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REGIÓN DE MURCIA

La cebolla de la exclusión que siempre nos hace llorar

Pero históricamente las relaciones jerárquicas de poder y sus mecanismos de opresión, como el acto de excluir, nos han jodido la fiesta en el Edén

La tendencia hasta ahora siempre ha sido el varón como gestor de recursos y la mujer dada a las labores de cuidado

¿Sabes de donde sale el término feminazi? Esta palabra fue acuñada por Rush Limbaugh, un conservador antiaborto del partido republicano de Estados Unidos en su libro de 1992, The Way Things Ought To Be

Cebolla roja

Cebolla roja

¿Por qué somos diferentes? Conforme se han ido desarrollando las interpretaciones de lo que es o debería de ser la realidad ha habido momentos de inflexión en los que una idea primigenia se ha ido disgregando en archipiélagos cuyo origen ha sido obviado para construir identidades totalmente diferentes. Como puedes ver, hoy me toca ponerme seria.

¿Estas identidades son antagónicas? Nuestro optimismo y filantropía nos dice desde un primer momento que no tiene por qué, e incluso, que dentro de todos estos espacios la convivencia podría ser válida entre todas nosotras, que todas somos iguales y tenemos los mismos derechos. Pero históricamente las relaciones jerárquicas de poder y sus mecanismos de opresión, como el acto de excluir, nos han jodido la fiesta en el Edén. Hoy hablaremos de poder, cebollas y sexos - y también de sexualidades-.

Comencemos hablando de las mujeres liberadas de su destino reproductor u otras entidades como aquella marica soltera que ni de hijos quiere escuchar. Estas provocan, en el grupo, un rechazo cultural lícitamente reprimible.  

Esto es el concepto antropológico de otredad: la otra rompe la identidad de uno mismo, de los individuos, de las sociedades que creen encontrar su reposo y su seguridad, y eso no le viene bien al orden preestablecido.

Desde aquí podríamos exponer una cantidad de ejemplos desproporcionados sobre cómo hemos tratado las diferencias que, como humanidad, nos podría dar vergüenza ajena,  aunque me quiero centrar en un asunto en especial y es cómo hemos llegado a que los machos llegaron a mandar y no fueron las mujeres homosexuales armadas hasta los dientes las reinas a las que rendir pleitesía. 

En un momento de la historia, desde que comenzamos a asentarnos y dejamos la moda de ser nómadas, entre los hombres y las mujeres se empezaron a repartir una serie de trabajos para no morir de hambre o de frío y poder seguir sobreviviendo como sociedad a través de la reproducción.

La tendencia hasta ahora siempre ha sido el varón como gestor de recursos y la mujer dada a las labores de cuidado. Es un resumen muy rápido de como el mando pasaba a él y cómo ellas se encontraban en segundo plano desprovistas de cualquier tipo de delegación real en la toma de decisiones; a esto lo llamamos sociedad patriarcal basada en unos roles de género asumidos. Es más, por cómo se estructura, hombres con mujeres, se llamará sociedad heteropatriarcal.

¿Cómo mantenemos esto durante tanto tiempo? Para las desviadas del sistema, tenemos la moral como herramienta coercitiva que dice lo que es nosotros - lo bueno - y lo que es lo otro - lo puto peor -.

A través de ella encontramos capas formadas por instituciones heteropatriarcales que protegen lo aceptable, separando lo bueno de lo horrible; líneas tan inquisitivas como la construcción de la masculinidad y tan frágiles al mismo tiempo como sentir un deseo natural por lo políticamente incorrecto.

Una vez que traspasas los límites de la moral ya no puedes volver al supuesto centro, aunque sí es cierto que las zonas alrededor del nucleo son “tolerables”, como por ejemplo, una pareja de hombres felizmente casada.

Al final estos mecanismos de control son tan efectivos que ni falta hace poner ningún tipo de policía de pensamiento, si no es el mismo grupo quien nos da violentas lecciones de quién manda y cómo hacerlo para ser un verdadero fucker, un triunfador entre los machotes.

Y a lo mejor, querida lectora, piensas que todas estas cosas son como teóricas que se inventan la gente para hacerse la femilista y que estas dinámicas de violencia y exclusión ocurren porque el ser humano es malo por naturaleza, ¿verdad? Pues no, mi pequeña T.Hobbes, resulta que desde los estratos más altos sí hay gente que le interesa que esta segregación siga estando así y proporciona a las sociedades nuevas herramientas para seguir el establishment.

El ejemplo del día: ¿sabes de donde sale el término feminazi? Esta palabra fue acuñada por Rush Limbaugh, un conservador antiaborto del partido republicano de Estados Unidos en su libro de 1992, The Way Things Ought To Be  - Cómo deben ser las cosas-. Limbaugh compara a las feministas a favor del derecho de decidir lo que quieren hacer con su cuerpo con los nazis, refiriéndose al aborto como un holocausto moderno. Vamos, un perla.

A modo de conclusión, es un poquito desalentador saber que la inmensa mayoría de la sociedad que busca ser aceptada desesperadamente no te va a dar nunca la oportunidad de ser igual que ellos por la concupiscencia exacerbada que caracteriza tu espíritu libertario, aunque ten claro que al final todas las personas somos tan distintas que nos une más las diferencias que la exclusión que nos intenta separar, solo que aun no te dado cuenta de que semejante maravilla posibilita el diálogo y la aceptación de nuestra disonante idiosincrasia.

Para finalizar te dejo una metáfora: ya sabemos cómo son las cebollas ¿no?, están formadas por capas que dan vueltas sobre sí misma. Al fin y al cabo todo se reduce a proteger desesperadamente la fragilidad de la masculinidad, como cuando el hombre creía que el mundo giraba alrededor de él para demostrar su superioridad existencial, o cómo los planteamientos machistas giran desenfrenadamente sobre sus propios testículos: todos vacíos de contenido y discurso.

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