Ante las próximas elecciones europeas, no cabe la vieja política: ¡Que decida la militancia!

Un debate en el pleno del Parlamento Europeo.

Han pasado cuatro años y medio desde que llegué al Parlamento Europeo y creo que es el momento de hacer una retrospectiva y analizar el trabajo realizado. En términos generales puedo decir que ha sido una labor dura en un medio hostil, dominado por la tecnocracia y la gran coalición; pero creo, honestamente, que hemos podido realizar una buena labor y más si se tiene en cuenta que somos un pequeño equipo de pocas diputadas y un diputado.

En los temas en los que me tocó exponer y defender la postura de Izquierda Unida (Asuntos Exteriores, Seguridad y Defensa, América Latina, Derechos Humanos y Terrorismo) puedo decir con satisfacción que se ha conseguido colocar una voz que, con rigor, ha sido escuchada tanto por amigos como por adversarios. Y digo y recalco lo del rigor porque, como aprendí del maestro Julio Anguita, cualquier representante público de izquierdas debe estudiar con denuedo para que su voz, y la de todos sus representados, sea una voz que, fuera de los lugares comunes, plantee propuestas serias y una critica documentada.

A pesar de nuestra exigua representación, tanto en IU como en el grupo parlamentario GUE/NGL, nuestra actuación ha sido así: seria, coherente y responsable, sin caer en la denuncia fácil y proponiendo futuro. 

Yo, concretamente, he desempeñado el papel que me ha sido asignado, de ser uno de los vicepresidentes de la Comisión de Asuntos Exteriores, la más numerosa del Parlamento Europeo; y quiero decir, sin falso orgullo, que durante el tiempo en el que he presidido este espacio de 78 diputados y diputadas, me he ganado el respeto y lo he ganado para las tesis de Izquierda Unida, gracias a un trabajo parlamentario realizado desde el rigor y la defensa de las ideas. Respeto que significa además, para satisfacción mía, el respeto hacia todos los votantes de mi formación.

A lo largo de estos meses, nuestra voz, la voz de todos y todas las integrantes de Izquierda Unida, se ha escuchado en un espacio con 751 miembros y ha representado la voz de la solidaridad con América Latina, con los pueblos asediados por la guerra, con los movimientos sociales. Nos hemos destacado por defender una política de convivencia en el medio de esta nueva guerra fría cada día más caliente. 

Hemos denunciado sin tapujos las guerras impulsadas por Occidente que han incendiado nuestra vecindad y que han provocado el mayor éxodo de refugiados desde la II Guerra Mundial; personas con una especial protección por las leyes europeas, rechazadas para mayor descrédito moral de esta UE que hace aguas. 

Hemos puesto especial énfasis y hemos sido contundentes a la hora de denunciar la política militarista que nos impele a la confrontación y a la militarización del Mediterráneo, frente a la necesidad del auxilio a migrantes y refugiados que hoy fallecen por miles, en nuestro Mare Nostrum. Una política de Defensa agresiva subordinada al dictado de la OTAN, que ha desplegado tropas, aeronaves y carros españoles en las fronteras del Este europeo, haciéndonos cómplices de cualquier posible y terrible consecuencia que se pueda derivar de este posicionamiento que no hemos avalado.

Por el Parlamento, de nuestra mano, han pasado y hemos dado voz a quienes no suelen ser escuchados: expresidentes como Dilma Rousseff o Rafael Correa, líderes sociales de Colombia perseguidos y amenazados por su constante lucha por los derechos civiles, víctimas de las guarimbas (terrorismo callejero en Venezuela), heroínas palestinas como Ahed Tamimi o Leyla Khaled, los 5 héroes cubanos, entre otros. Experiencias y personas a las que hemos abierto las puertas de esta institución difícil y hostil, de la que salen propuestas y decisiones (nefastas) en materia de relaciones internacionales.

Por la gran satisfacción que ha supuesto, quiero hacer mención especial a nuestra contribución en el Parlamento Europeo para la redacción y adopción de la histórica “Resolución en apoyo al proceso de Paz en Colombia” y a nuestras intervenciones en la IV Comisión de Naciones Unidas para exigir la descolonización del Sáhara Occidental.

En lo personal y en el cuerpo, van miles de kilómetros recorridos, viajes eternos de ida y vuelta entre el mundo y mi casa de Villa de Vallecas y la que habito en Bruselas, para participar en misiones de acompañamiento electoral, verificación de los Derechos Humanos, en parlamentos o en sedes de los movimientos sociales y sindicales. La voz de los diputados y diputadas de Izquierda Unida ha brillado y se ha escuchado alto y claro a través de los continentes de este mundo convulso.

Se quedan muchas cosas en el tintero, pero estos ejemplos sirven para hacer un breve recorrido por lo que es una muestra de estos años, con jornadas de decenas de horas, en semanas de siete días. 

Hoy, con la conciencia del trabajo bien hecho, después de una profunda reflexión sobre los aciertos y errores cometidos, pero también, y sobre todo, de todas las causas y las tareas que nos quedan por delante, por defender, por pelear, por dar la batalla, quiero anunciar que he tomado la decisión de optar a un nuevo mandato en el Parlamento Europeo, con la idea de poder seguir desarrollando lo que creo honestamente, que es una labor necesaria en la próxima legislatura que será determinante para las luchas de la izquierda, debido al crecimiento y al ímpetu de la amenaza del fascismo, la xenofobia y el peligro de conflictos bélicos.

Aunque no hubiera sido mi voluntad, dado que lo dicho hasta aquí es lo que creo que debería poner fin a este texto, me veo en la necesidad de hacer referencia a un asunto que desgraciadamente, ha saltado a primera plana en los medios de comunicación y ha puesto en entredicho la labor hasta ahora realizada por todos y todas nosotras.

Recientemente se han hecho públicas unas declaraciones que, sin mencionar hechos concretos, ni responsables concretos, en una práctica claramente antidemocrática, injustificada y que coloca a todos y todas en una situación de absoluta e intolerable indefensión (como todo acto basado en prácticas de la vieja política, el  cotilleo y la maledicencia), han desembocado en una supuesta filtración de la dirección de mi formación política, en la que se hacía pública la decisión de no volver a presentar en listas a las personas que actualmente desempeñamos nuestro cargo de manera responsable y coherente en el Parlamento Europeo. 

Me resisto a creer tales filtraciones, dado que supondrían un ataque a la línea de flotación de Izquierda Unida, en la medida en que cuestionan de facto la bandera de la democracia interna que ha sido la esgrimida por mi formación y que se reclama no sólo dentro de las organizaciones políticas de izquierda, sino fuera, en las calles. 

Frente a maniobras impositivas y al ostracismo y la falta de información, siempre hemos defendido la transparencia y la democracia, la participación de la militancia en asuntos clave, como la elección de personas que se ocupen de llevar la voz de Izquierda Unida todo lo lejos que se pueda, por hostiles que sean los contextos, con valor y coherencia política. 

Por este motivo, creo firmemente que la inclusión de cualquiera de nosotros en las listas de las próximas elecciones europeas, sólo debe ser decidida por nuestras y nuestros militantes y simpatizantes. 

Únicamente ellos y ellas pueden juzgar nuestro trabajo y decidir si quieren que estemos en primera línea, para concurrir a las elecciones europeas, con la misma ética y el mismo compromiso que hemos mostrado hasta ahora por un mundo mejor y más justo.

Salud y República. 

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19 de octubre de 2018 - 07:24 h

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