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Opinión - No basta con decir que la extrema derecha da miedo. Por Neus Tomàs

Una buena noticia

Emmanuel Macron celebra su victoria electoral el 24 de abril.

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Hace años, David Hamburg, científico estadounidense, mediador en conflictos en la Guerra Fría y autor de libros sobre cómo prevenir el genocidio, me decía que cuando viajaba a Europa le solía decir a su esposa, Beatrix: “Ya hemos llegado al continente oscuro”. Con aquello del “dark continent”, del que eran originarios sus padres, se refería a las nubes bajas que solían cubrir París, Bruselas, Londres o Berlín y a los tempranos anocheceres en comparación con Nueva York o Washington. Pero creo que también a ese pesimismo embebido en la historia y la cultura europeas que tiene tan buena reputación como para que los análisis negativos, cínicos y oscuros se asimilen a la inteligencia y el conocimiento. 

Estos días, y ante tanto pesimismo sobre el futuro de Francia, pensaba en el generoso y optimista David, que murió en 2019 y seguía creyendo en la empatía y la posibilidad de luchar contra el odio y la violencia en el mundo.

Emmanuel Macron es el primer presidente francés reelegido en dos décadas. Lo ha conseguido tras el desgaste de una pandemia inédita, traumáticos atentados terroristas y una guerra incierta que ha supuesto una subida de los precios y más desazón sobre el futuro inmediato. Macron es un político escurridizo que ha jugado a todas las bandas, pero que sigue suponiendo un cambio a mejor comparado con sus predecesores marcados por la corrupción, los escándalos y las relaciones con gobiernos tiránicos. Basta pensar en Nicolas Sarkozy, pero también en François Hollande para apreciar la diferencia. El hundimiento de los partidos tradicionales a izquierda y a derecha, sobre todo por culpa de sus líderes de los últimos tiempos, explican en parte cómo la finalista contra Macron ha podido ser Marine Le Pen, con su mensaje anti-inmigrante, anti-europeísta, anti-atlantista y su cercanía a tipos como Orban y Putin. 

Es especialmente fácil dejarse arrastrar por la lección catastrofista en un país que presume de estar siempre decepcionado (uno de los más pesimistas del mundo con Irán, según nos desvelaba la excelente serie en podcast de Antonio Delgado en RNE). Pero la realidad de 2022 es que, en cualquier caso, Macron es el presidente para los próximos cinco años y ésta es la noticia de ahora. 

En una elección binaria, como lo es la segunda vuelta de las presidenciales francesas por su sistema, no se pueden sacar conclusiones tan tajantes sobre el electorado y los impulsos de los votantes. La extrema derecha, en realidad, se ha desinflado en países como Alemania, Italia y Reino Unido, y lo que suceda en Francia en los próximos cinco años es difícil de predecir. Siempre es interesante mirar más allá, pero aún más contar lo que pasa cuando pasa. Y lo que ha pasado ahora en Francia no es una mala noticia.  

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