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Óscar Daniel Campo Becerra (escritor): "La experiencia inmediata de leer a García Márquez me acercó mucho a la idea de escribir"

El autor Óscar Daniel Campo Becerra

Óscar Daniel Campo Becerra (Barrancabermeja, Colombia, 1985) es el ganador del Premio Anne Bonny 2020 con su novela Días Hábiles, un certamen de narrativa convocado por La Marca Negra Ediciones y Colette, Letras & Tragos cuyo fallo se dio a conocer ayer en Libros Traperos. El concurso no tenía restricciones geográficas, siempre que la obra fuera presentada en castellano.

Escritor y profesor de creación literaria, ganó el premio de cuento Ciudad de Bogotá 2013 con Los aplausos (IDARTES/Taller de Edición Rocca, 2014). Coordinó dos libros de creación colectiva que implicaron el trabajo de campo con una organización de base social: Vidas de historia. Una memoria literaria de la Organización Femenina Popular (2016) y Escrituras del desarraigo. Historias de vida, Floridablanca-Santander (2019). Desde el 2018, pertenece al comité asesor del Museo Casa de la Memoria de las Mujeres y de los Derechos Humanos del Magdalena Medio (Barrancabermeja).

Termina una tesis doctoral sobre novelas inacabadas en Latinoamérica para la Universidad de Illinois. En Chicago hizo parte del comité organizador de la 3ra Feria Latinx del Libro (2019). Integra la editorial independiente colombiana Himpar editores.

Para quienes aún no te conocen, ¿quién es Óscar Daniel Campo Becerra? ¿Qué te motiva a escribir?

Soy de una ciudad colombiana, en la mitad del trayecto que va de Bogotá a la Costa Caribe. Una ciudad que es puerto y que se construyó alrededor del petróleo y por eso también de luchas sociales en las que todavía estamos. Así que llegué a la escritura sin tener ni idea del mundo literario que en Colombia sigue siendo cerrado y bogotano. Me interesa la escritura como un espacio político y por eso tengo una pata puesta en la edición, en los talleres de escritura y en la academia: creo que para expandir y hacer punzante la escritura hay que trabajar en muchos frentes, porque conseguir hacer un buen texto no garantiza nada si no te publican, ni te leen, ni te comentan. La tarea consiste en abrir otros espacios en los que se encuentren las escrituras y tejer redes con otros pequeños espacios ya abiertos. Entonces, de alguna manera, soy ese que se la pasa hablando de que escribir sirve para hacer comunidad y viceversa: la comunidad hace que me den ganas de escribir. Días hábiles es un poco eso: el resultado de pensar una escritura que contenga formas de hacer comunidad.

 Tu obra Días Hábiles ha sido proclamada ganadora del Premio Anne Bonny 2020 por unanimidad del jurado, ¿qué te motivó a presentarla a este premio al otro lado del charco?

Es en parte culpa de Roberto Bolaño. Me aburro un poco leyendo sus novelas, pero soy fan de sus cuentos, y hay uno que me sigue impresionando, 'Sensini', en el que un joven escritor le pide consejos a otro reconocido, que el joven por supuesto admira, y el escritor reconocido le recomienda que mande a concursos y le hace toda una clasificación de a cuáles vale la pena mandar. El cuento está basado en realidad en Di Benedetto, un cuentista argentino buenísimo que enviaba mucho a concursos en España.

Yo durante mucho tiempo me sentí mal, porque disfrutaba secretamente de la idea de mandar a concursos, fue durante mucho tiempo el motor no tanto de la escritura, pero sí de poner en limpio textos y cosas que de otra manera se acumulaban un poco sin sentido (eso sentía yo) en el computador o en hojas sueltas. Y era una cosa que me pasaba desde niño: escribía para mandar a concursos y la pasaba mal cuando salían los resultados y no quedaba. Pero de vez en cuando pasaba algo favorable y eso me animaba, pensaba que un grupo de gente que no me conocía había leído y le había gustado mi texto. Ahí le encontraba otro sentido a la escritura, porque resonaba de alguna manera en los demás, en unos desconocidos, y eso me parece seductor todavía hoy. Entonces cuando terminé esta novela, lejos de Colombia, pensé en eso, en exponerme y enviar a concursos. Hice una selección de los que me llamaron la atención, muy pocos en Colombia, quizá solo uno en Bogotá, y los demás por fuera.

Bolaño cuenta que 'Sensini' solo valía la pena de publicar si se ganaba un concurso y a mí como que pasó un poco lo mismo con Días hábiles.

Días Hábiles tiene una estructura muy original, se trata de una novela polifónica en la que se alternan distintos narradores. No obstante, el argumento gira principalmente en torno a un momento crítico en la vida de un joven profesor universitario, ¿se trata de una proyección del autor? ¿Qué tiene de individual y de coral la novela?

Las voces fueron una parte importante del proceso. Cuando aparecieron, todo cambió en la escritura. Yo estaba un poco encartado con la historia del profesor, que era la historia central, allí estaba el “momento crítico” al que te refieres, que fue un poco el disparador. Pero yo venía de escribir un libro de cuentos, tenía miedo de escribir un cuento largo, algo que en realidad no fuera novela. Y creo que fue lo que pasó inicialmente. La primera versión, centrada en el profe era eso, un relato que se me había salido de las manos o que estiré para darle forma de novela corta.

Me aparté del manuscrito un tiempo, y cuando volví a él pasaron dos cosas que me ayudaron a destrabar el asunto: me di cuenta de que convenía alejar al profe temporalmente del “momento crítico” para que pudiera procesarlo mejor (porque el tipo se la pasa reflexionando y elucubrando cuanta cosa, pero eso no se sostenía si el dolor era reciente y estaba crudo, o no se sostenía igual). Lo otro que advertí fue que, al situarlo en una nueva vida, intentando rehacer un poco su desorden, ganaba importancia el encuentro con otros, en este caso los vecinos del edificio al que llegaba a vivir. Y a partir de ahí fluyó mejor, al menos eso sentí yo.

Naces a mediados de los ochenta y a escasos 500 km del Nobel e icono del Boom Gabriel García Márquez, ¿qué influencia de este y otros autores de entonces dirías que queda en la literatura colombiana actual y en la tuya propia?

Mucha influencia. Por dos razones: leyendo cosas de él en el colegio experimenté por primera vez esa fiebre de meterse en un mundo escrito por otros y de sentir que me quería quedar a vivir ahí. Pero luego también me pasó que leyendo los cuentos de García Márquez, y quizá alguna de sus primeras novelas, como que tuve una sensación extraña de: “ahhh ok, es posible que la realidad inmediata de uno también sirva para escribir cosas y crear estos mundos”.

Barrancabermeja no es la Costa Caribe de la que habla García Márquez, para empezar no hay mar, hay otra cosa, el río, que ha ocupado un espacio menos protagónico en la tradición literaria en Colombia, y las ganas de hablar sobre el río aparecieron en el libro de cuentos (más que en esta novela). Pero en Barranca sí hay almendros, hace calor y mucha gente que bajó por el río desde la Costa Caribe a la ciudad trajo parte de la cultura propiamente costeña, la familia de mi papá, por ejemplo, y a mí esa familiaridad de la ficción escrita y la experiencia inmediata que experimenté leyendo a García Márquez, me acercó mucho la idea de escribir, fue como una manera de entrar al lenguaje literario que nunca necesitó la aprobación del mundo cultural bogotano, en donde igual me ha costado mucho desenvolverme o sentirme cómodo.

 ¿Qué papel crees que juegan o están destinadas a jugar las editoriales independientes en el panorama actual?

En un evento al que nos invitaron a participar con Himpar Editores, oí a Donatella Lannuzzi, de Gallo Nero Ediciones, hablar de cómo las editoriales independientes estábamos sorteando la crisis con un margen de maniobra mayor al de editoriales más grandes, simplemente porque nuestro modelo de negocios es distinto: tirajes pequeños, un número corto de novedades, gastos muy localizados, en fin. Ese lugar de las editoriales independientes me parece modesto pero relevante en el marco mayor de la discusión sobre cómo salir de este hoyo negro en el que están todos los renglones de la economía y que ha afectado sin duda los circuitos de circulación de libros.

Ahí estamos las editoriales independientes como Himpar o como La Marca Negra insistiendo en difundir proyectos de escritura casi desde un activismo cultural y una apuesta por crear pequeñas comunidades lectoras en medio de un mundo que se cae a pedazos: no solo habría algo valioso en esa temporalidad más pausada y ese recorte más concreto del “modelo de negocios” sobre el que nos toca operar, sino también una búsqueda no esencial del rendimiento económico y un encuentro con el otro que no pasa exclusivamente por una relación corporativa o por un sentido de lo utilitario. ¿Cómo reacomodamos nuestra relación con lo improductivo?: esa pregunta de hecho es una pregunta que se hace el arte permanentemente.

La obra va acompañada de diferentes epígrafes cuya mirada abarca desde el cine o la pintura hasta la música y, cómo no, la literatura. ¿Qué importancia tiene la cultura popular y esas referencias en particular en tu obra?

En la línea de lidiar con la carga de elitismo asignada a la literatura, los epígrafes me previenen un poco y dudé mucho antes de decidirme a usarlos. Pero quisiera que comuniquen cierta experiencia omnívora de productos culturales que cobran sentido a partir de lo que estoy intentando hacer en un proceso particular de escritura. En el fondo, solo quiero seguir la charla. Hablar de esta canción que me encontré de Systema Solar o La Etnnia y que tiene que ver con tal personaje, o esta escena de una película sobre protestas policiales en París. Pero hay que esperar a ver qué opinan los lectores del encuentro con esos epígrafes, al final son mensajes dirigidos a ellos.

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Publicado el
15 de septiembre de 2020 - 17:35 h

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