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Semana de traiciones...

Agricultores franceses bloquean los Campos Elíseos en París el martes pasado. EFE/EPA/TERESA SUAREZ
14 de enero de 2026 23:30 h

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Semana caliente en todos los frentes, pese a las frías negociaciones por el afán colonizador con Groenlandia del presidente estadounidense Donald Trump, con las carreteras cortadas y las calles encendidas en defensa del campo europeo y contra el Tratado de Libre Comercio con Mercosur. Los agricultores franceses y los de media Europa llegan a París y a Bruselas con sus tractores, sorteando tanquetas de policía y traiciones. El presidente Macron, siempre dispuesto, ha llegado tarde y la mayoría del Consejo ha dado luz verde al Tratado de Mercosur después de 25 años de oposición de la France.

Dice el presidente de la República que tiene salvaguardas para los suyos, para los franceses. En Paraguay, donde esperan este sábado a la presidenta de la Comisión, Ursula Von der Leyen, se rieron cuando preguntaron por ello… Y aquí, quien sepa algo de derecho europeo, también. Porque la traición principal está, de nuevo, en aprobar dos acuerdos en uno para aplicar, de forma provisional, el que no necesita de la ratificación de los Estados, porque afecta sólo a la política agraria común y su comercio exterior, y esto es competencia exclusiva de la UE.

Vamos a explicar detalladamente esta histórica traición al campo cuyo antecedente, a menor escala, lo representa el Tratado con Sudáfrica de 2016. El campo valenciano lo recuerda bien. Desde entonces, y con las fronteras de Rusia cerradas a los cítricos españoles, la naranja valenciana se queda en el árbol. Ya no es rentable porque la temporada se superpone a la sudafricana, que sigue entrando en noviembre pese a la prohibición. También siguen entrando plagas, cítricos sin control fitosanitario, y dumping social y comercial. No, los puertos, en especial el de Rotterdam, no controlan. Por eso los Países Bajos se han convertido en los segundos exportadores europeos de naranja, la sudafricana, su antigua colonia…

En primer lugar, el visto bueno lo dieron los embajadores reunidos en el Coreper, delegados por sus presidentes de Gobierno, quienes no consideraron suficientemente importante refrendar personalmente la autonomía y la seguridad alimentaria de sus ciudadanos. Total, el acuerdo ya se había producido el 17 de diciembre con la aquiescencia de Francia, sólo había que votarlo procedimentalmente.

Tras las repetidas peticiones de la cabeza de Macron en la calle y en todas las instituciones francesas, y el riesgo de acabar en La Bastilla, el presidente de la República retiró su voto favorable in extremis el pasado viernes. El mal ya estaba hecho porque, de camino, se convenció a Giorgia Meloni para lograr su apoyo en una votación por mayoría cualificada, en la que era suficiente el 65% de la población, representada al menos por 15 de los 27 Estados miembros y votada por los embajadores.

De ahí la importancia del voto de países grandes. Recordemos aquí la enorme deuda que tiene Italia y a la que hace frente con los fondos de la Unión Europea, para entender los vaivenes de la primera ministra italiana en temas tan peligrosos como el campo o la inmigración. También España ha respaldado el acuerdo, pese a tener a la pagesia cortando la AP-7, la carretera que nos une con Europa.

Días después del acuerdo, en ninguna web oficial aparece la relación de Estados que han votado a favor o en contra, ni siquiera en el documento oficial aprobado y publicado por la UE. Sabemos por las declaraciones de sus gobiernos –y porque le hemos preguntado a la IA– que Irlanda, Polonia, Hungría, Austria y Francia han votado “no” a este acuerdo que abrirá fronteras con Paraguay, Uruguay, Brasil y Argentina, liberalizando productos agrícolas e industriales entre ambas orillas del Atlántico sur. Mientras que Bélgica se abstuvo porque los flamencos –zona comercial– están a favor y los valones –zona agrícola– se opone.

En segundo lugar, las prometidas salvaguardas a los agricultores franceses y al campo en general no afectan al Tratado, no están recogidas ni reconocidas en ninguna cláusula o anexo de su articulado. Sí, existen, pero en forma de Reglamento, es decir sólo aplicable y obligatorio por la parte europea, sin ninguna fuerza jurídica de obligado cumplimento para la contraparte, es decir, para Mercosur (la alianza de los cuatro países sudamericanos). También existe un anexo con una relación de productos, breve, en la que no figura ningún producto agrícola.

La última traición, ya adelantada, llega por la espalda. Como el Tratado requiere de la aprobación por el Parlamento Europeo y de los Parlamentos nacionales de los Estados miembros, éste se escindió en dos actos jurídicos, llamados Decisiones: la que aprueba el “Acuerdo de Asociación entre la Unión Europea y sus Estados miembros”, pendiente de ratificación, y la Decisión sobre el Acuerdo Interino de Comercio (ITA, por sus siglas en inglés) entre la UE y Mercosur.

Literalmente, el Consejo afirma que “el Acuerdo Interino de Comercio refleja el pilar de liberalización del comercio y la inversión del Acuerdo de Asociación, y funcionará como un acuerdo independiente hasta la entrada en vigor del Acuerdo de Asociación en su integridad. Su objetivo es obtener lo antes posible los beneficios económicos de los compromisos comerciales negociados”. Con ello, se apartaba la parte más controvertida, la del ITA, la que liberaba de aranceles los productos agrícolas para su importación y exportación, y cuya política es competencia del Gobierno en Bruselas.

Precisamente, esta parte del Acuerdo es la que está levantando a los agricultores casi en armas desde hace tres semanas. Y hete aquí la trampa. Porque el acuerdo comercial, que estaba implícito en el Tratado de Asociación, se ha desgajado para no esperar todo el trámite procedimental de aprobación parlamentaria, lo que demoraría su aplicación durante varios meses. Por el contrario, el ITA será de inmediata aplicación en cuanto se publique en el Diario Oficial de la UE uno de estos días, siendo de general y completa aplicación de forma provisional hasta que se apruebe el Tratado. Recuerden, el libre comercio de productos ganaderos y agrícolas. Sin acuerdo unánime, sin votación del Parlamento Europeo ni de los Parlamentos nacionales. Sin permiso…

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