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Volver a los clásicos

En Cantabria se sigue hablando de Valdecilla, de Sniace, del Centro Botín y de los problemas de De la Serna con ciertos vecinos que no están dispuestos a dejar sus casas para contentar a una constructora. El tiempo se ha convertido en una materia pegajosa como la atmósfera de los sueños

Susana Díaz: España es un proyecto con presente y con futuro

Revilla, acompañado por los presidentes de Andalucía y Asturias, en el desfile militar del 12 de octubre.

Hace un año en Cantabria se hablaba de Valdecilla, de Sniace, del Centro Botín y de los problemas de De la Serna con ciertos vecinos que no estaban dispuestos a abandonar sus casas para contentar al alcalde de Ramales de la Victoria, cuya constructora se especializó durante la pasada legislatura en obras con sobrecoste según el viejo sistema de pon quince y suma cuarenta en la modificación del proyecto. Si yo tuviera una constructora mi lema sería: échale huevos. Al fin y al cabo esto es España, donde ya no basta con salir en la foto, hay que hacerlo, preferiblemente, con el zapato sobre el cuello de alguien.

Entonces nos parecía vivir en el ojo del huracán. Con las elecciones a la vuelta de la esquina, la actualidad se retorcía con los músculos en tensión de un sprinter en los últimos doscientos metros de carrera. La actualidad sacaba los codos, apretaba los dientes. Nos llevaba a todos con la lengua fuera. Nos indignábamos con mucho estilo leyendo las portadas de los periódicos: contratos de colaboración público-privada, despidos, protestas, retrasos, excavadoras derribando casas de ancianas, más protestas, y hasta un presidente del Gobierno en persona, del Gobierno de Madrid, inaugurando un hospital vacío. Que lo sigue estando. Aquella visita dejó para el recuerdo y la hemeroteca una escena tan siniestra que solo puede considerarse una obra maestra de la nueva comunicacion política: Rajoy compareciendo ante la prensa a cien metros de los periodistas.

Estrictamente hablando, Revilla es la novedad de los últimos tiempos en la comunidad autónoma. Es como para echarse a temblar. Y sirve para medir los niveles de la maraña temporal. ¿Avanzan los días? El presidente ha regresado con el mismo discurso de 2008 en la carpeta.

La cosa es que en Cantabria hoy se sigue hablando de Valdecilla, de Sniace, del Centro Botín y de los problemas de De la Serna con ciertos vecinos que no están dispuestos a dejar sus casas para contentar a otra constructora que ya respira vapores calientes sobre el cogote del concejal de Urbanismo. El tiempo se ha convertido en una materia pegajosa como la atmósfera de los sueños, donde uno avanza a tientas esquivando cosas que, en un mundo organizado y racional, no deberían estar ahí. De los sueños uno se despierta, si tiene suerte, con resaca y con la extraña sensación de que alguien ha convertido el lugar donde solía estar tu cerebro en la sala de juntas de una comunidad de vecinos mal avenida. En casos menos afortunados, uno puede despertarse con Revilla hablando de trenes en Los Desayunos de TVE.

Estrictamente hablando, Revilla es la novedad de los últimos tiempos en la comunidad autónoma. Es como para echarse a temblar. Y sirve para medir los niveles de la maraña temporal. ¿Avanzan los días? El presidente ha regresado con el mismo discurso de 2008 en la carpeta. Vuelve los ojos a la meseta, pide trenes, introduce otra vez al Racing en la agenda política, le pega una colleja a Diego y vuelve a apostar por la megacosa de Comillas.

Todo se reduce a volver una y otra vez a los clásicos, donde no hay sobresaltos, ni turbulencias ni experimentos con la vanguardia. Revilla consigue reinventarse a sí mismo sin cambiar de corbata. Se limita a tirar de repertorio, como las folclóricas. Y de alguna manera intuye que en un lugar donde nada se mueve lo mejor es quedarse quieto, para no despertar a los que duermen.

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