzcan espacios con una ley compartida.
Usted pasó por el Partido Socialismo e Liberdade (PSOL), a la izquierda del arco político. Ahora está en el Partido Socialista Brasileiro (PSB), de centroizquierda. Las diferentes izquierdas en las elecciones municipales de Río apoyaron al candidato centrista Eduardo Paes. La campaña huyó de la polarización Lula y Bolsonaro. El resultado: Bolsonaro perdió en su cuna política ¿Qué pueden aprender las izquierdas del caso de Río de Janeiro?
Bolsonaro tenía un candidato radical (Alexandre Ramagem). Fue jefe de la Agência Brasileira de Inteligência (ABIN) durante el gobierno Bolsonaro, intentó sabotear el triunfo de Lula. Eduardo Paes ganó en la primera vuelta porque funciona como un bloqueo al bolsonarismo. El modelo sirve para otros lugares de Brasil porque conseguimos una alianza entre el centro y la izquierda a partir de la defensa de la democracia. La estrategia de frente amplio en este momento de ascensión de la extrema derecha es acertada y muy importante.
Sí, pero Lula no apareció en la campaña y se evitaron narrativas antifascistas. ¿El principal aprendizaje es ese?
El aprendizaje principal es que el votante bolsonarista radical representa apenas el 20% del electorado. Muchos no votan a Bolsonaro por ideología, sino porque no les gusta Lula o porque están desesperadas o desempleadas. Buscan cosas que mejoren realmente su vida. El Ayuntamiento de Río de Janeiro está muy bien evaluado. Entonces, esas personas sienten en su piel el impacto positivo de las políticas públicas. No todo es polarización ideológica y guerra cultural. Buena parte del electorado quiere políticas públicas que mejoren sus vidas. La izquierda necesita tener un proyecto, políticas públicas para mejorar el trabajo, la salud, la educación, el transporte, especialmente de aquellos más vulnerables.
La izquierda tiene problemas con el “emprendimiento”. Sin embargo, mucha gente de las clases populares se consideran emprendedores, del conductor de Uber a una mujer que arregla las uñas en los barrios o un repartidor de comida. En estos momentos en los que los sindicatos no tienen la fuerza que tuvieron y el mercado laboral cambió tanto, ¿debería la izquierda moldear su discurso?
Es de una extrema arrogancia que la izquierda le diga a toda esa gente que se considera emprendedora: “Estáis engañados, emprendedor es una palabra del neoliberalismo”. Tenemos que entender que toda esa gente no quiere tener jefe. Tener un contrato firmado es bueno cuando es un empleo cualificado. Pero en empleos menos cualificados, la gente está rehén de jefes violentos, asediadores... Entonces, entre vivir con cierta seguridad laboral y no tener jefes, prefieren la inseguridad porque eligen su propio horario. La autonomía es muy importante. Ahora bien, sabemos que muchas veces emprendimiento es sinónimo de precarización. Tenemos que combatir la precarización, no el emprendimiento, creando nuevas formas de protección social vinculadas a la persona, no necesariamente a un contrato formal.
¿Considera que la izquierda continúa en la fase identitaria o ha entrado en una nueva fase?
Creo que las pautas definidas como identitarias acaban ganando una relevancia porque la izquierda no tiene un proyecto para los trabajadores. Y esas pautas están relacionadas con el trabajo. La lucha de las mujeres, de las feministas, siempre fue una lucha por el reconocimiento de nuestro invisible, del doméstico. Esas luchas no son identitarias si las miramos desde el punto de vista laboral. Un segundo problema de la izquierda tiene que ver con el mundo digital: no conseguimos organizarnos políticamente a partir de lo digital y eso deja a la izquierda en una posición fragilizada.
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