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Groenlandia, para los groenlandeses

Un grupo de manifestantes protesta contra EEUU en Nuuk (Groenlandia) en marzo de 2025.
7 de enero de 2026 22:15 h

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“Cuando escucho la palabra Groenlandia, me recuerda la canción de los Zombies”, me dice una amiga. Habla de una invasión extraterrestre y el chico iba a buscar a la chica desde Groenlandia hasta los anillos de Saturno, cruzando amplios mares, escalando altas montañas y descendiendo los glaciares… Por eso, el próximo lunes le toca a Groenlandia, eje principal de la estrategia de Estados Unidos para hacerse con el control de la ruta del Ártico junto a Rusia, en clara competencia comercial y geopolítica con China. Porque Groenlandia va en el mismo pack de reparto de la hegemonía mundial junto a Ucrania, Venezuela y Siria.

Tercer aviso de Rubio de parte de Trump a la Unión Europea (UE) para la compra de su puerta al Ártico. La ventana ya la tiene: Alaska. “Ir haciéndoos a la idea porque el presidente no se ha movido del sitio”. Así lo anunció el secretario de Estado, Marco Rubio, a los líderes europeos, poniendo sobre la mesa la compra, aunque no el precio, y sentarse a negociar, a más tardar, el 12 de enero. O a quien sea, porque la Unión se escuda tras la OTAN para la defensa de este gran territorio danés que, casualidades de la vida, no pertenece a la UE desde 1985, cuando decidieron que se salían del club.

Para evitar movimientos separatistas, Dinamarca le dio el placet a Groenlandia previo referéndum y siempre han considerado esta isla americana como un gasto en lugar de un foco de inversión y explotación de sus recursos naturales, que son muchos. Más de la mitad de sus escasos 60.000 habitantes están por la independencia y no perdonan al Gobierno danés la política de genocidio de los innuit, a cuyas mujeres se sometió a tratamientos de esterilidad y anticoncepción sin su conocimiento ni consentimiento hace años.

Durante el primer aviso, a inicios del nuevo mandato Trump en 2024, los tres presidentes nórdicos se reunieron a tomar un té frugalmente en casa de la presidenta danesa, alrededor de la mesa de la cocina, en señal de solidaridad, ya que la Unión Europea no se dio por enterada, como ahora. Sigue sin hacer un comunicado ni dar una respuesta de apoyo, escondiéndose tras la OTAN. Lo que es peor.

Porque el sheriff de la OTAN es Estados Unidos, a quien hemos seguido en sus exclusivos intereses de política de seguridad internacional durante 70 años. Y ello significaría la división o, peor, la disolución de la OTAN, algo que parece no importarle a Trump. Y algo que, otrora, ya fue anunciado por Emmanuel Macron a finales de 2019, cuando afirmó que la OTAN estaba en estado de “muerte cerebral”. Era otro Macron, el que iba a Moscú a negociar con Putin.

Solo hubo una respuesta de algunos líderes de la Coalición de los Dispuestos, reunidos el martes en París para ofrendar nuevas glorias a Ucrania. Tuvieron que salir al paso, por si no se sabía: “La OTAN ha dejado claro que la región del Ártico es una prioridad y los aliados europeos están intensificando su labor. El Reino de Dinamarca, incluida Groenlandia, forma parte de la OTAN”. Y añadieron: “Groenlandia pertenece a su gente. Corresponde a Dinamarca y Groenlandia decidir sobre asuntos relacionados con Dinamarca y Groenlandia”.

Pero nadie se atreve a ponerle el cascabel al gato. Porque, como dijo el lunes Stephen Miller, asesor de Donald Trump, en una entrevista en la CNN: “¿Con qué derecho Dinamarca reclama el control de Groenlandia? Nadie va a luchar militarmente contra Estados Unidos por Groenlandia”. Y más cuando Groenlandia es un obscuro objeto de deseo de Estados Unidos desde el siglo XIX. Su último paso, tras denonados intentos, fue durante la Guerra Fría, cuando se firmó un nuevo acuerdo que permitió a los Estados Unidos fortalecer su base de Thule y convertirla en un auténtico enclave militar estadounidense.

Por eso la presidenta danesa, Mette Frederiksen, se siente sola y abandonada cuando afirma que “uno debería tomar en serio al presidente estadounidense cuando dice que quiere Groenlandia”. Y añadió, en una entrevista de televisión que, “si Estados Unidos elige atacar militarmente a otro país de la OTAN, entonces todo se detiene, incluida la OTAN”. El nuevo primer ministro de Groenlandia, Jens-Frederik Nielsen, se siente igual de abandonado y solo se ha atrevido a pedir un diálogo entre diplomáticos porque la cruda realidad es la base norteamericana que hay en su territorio desde 1945, cuando los norteamericanos les defendieron de la invasión nazi en Dinamarca y que se reforzó con el “Acuerdo entre los Estados Unidos y el Reino de Dinamarca”, de 27 de abril de 1951, “para la defensa de Groenlandia”.

Y, mientras, los puñales vuelan desde ambos lados. Porque los socios de Trump han avisado de que será el fin de la OTAN. Y ello significa el fin del orden mundial, de la hegemonía militar de Estados Unidos, con sus escuderos siguiendo todas sus andanzas por el mundo desde el fin de la II Guerra Mundial. Trump se siente seguro, porque no les ha necesitado para hacerse con Venezuela, con la “captura” de Maduro. Parece ser que decir “secuestro” no está bien visto en el mundo anglosajón… Periodistas ingleses ya han sido sancionados por ello.

Y, ahora, el segundo aviso puede hacerse realidad tras el secuestro del presidente Nicolás Maduro y su esposa. Durante el discurso de Trump tras la intervención militar en Venezuela, este dejó claro que Groenlandia estaba en su agenda y aludió a la doctrina Monroe, cuyo ejemplo se puso en la práctica en 1898, durante la guerra de Cuba contra el Reino de España. Aviso a los lectores que muchos nos enteramos ese día de lo que es la Doctrina Monroe, incluido el presidente Trump. A saber: lo del movimiento MAGA, pero a lo bruto. Hay que traducir lo de “Make America Great Again” por “América para los americanos” o, mejor, “para los Norteamericanos”. Y, ojo, que a Trudeau también lo amenazó hace poco menos de un año con auto-anexionarse Canadá.

Como antecedentes, hay que recordar que Rusia vendió Alaska a Estados Unidos en 1867 por necesidades económicas por 7.200.000 dólares de la época, lo que se consideró un “gran negocio” décadas después. Vamos a ver ahora qué precio le ponen a la cabeza de Groenlandia.

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