'Lo de Cieza': el asesinato en la casa del alcalde que salpicó a Cánovas del Castillo en la víspera electoral de 1872

Retrato del politico e historiador español Antonio Cánovas del Castillo (1828-1897), que llegó a ser presidente del Consejo de Ministros de España en varias ocasiones y murió asesinado por el anarquista Michele Angiolillo en 1897. (Ricardo de Madrazo y Garreta)

Un suceso ocurrido en Cieza volaba por los telégrafos, se publicaba en la Región y en todo el país. Hablaban del tiroteo y muerte del líder del partido radical de la localidad, Pascual Rodríguez. Ya tenemos el qué. El dónde era más enrevesado: la casa del alcalde. El regidor era Francisco Fernández Arce, quien había tomado el mando tras la Gloriosa, en 1868. Nos situamos en 1872, año de elecciones nacionales, en Cieza el gobierno era “liberal y monárquico”(Francisco Javier Salmerón Giménez en ‘Historia de Cieza’ volumen IV).

La España decimonónica

Las divisiones y convulsiones políticas, sumadas al acecho de las guerras carlistas y la inestabilidad militar, no dejaban un escenario tranquilo. En agosto se volvían a celebrar elecciones tras no llegar a formarse Gobierno. La Región de Murcia no era ajena a la explosión de violencia:La Época (sábado 24 de agosto de 1872) narraba como los ‘movilizados’ en Ojós habían disparado al alcalde, encerrándolo en su casa, en Calasparra invadieron los montes del Estado “por un telegrama falso” declarándolos libres, en Cieza los guardas rurales fueron desarmados por el gobernador, lo que provocó “grandes robos de esparto”.

El 24 de agosto, día grande de Cieza, día de san Bartolomé, se debía ir a votar, debían hacerlo los hombres ciezanos mayores de 25 años; por suerte la feria había sido aplazada (El Imparcial, 1 de agosto de 1872). Pero la noche anterior ya partió el primer telegrama desde la localidad advirtiendo del ruido de tiros y trompetas de voluntarios movilizados.

Antes de entrar en materia nos ponemos en situación: Cánovas del Castillo, hijo adoptivo de Murcia, precursor de la vuelta de los borbones y uno de los artífices de la Restauración, figura clave del siglo XIX español y expresidente de España, fue elegido por Cieza en diferentes ocasiones para Cortes, concretamente en este año de 1872 fue elegido en las primeras elecciones. Su hermano Emilio logró ser elegido en las segundas elecciones en el municipio. Y el tercer elegido en las terceras elecciones de 1872 fue Ángel Carvajal y Fernández de Córdoba, marqués de Sardoal, abogado granadino que “durante el Sexenio Democrático militó en el Partido Radical encabezado por Ruiz Zorrilla” (Real Academia de la Historia).

Tiempo de presiones

Bien, el clima caluroso de agosto venía más caldeado por las presiones políticas. El 16 de agosto, días antes del suceso, La Época, diario conservador,temía que Cánovas del Castillo no fuera elegido. El Imparcial, diario que cuidaba la sección de información y considerado como el periódico más influyente en la España de estos años, publicaba el 18 de agosto de 1872 que “apenas pasaba un día” sin que La Época  se ocupase de los asuntos ciezanos. La cuestión era que Cánovas se presentaba “como conservador en contra de los radicales”, en este caso el marqués de Sardoal. Lanzaba El Imparical una terrible acusación: el alcalde de Cieza, “amigo de Cánovas”, dejó de entregar 1500 cédulas para los electores. El hijo del alcalde de Cieza, José Fernández Camacho, entregó una carta de su padre, Francisco Fernández Arce, a la redacción del mismo periódico, donde especificaba negando “de una manera terminante” que se hubiera dejado de entregar 1.500 cédulas al electorado, de ello respondían “como hombres de rectos y probados antecedentes liberales”.

Los hechos

Aquella noche extraña, calurosa seguro (de ánimo y camisa doblada), preelectoral y veraniega; aquel 23 de agosto en vísperas de san Bartolomé, patrón de Cieza y con la feria aplazada, mataron a Pascual Rodríguez en la casa del alcalde. Hay diferentes versiones que empañan los hechos, no solo los periódicos trataron el asunto, los cronistas también recogieron el incidente. Ricardo Montes Bernárdez en ‘Cieza durante el siglo XIX’ contó que la noche del 23 de agosto un político madrileño fue a dar un mitin “para apoyar a los radicales ciezanos, seguidores de Ángel Carbajal, alcalde de Madrid y marqués de Sardoal, frente a la candidatura para diputado de Cánovas del Castillo”. El historiador e investigador explica que los seguidores de Cánovas, “los francos, esperaron armados con revólver, matando al jefe del Partido Radical de Cieza, Pascual Rodríguez, de 52 años, e hiriendo a otro de sus seguidores en la Plaza”. 

En ‘Historia de la Excelentísima Ciudad de Cieza’, Ramón María Capdevila narra que los “revolucionarios y republicanos” habían convocado una reunión en la casa de la calle Angostos presidida por Francisco Fernández Arce. En la sala, cuenta, estaban, además del alcalde, otros prohombres locales como Manuel Aguado Moxó, Fernando Marín Bermúdez, Domingo García Marín, yerno del dueño de la casa, Baldomero Camacho Marín, Evaristo Fernández Marín o Francisco Hernández, más conocido por ‘Frasquito, el rojo’. Capdevila coincide con la versión de la bala atravesando el cuerpo del maltrecho Pascual. “El escándalo fue inenarrable, la confusión enorme. Mientras unos acudían al herido mortalmente, otro, los conspicuos, trataban de preparar la coartada”. 

El Gobernador de Murcia, Alberto Aguilera, que formaba parte del Partido Liberal, envió un telegrama al Gobierno central que El Imparcial reproducía el 25 de agosto. Relataba que había regresado de Cieza “donde queda restablecido el orden, y el nuevo juez formando las diligencias sobre lo ocurrido”. El gobernador relataba que el origen del suceso tuvo lugar en la casa del alcalde, donde se hallaban dos individuos del partido radical, uno de ellos “un jefe, conferenciando con la autoridad local”. De pronto “una turba de hombres armados se arrojó sobre los radicales, dejando mal herido al uno, que se ha muerto, y salvando el segundo su vida milagrosamente”. El gobernador aseguraba que los desórdenes siguieron en la calle. Una vez que se restableció el orden, el juez decretó “algunas prisiones”. La Iberia, otro diario nacional, dudaba del comunicado emitido por la autoridad regional, y ponía en el punto de mira al Partido Radical. La Época, mientras tanto, “no podía permanecer indiferente” al “hecho inaudito de haberse mandado desarmar las guardias municipales y los guardas de viñas y montes de Cieza y Yecla, para dejar entregadas las propiedades de los amigos de Cánovas a la rapacidad del proletariado de aquellos pueblos”. Desconfiaba también de lo redactado por el gobernador y añadía “sin gran riesgo” que se habían intentado “y quizá consumado” nuevos crímenes contra “los amigos de Cánovas”“desarmados y desamparados”.

La última noche de Pascual Rodríguez

El 27 de agosto El Imparcial sacaba en portada ‘lo de Cieza’. Aquí se lucía el periódico explicando con todo tipo de detalles el suceso. Relataba el diario que el partido radical trataba de hacer una manifestación en favor de un hijo de José Rodríguez, presidente del comité radical y que acababa de llegar de Madrid, y de ello se había dado conocimiento a la autoridad local. Ya iniciado el acto fue llamado por el alcalde para que se desplazara a la casa del regidor. Allí se encontró al alcalde rodeado de partidarios de Cánovas del Castillo. Pascual, su hermano, temeroso, fue para evitar que José fuera objeto de “siniestros fines”, e instantáneamente se arrojaron, revólver en mano, sobre los hermanos. “Los que acompañaban al alcalde dispararon sobre ellos quedando gravemente herido Pascual”, que falleció a la mañana siguiente. José salvó su vida. El capitán de milicia se quedó en la puerta “para saber el resultado de la conferencia” y fue atacado por un grupo de hombres que se hallaban en el zaguán, “debiendo su salvación a la ligereza de sus pies”, pues fue perseguido hasta la plaza pública, donde se reunió con los manifestantes. Allí los dos bandos se encontraron, pero la intervención de un capitán de reemplazo evitó mayores desgracias. Los radicales, “milicianos algunos de ellos, se habían armado y se prepararon para tomar represalias de la inesperada agresión”. A las pocas horas llegaba el juez de primera instancia, Mendo de Figueroa, que inmediatamente se encargó del juzgado y reclamó las primeras diligencias al juez de paz, partidario de Cánovas y que decretó algunas prisiones.

Según el diario “Rodríguez declaró antes de morir” y designó los nombres de sus agresores. “Los reducidos a prisión fueron García, yerno del alcalde, y Aguado, amigo íntimo del anterior juez Barnuevo”.

La Paz de Murcia, el 26 de septiembre de 1872, traía un extracto de la sesión celebrada el 24 del mismo mes. La sesión en Cortes podría dar luz sobre el asunto. Vamos con ella: el marqués de Sardoal, representante del distrito tras las elecciones, recordaba la sangre derramada en Cieza. Contó que uno de los electores fue a verlo y al volver trataron de darle una serenata, cosa que no era del agrado del alcalde de Cieza, quien mandó llamar a José Rodríguez, jefe del partido radical. José fue a casa del alcalde acompañado de su hermano Pascual y encontraron allí reunidos al Ayuntamiento con guardas de montes y funcionarios. Estando allí sonó un: ‘¡Fuego!’, y un tiro de revolver atravesó el cuerpo de Pascual. El marqués aseguraba que la milicia, sus amigos, no pudieron disparar puesto que sus municiones habían sido retiradas y, además, no pudieron ser los que hirieran a Pascual porque sus armas “eran de proyectil esférico”, cuando el que hirió era cónico y de revolver “porque la herida estaba inclinada de arriba abajo” y porque quedó el “‘fogozano’ en la pared”.

¿Quién asesinó a Pascual Rodríguez?

Comienzan a encontrarse las versiones. Ramón María Capdevila en su libro (antes citado), continuaba ampliando lo que sucedió después: “Fueron grandes los esfuerzos que se hicieron para descubrir al autor del homicidio”. Según la narración, después de algún tiempo, “por indicios”, se procesó y cumplió condena ‘Frasquito, el Rojo’, pero él “no tomo parte alguna en el hecho que se le imputaba”. Consintió el procesamiento y no protestó de las acusaciones que se le acumularon “por las promesas que le hicieron los señores encargados de sacarlo en libertad a costa de lo que fuere y en plano muy corto”. Y no fue así. “Aguado, Camacho, García, Marín Barnuevo y Fernández, que fueron procesados algún tiempo después” vieron cómo se decretaba el sobreseimiento de sus causas y ‘Frasquito, el Rojo’ “sin que persona alguna se acordara de él” cumplió día por día, ocho años de presidio. Pascual Rodríguez quedo muerto y sin saberse ciertamente quien le había cortado el hilo de existencia.

Durante meses se murmuró por el pueblo mucho sobre la conducta del alcalde diciéndose “en secreto a voces” que él había pagado la mano que liquidó a Rodríguez, mientras que sus amigos sostenían resueltamente que no había tenido “arte ni parte en la muerte de aquel”. “Vista en entredicho su reputación y que a medida que pasaban las horas se iban acentuando las acusaciones en su contra” el 1 de septiembre pidió un mes de licencia al Concejo y le fue concedida, encargándose el primer teniente de alcalde Benito López. Pero siguió la revuelta en el pueblo y no habiéndose amenguado las acusaciones privadas contra Fernández Arce pidió otro mes de licencia que le fue concedido, volvió Benito. “Pero a este se le hacia la carga pesada. El 6 de octubre pidió licencia y pasó a Pedro Buitrago Marín, alistado al partido isabelino”. Fernández Arce renunció a su puesto en noviembre de 1872, asumiendo el cargo Francisco Téllez Marín.

Con ‘Frasquito’ en la cárcel, con el alcalde huido y con el pueblo alborotado, quedaba Cieza. Aunque sea por unos minutos, Pascual Rodríguez ha vuelto, se ha intentado contar su tragedia. Borradas las señales terrenas, las presiones, las injurias, incluso la mano ejecutora, que alejada ya del cuerpo siga volando su alma.

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