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María Luisa Gómez Pelayo, la aristócrata que dirigió un hospital

Tuvo un papel importante en la fundación de la Casa de Salud Valdecilla, antecedente del actual Hospital Universitario Marqués de Valdecilla. 

Tras la muerte de su tío, el marqués de Valdecilla, accedió a la presidencia del patronato directivo, un cargo que desempeñó durante veinte años.

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Ilustración de María Luisa López de Pelayo | Alexandra San Juan

Ilustración de María Luisa López de Pelayo | Alexandra San Juan

Después de penosa y larga enfermedad, sobrellevada con ejemplar resignación cristiana, ha muerto en Madrid, como consecuencia de un colapso, la ilustre dama montañesa doña María Luisa Gómez Pelayo, marquesa de Valdecilla. En el momento de morir le acompañaba su marido, D. Eugenio Rodríguez Pascual. Con su desaparición pierde la sociedad española una figura característica por su caridad escondida y generosa. Su nombre está ligado a una de las mejores instituciones benéficas: la Casa de Salud Valdecilla, de la que…

La cursiva pertenece a la necrológica publicada por el diario ABC el miércoles 4 de abril de 1951. Como todo obituario utiliza eufemismos -penosa y larga enfermedad- y sintagmas de molde -ejemplar resignación cristiana- para apuntar los motivos por los que la sociedad debe sentir la pérdida de la difunta -su caridad escondida y generosa- y señalar a continuación su obra magna: la Casa de Salud Valdecilla de Santander, un hospital que se adelantó en varias décadas a su país.

María Luisa Gómez Pelayo, marquesa de Pelayo y sobrina del marqués de Valdecilla, es recordada por su contribución a la puesta en marcha de la Casa de Salud Valdecilla. En la fotografía, en una página del semanario Gran Mundo.

María Luisa Gómez Pelayo, marquesa de Pelayo y sobrina del marqués de Valdecilla, es recordada por su contribución a la puesta en marcha de la Casa de Salud Valdecilla. En la fotografía, en una página del semanario Gran Mundo.

La vida de María Luis Gómez Pelayo Zubeldio y de la Torriente, nacida en Santander en 1870, no puede entenderse sin el centro médico que contribuyó a fundar junto a su tío, el marqués de Valdecilla, a principios de los años 30 del siglo XX. La historia está ligada a una fortuna de indiano en América pero también a la epidemia de gripe española de 1918 que evidenció las carencias del antiguo hospital de San Rafael. La sociedad santanderina exigía un nuevo hospital y en esa tierra de nadie que son las demandas populares insatisfechas -ni la diputación ni la burguesía local encontraban fondos para acometer la empresa- emergió Ramón González de la Torriente, que se ofreció a financiar el proyecto a cambio del control sobre el mismo.

La idea era ambiciosa y el marqués, que se intuía en sus últimos años de vida, confió en su sobrina para crear un hospital moderno homologable en Europa que debía ser, al mismo tiempo, un centro de investigación y de formación de profesionales. El marqués encargó la construcción del complejo al arquitecto Gonzalo Bringas, que diseñó un conjunto de pabellones comunicados en superficie y a través de un túnel subterráneo. Costó 16.628.582 pesetas y se inauguró el 24 de octubre de 1929.

El patronato encargado de la gestión del centro contaba con figuras de prestigio como Gregorio Marañón y estaba presidido por González de la Torriente. Desde la constitución del hospital María Luisa Gómez Pelayo figuró como vocal y tras la muerte de su tío, en 1932, se puso al frente de la institución.

 La Casa de Salud Valdecilla, fundada en 1929, se convirtió en el primer centro hospitalario español que unía la asistencia médica con la investigación y la docencia.

La Casa de Salud Valdecilla, fundada en 1929, se convirtió en el primer centro hospitalario español que unía la asistencia médica con la investigación y la docencia.

Descendiente de hidalga familia montañesa, doña María Luisa Gómez Pelayo, tuvo como único afán proteger al desvalido y dedicó todas sus actividades a remediar las necesidades de los humildes, con real sacrificio y austeridad personal. Su Majestad el Rey don Alfonso XII concedió a su tío el título de marqués de Valdecilla y a su muerte le fue otorgado a doña María Luisa el de marquesa de Pelayo. Complementó sus...

La Casa de Salud Valdecilla se hizo cargo de los pacientes que correspondían por ley al hospital de San Rafael sin renunciar la atención a enfermos privados o procedentes de contratos con mutuas, el Ejército y otras instituciones seleccionadas por el patronato. Fue el primer hospital español que integró asistencia, investigación y docencia, algo común en otros países europeos.

El programa para médicos postgraduados atrajo a los mejores profesionales del país y confirmó las idea inicial de los fundadores, plasmada años antes en un editorial de la Revista Médica de Barcelona: "Allá donde mejor se enseñe y más se investigue, allá será donde mejor se trate a los enfermos y se obtengan mejores estadísticas".

La biblioteca fue un empeño personal de Wenceslao López Albo, primer director médico de la Casa de Salud, que la consideraba imprescindible para el desarrollo de los internos y las investigaciones. La marquesa accedió a la petición y financió una de las colecciones de literatura médica más completas del país. Sin embargo, el intervencionismo creciente de Gómez Pelayo en los asuntos médicos pronto empezó a afectar al funcionamiento del hospital. 

 María Luisa Gómez Pelayo ejerció la presidencia del patronato del hospital durante treinta años, hasta su muerte en 1951. En la fotografía, busto dedicado a la marquesa en la Avenida Reina Victoria de Santander, obra de Mariano Benlliure.

María Luisa Gómez Pelayo ejerció la presidencia del patronato del hospital durante treinta años, hasta su muerte en 1951. En la fotografía, busto dedicado a la marquesa en la Avenida Reina Victoria de Santander, obra de Mariano Benlliure.

El gran giro en la relación entre el patronato y el personal médico tuvo lugar en marzo de 1930 a cuenta de la Escuela de Enfermeras. Tras varias dimisiones en la dirección de la escuela, la marquesa impuso a una enfermera de la Cruz Roja como instructora contra el criterio de López Albo y la dirección médica. Fue el inicio de una reestructuración que terminó con las Hermanas de la Caridad de San Vicente de Paúl al frente de la escuela.

El proyecto del marqués, de corte progresista y regenerador viró hacia el conservadurismo en manos de su sobrina. A pesar de poner en marcha el Rincón de Niños, donde los hijos de los trabajadores del hospital recibían educación y alimento, y promover los viajes de formación en el extranjero para el personal médico, la marquesa fue disminuyendo sus aportaciones financieras al centro. La guerra civil, la posguerra y una gestión cada vez más austera frenaron las expectativas de un hospital que había nacido en un contexto muy diferente, en una época en la que la ciencia española parecía capaz de mirar de frente a Europa.

María Luisa Gómez Pelayo, aristócrata por una fortuna cubana, siguió al frente del hospital hasta su muerte en 1951. La Casa de Salud que fundó junto a su tío es hoy el Hospital Universitario Marqués de Valdecilla que, casi un siglo después, mantiene el espíritu de asistencia, investigación y docencia con el que fue fundado en 1929.

La finada estaba en posesión de la Gran Cruz de Alfonso XIII, que le fue concedida con motivo de una donación singularísima a la Universidad de Madrid para la creación de la Cátedra Valdecilla en la Facultad de Medicina. Con la sencillez que corresponde a su vida se verificará hoy el traslado de los restos a Valdecilla (Santander), donde…

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