Los Bolsonaro, cuatro años de soledad
Cuando en el contexto del poder la trama augura o encierra una tragedia, la invocación a Shakespeare suele ser recurrente. Pasó con los Kennedy, comienza a suceder con los Trump, quien tiene un yerno en las conversaciones de paz con Irán y un hijo en los negocios, o con los Milei, donde la hermana del presidente, Karina, ejerce como primera ministra en la sombra.
Los Bolsonaro son una saga familiar más que se suma a esta suerte de nepotismo libertario, con varios hijos involucrados en la gestión política, uno como candidato presidencial, Flavio, y su actual mujer, Michelle, conspirando desde un segundo plano.
Como Brasil es un gran productor y consumidor de culebrones, tal vez, en lugar del clásico inglés, venga a cuento recordar un gran éxito de los años setenta, O Bem-Amado, una telenovela que detenía al país durante sus emisiones. El éxito de aquel serial se centraba en la figura del alcalde, corrupto y demagogo, de un pequeño municipio, que pretendía inaugurar un cementerio. La sátira giraba en torno a la necesidad del deceso de un vecino, a modo de atrezo, para la inauguración oficial. Como el muerto se demoraba en aparecer, el alcalde recurría a todo tipo de estrategias para alcanzar tal fin, desde fomentar una epidemia hasta contratar un sicario. Al pensar en los Bolsonaro, el culebrón precede a la tragedia (aunque esta proyecte su oscura sombra).
En estos días, a pocos meses de las elecciones generales brasileñas, el candidato por el partido de Bolsonaro, su hijo mayor Flavio, se ha topado con la irrupción de su madrastra, tercera mujer del patriarca, que ha hecho temblar su ya inestable figura.
Michelle de Paula Firmo Reinaldo Bolsonaro, tal es su nombre completo, de 44 años –uno menos que Flavio– se singularizó como primera dama al hablar en lengua de signos en el Palacio de Planalto al formar parte del Ministerio de Sordos de la Iglesia Bautista y dar, además, esa vez de viva voz, un saludo navideño junto al presidente en la noche del 24 de diciembre de 2019.
El mes pasado, ya en plena campaña, Michelle lanzó un video de media hora en el que anunció que dejaba de apoyar a su hijastro Flavio al sentirse traicionada por este en un contexto de disputas internas. El problema para el candidato es que Michelle es una estrella política avalada por la comunidad cristiana evangélica, que constituye uno de los ejes de apoyo del bolsonarismo. El Partido Liberal de los Bolsonaro (sí, le han puesto “liberal”), tiene a la ex primera dama como responsable de la rama femenina de la agrupación y después de la condena a Jair por el intento de golpe de Estado, contaba con apoyos para ocupar la candidatura que finalmente consiguió Flavio. Pero no solo este está en la diana de Michelle ya que en el video habla de un ataque coordinado de los hermanos, lo cual incluye también a Carlos, Eduardo y Jair Renan que también militan en el partido.
Eduardo, el tercero de los hijos, vive en Texas y desde allí realizó un lobby sin éxito para que la administración Trump presionara al gobierno de Lula con el fin de que retirasen los cargos contra su padre. Más aún, un tribunal brasileño lo declaró culpable, condenándolo a un año de prisión, por estas maniobras bajo el cargo de alentar la injerencia de otro país en el juicio al expresidente, razón por la cual no regresa a Brasil. Un detalle para terminar de vislumbrar su perfil es su vínculo con Steve Bannon para quien trabajó en The Movement, la organización que alentaba una internacional libertaria. Eduardo era responsable de Latinoamérica. A todas estas actividades, hay que sumarle una clara vocación de emprendedor y es aquí donde vuelve a tropezar y contribuye a la caída de su hermano Flavio.
En septiembre, un mes antes de las elecciones presidenciales, está anunciado el estreno mundial de Dark Horse, un thriller en el que se construye un retrato heroico de Jair Bolsonaro. El expresidente está interpretado por Jim Caviezel, el actor que protagonizó La pasión de Cristo de Mel Gibson, libertario confeso e invitado frecuente del pódcast de Steve Bannon, quien parece ser el autor de esta idea. Eduardo, protegido de Bannon, aparece como productor ejecutivo con autoridad sobre la gestión financiera y he aquí donde comienzan los problemas. El portal The Intercept Brasil reveló en un audio la conversación de Flavio con Daniel Vorcaro, un banquero preso, acusado de corrupción con políticos afines a Bolsonaro –entre otros–, en la que le solicitaba alrededor de 21 millones de euros para el proyecto. Flavio negó todo pero el medio publicó el contrato donde Eduardo aparece como productor. Si Aun estoy aquí de Walter Salles costó 6,6 millones de euros y El agente secreto de Kleber Mendonça Filho, 4,7 millones, ambas en los Oscar, ¿dónde ha ido a parar la mayor parte de ese dinero? De momento, Lula sigue subiendo en las encuestas.
En el tráiler de la película, Jim Caviezel en el rol de Jair Bolsonaro, después del atentado que sufrió en la campaña electoral de 2018, dice “Nada aterroriza más que ver que no puedes controlar tu propia vida”. Cabría preguntarse, siendo el jefe, ¿quién controla a la tropa?
Cuando Bolsonaro asumió la presidencia dio un discurso frente al Planalto, el palacio presidencial, en el que se erigió en liberador del azote socialista afirmando que la bandera de Brasil “nunca sería roja”. La multitud respondió con un cántico que Bolsonaro enfatizó: “¡Nunca roja!”. Milei, años después, dio su discurso inicial fuera del Congreso ante sus seguidores que estaban en la plaza, lo cual se tomó como su primer rechazo a las instituciones democráticas ya que, históricamente, este acto se produce en el interior de la Cámara antes los legisladores. También fue insólito un grito de guerra que dio esa mañana: “¡No hay plata”, consigna que sus seguidores corearon una y otra vez. Es curioso que quienes toman el poder para erosionar después el sistema por dentro sean tan transparentes. Bolsonaro, estigmatizando al otro; Milei resumiendo su plan social en tres palabras. Bolsonaro cumplió; Milei, de momento, no defrauda.
De todos modos, Bolsonaro llegó al poder por una vía que le allanó la justicia, a través del juez Sergio Moro, responsable de la operación Lava Jato, quien juzgó y encarcelo a Lula y con el triunfo del nuevo presidente pasó a ocupar la cartera de Justicia. Si bien este movimiento ponía luz difusa a una posible trama, el tiempo terminó revirtiendo el caso y todo acabó con la liberación de Lula y su regreso a la presidencia. En el segundo intento, Bolsonaro, con las elecciones perdidas, impulsó sin suerte el mismo movimiento golpista que escenificaron los trumpistas en el Capitolio en enero de 2020, quedando, afortunadamente, clara su debilidad. Es la que proyecta hoy al frente de su clan. Aquella vez, es bueno recordar, no solo se exhibió el complot en la vía pública forzando los edificios públicos sino que hubo reuniones de Bolsonaro con líderes militares para discutir la imposición de un estado de sitio y anular las elecciones.
Débil ha quedado quien como político habló siempre en nombre de las fuerzas armadas llegando, incluso, a pedir el restablecimiento de la dictadura militar que tuvo a Brasil cautivo entre los años 1964 y 1985. Quien además descartó la democracia más de una vez, es decir, una idea firme con la cual converge con Peter Thiel (“la democracia es contraria a la libertad”) y lo hizo de manera diáfana (y brutal): “Solo se cambiarán las cosas si hay una guerra civil y si se hace el trabajo que el régimen militar no hizo... Si mueren unas cuantas personas inocentes, no pasa nada”.
En la casa familiar deambulan los Bolsonaro dando tumbos pero fieles a un modo de ver el mundo. Son apenas cuatro años de soledad, desde que Jair perdió las elecciones. Faltan aún veintitrés para que se cumpla la condena del Supremo Tribual Federal de Brasil
Se podría decir que, a esta altura, nos hemos alejado del serial pero no tanto. Toni Soprano, así como Ricardo III elimina a sus sobrinos, no duda en matar al suyo, Christopher, cuando las circunstancias lo reclaman. Pragmatismo clásico. ¿O acaso no es ese el dogma de un individualismo darwinista que alientan estas familias? También entre ellos.
1