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Fiestas patronales

El calendario es inflexible y en Santander, para guardar las formas, se ha decidido suprimir el día festivo de la Virgen del Mar y mantener el de Santiago. Nadie dijo que ser alcalde fuera fácil.

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Ignacio Diego e Íñigo de la Serna durante la procesión de la Virgen del Mar.

¿Quién puede más, una Virgen o un Santo? Es una cosa que preocupa en Santander estos dias. Son curiosos los patrones. El de mi pueblo, por ejemplo, es la hostia, aunque está mal que lo diga yo. Hablo de santos porque miro los periódicos y veo que hay polémica con los efectos colaterales de la nueva festividad del Día de las Instituciones. El calendario es inflexible y en Santander, para guardar las formas, se ha decidido suprimir el día festivo de la Virgen del Mar y mantener el de Santiago. Personalmente, opino que una virgen tiene más superpoderes y que De la Serna no ha calculado bien, aunque imagino que en cuestiones santanderinas Santiago va muy por dentro. Nadie dijo que ser alcalde fuera fácil.
A mí me parece muy bien que haya un Día de Cantabria. En esta época hay días para todo. Seguro que incluso hay un Día
de la Leche Sin Lactosa. Con más razón un Día de Cantabria, que es mas grande que la leche sin lactosa. Y mejor. Lo triste es que estas cosas se resuelvan así, de una manera tan poca española. ¿Por qué hay que elegir? ¿Por qué hay que quitar un día? En los viejos tiempos se cogían los tres y listo. A veces parecemos franceses... 
Así que la Virgen del Mar se ha quedado sin su día rojo en el calendario. ¡Pobre Virgen! Con ese nombre tan bonito. Del Mar. De todo el Mar. En cuestión de vírgenes, en España tenemos para repartir. Del Mar, del Aire y de la Tierra. De los tres ejércitos. Terminará habiendo, si no existe ya, una Virgen de la Leche Sin Lactosa. Porque los que no digieren bien los lácteos también se merecen una patrona.
Son temas menores, de verano. A la gente de San Román le ha caído mal la decisión del alcalde. Se comprende, porque la Virgen es vecina, y ya se sabe lo que pasa en los barrios. A la que uno te pide tres veces la sal y te recoge el correo dos mañanas ya es como de la familia. Conque más una Virgen. Los vecinos culpan al Gobierno por insistir con el Día de las Instituciones. A Podemos, en cambio, le gusta la idea. La revolución en política era esto: agitar una bandera con el lábaru.
Y mira que suena gris lo de Día de las Instituciones. Aunque yo ahí no me meto. En Andalucía tenemos un Día de Andalucía desde que se aprobó el estatuto y nos va genial. A mí en concreto me va genial trabajando a mil kilómetros de allí. Pero veo que se termina la columna y se me va a olvidar contar la historia del patrón de mi pueblo.

Los vecinos de San Román culpan al Gobierno por insistir con el Día de las Instituciones. A Podemos, en cambio, le gusta la idea. La revolución política era esto: agitar una bandera con el lábaru.

La historia es la siguiente. Hace mucho tiempo, cuatro siglos por lo menos, a un hombre le encargaron llevar un lienzo 
que tenía pintado un Cristo crucificado a un pueblo que se llama El Mármol. Allí se dirigía, con su Cristo y un burro como medio de transporte, cuando se le hizo de noche por el camino y no le quedó más remedio que pararse a dormir en el lugar que le cogió más a mano, que era mi pueblo. Que se llama Cambil y en aquella época debía de ser un lugar para hacer noche tan bueno como cualquier otro. Hasta aquí todo normal. Por la noche, mientras el hombre dormía, unas vecinas se pasaron toda la noche rezándole al lienzo y a la mañana siguiente se desató el conflicto. En pocas palabras: no había manera de llevarse al Cristo del pueblo.

El hombre enrollaba el lienzo pero el lienzo se desenrollaba. Lo enrollaba y se volvía a desenrollar. Media mañana así, una y otra vez. Hasta que el hombre, que llevaba prisa, decidió llevarle la contraria al lienzo y lo colocó tal cual sobre el burro, sin liar y sin nada. El burro murió al instante. Reconozco que como milagro deja mucho que desear. Otros patrones apagan incendios, salvan a la ciudad de la peste, curan a los enfermos, hacen llover en verano... El de mi pueblo mató a un burro. La tradición no aclara exactamente por qué y los caminos del Señor son inescrutables. Volviendo a la historia: cuando el hombre vio aquello hizo un pequeño cálculo, llegó a la conclusión de que alguien estaba intentando decirle algo y decidió que después de todo, aquella gente de El Mármol podía encargar otro cuadro.

La moraleja es que hay que tener mucho cuidado con los patrones. Sobre todo si eres un burro.
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