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Entrevista

El calvario de un joven ludópata: "Ni el malestar ni la culpabilidad asfixiante me hacían parar de apostar"

Diego, de 22 años y nombre falso, se rehabilitó de su adicción a las apuestas deportivas tras perder 5.000 euros en dos años

"Llega un momento en el que tu felicidad por ganar se convierte en desesperación por querer recuperar lo perdido", relata este joven universitario

Joven introduciendo dinero en una máquina de apuestas deportivas. | R.A.

Joven introduciendo dinero en una máquina de apuestas deportivas. | R.A.

Las apuestas deportivas son una práctica tradicional y la adicción que generan tampoco es una novedad. Sin embargo, en los últimos años, el auge de las nuevas tecnologías junto a los cada vez más extendidos salones de juego han cambiado tanto el acceso a las mismas como la forma de llevarlas a cabo. Estamos continuamente expuestos a los mensajes publicitarios de las casas de apuestas que incitan a jugar, con periodistas y deportistas de élite como protagonistas. Y en toda esta revolución del juego con dinero, los más vulnerables son los jóvenes, adolescentes que empiezan con pocas cantidades como entretenimiento y que terminan totalmente enganchados, con grandes pérdidas económicas, aislados socialmente y con su rutina habitual absolutamente distorsionada. 

Este es el caso de Diego, quien bajo este nombre falso para preservar su privacidad, cuenta a eldiario.es su experiencia durante dos años y medio de adicción a las apuestas deportivas. Comenzó con 17 años y tras más de 5.000 euros en pérdidas, amistades y relaciones familiares rotas, dio el paso para participar en una terapia de Proyecto Hombre y consiguió vencer a su ludopatía. Ahora, con 22 años sigue con sus estudios universitarios y ha recuperado su vida.   

¿Cómo y en qué momento se inició en el mundo de las apuestas deportivas o del juego con dinero?

Supongo que como en todo habrá gente más proclive a caer en un problema como la ludopatía y con mi caso no quiero englobar a todos los jóvenes ni pretendo crear una imagen errónea de ellos. Y aunque oriente mis respuestas hacia ellos, es un problema que no mira por la edad, cualquiera lo puede estar sufriendo en silencio.

Mi comienzo llega en el instituto a los 17 años con una aplicación llamada Playfulbet a la cual jugábamos muchos chicos en clase. No se trata de una página de apuestas con dinero, sino de una versión 'light' en la que juegas con monedas ficticias y si llegas a una cantidad grande de ellas puedes canjearlas por premios. Todos ellos estaban muy orientados a un público joven, como videoconsolas, juegos u ordenadores. Esta aplicación despierta en mí el deseo de querer pasar al plano de las apuestas con dinero, ya que pensaba que era más sencillo obtener un beneficio rápido. En el momento que obtuve la mayoría de edad y tuve acceso a una cuenta bancaria, no dudé en comenzar con pequeñas cantidades, entre los cinco y diez euros semanales, en páginas de apuestas y salones de juego.

¿Cuál fue su evolución con respecto a esta práctica?

Comienzas con la idea de que es un pasatiempo que te mantiene entretenido y si le sumas la posibilidad de ganar dinero tienes el sueño de un adolescente: obtener dinero sin esfuerzo y con algo que te gusta, el deporte. No obstante, estas páginas web y máquinas de los salones de apuestas comienzan a hacer su trabajo. Crean en ti la necesidad de jugar, de estar pendiente de cómo van los partidos a los que has apostado, de sentirte nervioso por si pierdes o ganas. Básicamente, el juego se te mete en la cabeza y pasa a ocupar gran parte de tu tiempo e interés, dejando así en segundo plano cosas más importantes como los estudios, hobbies, relaciones con familiares y amigos... El juego, en mi caso y en otros muchos, te vuelve un ser asocial. Si comenzabas a jugar con amigos 'por las risas' terminabas yendo tú solo y a escondidas para que nadie te reconociese.

Ya pasados unos meses en los que te has iniciado y sigues ya una rutina de juego, que en mi caso eran varias horas al día, caes en la cuenta de que por mucho que juegues y mucho que puedas ganar, nunca es suficiente. Y es que lo de ganar es muy relativo, ya que hoy ganas dos apuestas y mañana pierdes diez. Generalmente, siempre tendrás pérdidas a la espalda, pero esto no evitará que tan solo recuerdes los momentos en los que hayas ganado y sientas esa adrenalina de volver a querer jugar para ganar dinero. Poco a poco las apuestas que antes eran de pocos euros, pasan a serte insignificantes, ¿para qué apostar 2 euros y ganar 5 si puedo apostar 20 y ganar 50? Ese es el criterio de un jugador, y una vez que pierdes el control que en un principio creías tener, ya todo solo puede ir a peor.

Tras perder el control perdiendo cada vez más y más dinero llega un momento de inflexión en el que ya no juegas para ganar y tener una vida más ociosa, solo lo haces con el objetivo de recuperar todo lo que has perdido. En ese momento de inflexión piensas que si lo recuperases todo lo dejarías para siempre. Sin embargo, la cruda realidad es que si así fuese estarías jugando de nuevo al día siguiente, pero con el alivio de no tener pérdidas.

Creo que son estas las cosas que convierten el juego en una enfermedad: Querer dejarlo y no poder, perder el control sobre el dinero que apuestas, dedicarle un tiempo que tenías para otras actividades y no poder pensar en otra cosa que no sea jugar. Tras año y medio ya había perdido casi 5.000 euros, había dejado el deporte que siempre me había apasionado y en los estudios iba de mal a peor, hasta el punto de replantearme dejar la carrera.

Suena muy superficial y parece que durante ese tiempo fuese un niñato sin dos dedos de frente, que sí que lo era, al que le importaba todo un comino, pero no, era un ser que vivía un infierno cada día y que se moría de miedo porque se descubriera su gran secreto. Cada día, con el peso de mis actos a las espaldas, sentía una culpabilidad asfixiante, estaba constantemente a la defensiva e inventando mentiras para, como yo pensaba, sobrevivir un día más.

Ni ese malestar ni la culpabilidad eran capaces de hacerme parar de jugar. No es algo sencillo de asimilar y es fácilmente criticable para el que lo ve en tercera persona, pero vivirlo es muy duro y convivir con uno mismo en esa situación también. El problema solo termina cuando descubren mis padres que he dejado mi cuenta sin apenas dinero y que he suspendido muchísimas asignaturas que decía haber aprobado.

Ese día lo recordaré como uno de los peores de mi vida. Pero no quiero engañar a nadie, si alguien que me lea lo está viviendo, le animo a pasar ese mal trago ahora, antes de que ya sea muy tarde y todo sea irreparable. Fue lo mejor que me podía haber pasado, porque una vez confesados todos los 'pecados', por mucho que doliese hacerlo, sentí que me quitaba un peso de encima enorme. A partir de ahí, quise poner remedio a la situación partiendo de cero.

¿Cuándo se dio cuenta de que tenía un problema de adicción y cuánto tiempo pasó desde que se inició en el juego hasta que fue consciente de ello?

Siguiendo con mi caso y mi experiencia personal debo reconocer que desde que tenía unos 7 años ya apuntaba maneras. En casa durante las navidades siempre andaba ansioso de jugar con dinero a un juego de cartas llamado Plato. Esto pasaba desapercibido para todos porque, como repito, tan solo era un niño.

Si oriento la pregunta a las apuestas deportivas, que son las que más daño me han hecho, debo decir que fui consciente de que tenía adicción al juego en el momento en que una mañana gané 400 euros, organicé durante el mediodía como los iba a distribuir durante el verano, y antes de que llegara la noche ya los había perdido. Esta situación se dio en poco más de un año desde que comencé a apostar. No obstante, el que fuese consciente desde ese momento de mi problema no quiere decir que antes no lo fuera, porque sí, lo era, pero no quería pensar que lo fuese.

¿Cómo afectó esa situación a su rutina diaria y a sus relaciones personales con familiares y amigos?

Mi rutina varió drásticamente. Pasé de no perderme ninguna clase a perderme más de la mitad, mi tiempo dedicado al estudio lo usaba para estar apostando desde el ordenador, dejé el fútbol… Realmente tan solo me apasionaba mi pareja, aparte del juego. Además, en el período de tiempo que estuve enganchado, que fueron aproximadamente dos años y medio, descubrí que en casa no quería relacionarme con mis padres, no vaya a ser que dijera algo sin querer y descubrieran lo que estaba haciendo. Mi rutina pasó de ser una rutina de adolescente normal, a una rutina dedicada simplemente a jugar y a estar pendiente del juego.

¿Qué le llevó a dar el paso para participar en el programa del Proyecto Hombre y cómo fue su experiencia en él?

Desgraciadamente, verme forzado por la situación, en la que una vez ya descubierto mi problema solo me quedaba agachar la cabeza y hacer todo lo que me dijesen, ya que había perdido la confianza, la voz y el voto dentro de mi entorno familiar. Sin embargo, aunque en un principio Proyecto Hombre solo lo relacionase con el lugar donde iban los drogadictos, me di cuenta de que es mucho más que eso. De hecho, pasa a ser tu nueva rutina, una rutina con normas a seguir y en la que te sientes muy a gusto pudiendo compartir tu experiencia con gente que ha pasado lo mismo que tú, con gente con la que te puedes abrir y soltar, con perdón, toda la mierda que tenías acumulada dentro y que nunca habías contado a nadie.

Es allí donde comienzas a darte cuenta de que se puede salir del problema con esfuerzo y siguiendo el programa que ellos llevan a cabo. Y es allí donde poco a poco vas recuperando tu vida, donde te animan a recuperar hábitos saludables y reparar todo aquello que habías roto con tus actos. Vuelves a ganarte con hechos la confianza que tanto te había dolido perder de tus seres queridos, y como decimos muchos de los que estamos allí, vuelves a ser persona. Además, no solo te ayudarán a ti, está pensado para ayudar a todo tu entorno familiar, ya que tus acompañantes durante la terapia también serán instruidos para poder sobrellevar la situación con la que se podrían ver superados al desconocer el problema. Es un sitio que recomiendo a cualquiera que crea estar teniendo un problema con el juego y no solo apuestas deportivas. Sin duda es una muy buena forma de plantar cara al juego para dejarlo de una vez por todas. La ludopatía, al ser una enfermedad mental, requiere de ayuda profesional y allí la encuentras. 

¿Qué le diría a alguien que se está iniciando en el juego y que dice que "controla" y que "siempre gana"?

Le diría lo que ya muchos de nosotros hemos oído de otra gente, que jugando no se va a hacer rico, que es un negocio en el que siempre gana la banca, que tiene mucho que perder y poco que ganar y que no hay que creerse el más listo del mundo, ni pensar que somos la excepción que rompe la regla, porque no. Y suena a tontería cuando juegas y ganas dinero pero es así, llegará un momento en el que tu felicidad por ganar se convierta en desesperación por querer recuperar lo ya perdido. Lo que tú piensas ahora, ya lo pensamos todos los que hoy buscamos una salida del juego.

¿Percibe que casos como el suyo cada vez están más extendidos?

Tristemente hoy en día entras a un salón de juego y te encuentras a grupos de chavales de 18 años llenando la zona de la ruleta, colas de gente que quiere apostar en las máquinas y ves que donde antes solo había dos máquinas de apuestas, ahora hay tres. Sí, es un negocio que está en auge y se aprovecha de los jóvenes que ven del juego un estilo de vida.

¿Considera que la ludopatía y la adicción al juego están consideradas socialmente como un problema como lo están el alcohol o el tabaco?

Quiero recalcar que hablo desde el punto de vista de un joven de 22 años y que mi opinión no tiene por qué ser la misma que la de otra persona en otra franja de edad. Partiendo de este punto, creo que las apuestas deportivas entre los jóvenes no están para nada mal vistas, de hecho es un tema de conversación bastante recurrido entre los que juegan. Por el contrario, de las máquinas tragaperras, del bingo o de juegos de ese tipo más tradicionales sí se consideran más problemáticos. Aún así, el juego no está tan visibilizado como lo están el alcohol o el tabaco debido a que es un problema fácil de ocultar y que no deja rastro, a excepción de en tu cuenta bancaria, pero puede generar muchos más problemas que los otros.

Cabe recalcarse que el juego, aunque haya existido durante muchísimos años, creo que ha sufrido un repunte en los últimos cinco años con la llegada de las máquinas de apuestas deportivas donde no se requiere de una tarjeta de crédito para jugar. El juego está siendo un negocio redondo para los que lo gestionan y está siendo uno de los mayores problemas entre los jóvenes que se ven afectados por él. 

¿Qué opina de la masiva presencia publicitariaque tienen las casas de apuestas y de que los protagonistas de sus anuncios sean periodistas o deportistas de élite, referencias e ídolos para muchos jóvenes?

Las empresas que se dedican a las apuestas deportivas se están aprovechando sin duda del pobre sistema de regulación que tenemos implantado en nuestro país y es por ello que estamos siendo espectadores de un constante bombardeo de publicidad sobre apuestas deportivas en todos los medios de comunicación, televisión, radio, internet, periódicos deportivos...

Llegará un momento en el que la situación haga abrir los ojos al Gobierno y se regule toda esta publicidad e incluso se elimine como ya se hiciera con el tabaco, pero hasta que no llegue tengo muy claro que por parte de las empresas no se va a llevar ninguna acción, se lucrarán de ello hasta que no puedan más. Lo que es una lástima es que deportistas y periodistas que son referentes para muchos jóvenes realicen publicidad de todo ello. Solo espero que no sean conscientes del mal que están ayudando a generar entre un público tan frágil como es el adolescente.

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