My precious

El rey Felipe VI, y el presidente del Tribunal Supremo Carlos Lesmes, en el acto de apertura del año judicial EFE/FERNANDO VILLAR/Archivo

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"Sospecha del poder más que del vicio"

Lord Acton

 

Desarrollar el tema "Teología en Tolkien" me valió una matrícula de honor en Literatura Contemporánea hace ya sus buenos 35 años. Soy una caja de sorpresas, ya ven. Lo que sucede es que no se me ha olvidado y tengo muy presente cómo Gollum se convierte en la obra en la metáfora de los efectos de la posesión del poder en el ser humano. El poder corrompe y el aspecto de Sméagol, en un efecto también muy wildeano, nos va mostrando externamente lo que sucede en esa alma corrompida. El poder es un tesoro que no debe ser entregado a nadie, my precious, y que hay que retener a todo precio así sea con el desenfreno, con la desvergüenza o con el desprecio total de la racionalidad.

Lo he recordado mientras leía y oía algunas crónicas sobre el supuesto malestar derivado del informe elaborado por el teniente fiscal del Tribunal Supremo, Luis Navajas, en el que solicita que se inadmitan una veintena de querellas contra el Gobierno por la gestión de la pandemia. Algunos dicen, comentan. Se lo contaba en "Los fiscalitos cobardes" pero ayer estos mismos se coronaron sirviendo en bandeja otros cuantos titulares en medios conservadores y las consiguientes pullas lanzadas por el jefe de la oposición y sus adláteres. Hay togas que están desatadas y entregadas al mero acto de mantenimiento del poder, del suyo y de los que consideran suyos, hasta extremos que ya no son meramente escandalosos sino sangrantes. Por eso cuando susurran, algunos los llaman fuentes pero yo no oigo sino my precious, my precious

Donde les dan bombo nos dicen que no están en desacuerdo con "el sentido procesal del informe", o sea, que no se trata de que no sea lo correcto pedir el archivo sino de que se ha hecho prescindiendo de ellos. Oh, my precious! El poder les pertenece y su adhesión es tal que no soportan que otros, a los que no se atreven a descalificar porque sería el colmo, hayan hecho el trabajo que se arrogan para ellos. ¿Cómo si no meter unas morcillas o unos párrafos que puedan servir para dar la batalla contra el Gobierno en los tribunales? Muchas de las querellas incluían como “documentación" el artículo que Consuelo Madrigal publicó como declaración de guerra. Curioso. La ofensiva oculta de los gollum de la carrera fiscal no es sino una inmensa presión lanzada a través de los medios de comunicación y dirigida a quienes deben decidir: la Sala Segunda del Tribunal Supremo. Me han quitado mi anillo, mi tesoro, no me han dejado meter cuchara, porque no me correspondía, pero no voy a dejar de mostrarles a los jueces lo que opino y la conveniencia de mantener esto vivo una temporada para mejor desgaste. Oh, my precious! Todo funciona en tandem -¿de qué me sonará esto?- y así todo sirve para dar munición e intentar poner en jaque al Gobierno. Ni una crítica concreta, ni un delito sobre el que se disienta, ni un análisis técnico han murmurado en los oídos de sus periodistas de cabecera y ni ganas que han tenido estos de preguntarles. Entre todas las críticas susurradas, entre tanta consigna para consumo de idiotas, hemos podido oír a Casado usar a Delgado para poner en tela de juicio un trabajo que no ha comandado ella sino Luis Navajas, sí, el mismo que pidió el archivo de su propia querella por el famoso máster.

Ahí andan enredando unos cuantos fiscales, sin nombre ni rostro, pero apegados al anillo, que ahora ven en otras manos y que harían cualquier cosa por recuperar. Hasta Gollum buscaba argumentos para seguir poseyendo su regalo de cumpleaños ¡cómo no lo va a hacer la Asociación de Fiscales, aunque tenga que inventárselos!

También acaricia con amoroso cuidado su precioso tesoro el juez García-Castellón al que ayer la Sala de lo Penal dio un guantazo tremendo, acabando con sus aspiraciones de elevar una exposición motivada sobre Pablo Iglesias a la Sala Segunda para poner en bandeja la desestabilización del Gobierno y la tarea de intentar derribarlo en los tribunales ya que no se puede con los votos del Parlamento. Lo más importante del auto de la Sala que devuelve su condición de perjudicado a Pablo Iglesias va más allá de esa decisión, ya que le recuerda al juez que él lo que investiga son las tramas mafiosas del excomisario Villarejo. Algo que parecía habérsele escurrido entre las manos al juez García Castellón, que se había puesto cachondo, o así nos lo hicieron ver, con irse a Escocia en busca de los daños de una tarjeta y con llevar fuera como fuera al vicepresidente segundo al Tribunal Supremo.

Al juez sus superiores le han quitado el anillo de un papirotazo al decirle que todas sus hipótesis que convertían en delincuente a Iglesias, se las puede guardar para acariciarlas bajo la almohada: "tales hipótesis alternativas, se hubieran cometido fuera de la organización criminal que se investiga y por personas ajenas a esta" por lo que no serían siquiera competencia de la Audiencia Nacional. Pasamos así de "el juez llevará al vicepresidente al Supremo por denuncia falsa o por daños informáticos o por lo que sea" a "ni eso pasa de mera hipótesis ni usted sería competente". ¿Cuántas intervenciones han oído achacándole tales delitos ya, o condenándolo por ellos, en entrevistas políticas y en tertulias? Todo sirve para intentar volver a hacerse con los anillos, con cualquiera, y si puede ser con el Único pues mejor. Lo que ya les conté en "Al Capone no llevaba coleta".

Van desfilando Rodríguez-Medel y Escalonilla y García-Castellón y Calvente y el mariachi de fiscales y yo a este paso voy a pedir un fact-check pero de analistas porque no puede ser que algunos no acierten nunca. No, el Estado de Derecho no está muerto. Si lo que hoy les comento es posible, es porque todas las maniobras no funcionan o no para siempre. Empleémonos pues en señalar a los que gatean tras el Anillo, son fáciles de ver cuando babean my precious mientras animamos a los demás a seguir la lucha contra Mordor.

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16 de septiembre de 2020 - 22:53 h

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