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Opinión - 'En el punto de mira', por Rosa María Artal

En el punto de mira

El presidente de EEUU, Donald Trump, en un mitin electoral en el Ocean Center de Daytona Beach, Florida, el 30 de octubre de 2026.
6 de noviembre de 2026 22:22 h

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Vivimos un momento crucial en el que millones de ciudadanos están reaccionando a los abusos del poder más turbio, tras haber identificado por fin su origen. Con los espectaculares resultados de las midterms, las elecciones de Medio Mandato en Estados Unidos, como su mayor punto de inflexión hasta el momento. No hay que desestimar la reacción de quienes tanto han invertido en el cambio de régimen y modelo de Estado, pero tampoco -ni mucho menos- no atender a las claves que se están aportando. Nosotros, en esta España preelectoral, andamos en la cuerda floja sin saber de qué lado caeremos y si podremos llegar al final donde reside el control ciudadano que toma las riendas. El mundo hoy imparte lecciones que han de ser escuchadas.

Con un gobierno progresista, España ha sido dominada por la involución que busca tumbarlo por cualquier método. Es justo lo contrario de lo que está pasando fuera. Los PPVox y sus medios y promotores son precisamente el Trump derrotado. En un “agudo” análisis a bote pronto, a los que nos tiene acostumbrados, Feijóo declaró que allí había pasado lo que pasará aquí. Veremos, porque igual esta vez acierta. Los estadounidenses han desechado todo lo que PP y Vox representan. Han votado más servicios, más democracia, más pluralidad incluso. No solo han ganado los demócratas, se han decantado en muchos casos por los más progresistas. Y por la pluralidad racial y de opciones vitales.

Espectacular ha sido el mazazo propinado a las tecnológicas que dominan la Casa Blanca ahora y han perdido un dineral en su apuesta por los republicanos. Ha perdido sobre todo Elon Musk, casualmente. Quería colonizar Texas con sus empresas y han votado demócrata por primera vez en tres décadas. Impresionante la reacción contra el racismo por cierto: Texas vuelve a ser Tejas, pronunciado con jota.

Los votantes estadounidenses han derrotado también a los destructivos Centros de Datos que -sin aportar el negocio y el empleo que prometen- se llevan la energía de los pueblos donde se ubican. Y hago un primer inciso para compararlo con la estúpida ceguera en Aragón de PP y Vox en su apuesta por este craso error empresarial, tras haber traicionado -con el plácet de sus votantes, por aupuesto- el Aragón que se levantó en guerra para que no se llevara el agua Cataluña o Levante en un trasvase del Ebro. No me digan que no es paradójico.

Ellos han reaccionado tras dos años de trumpismo agudo, aquí algo similar a ese fascismo fantoche y engreído se cuela por todos los rincones poniendo en el punto de mira valores y derechos irrenunciables. Sin exagerar ni un ápice. Hay declaraciones de Abascal diciendo que harán lo mismo que Estados Unidos y Argentina, y desde luego Feijóo y su PP se plegarán a lo que mande Vox, como ya ha hecho hasta Moreno Bonilla, que iba de moderado. Y esto va desde la sanidad a la educación, el salario mínimo, ir a trabajar enfermo o las pensiones, entre otras cosas. La información, por descontado. Motosierra para TVE y manipulación general tipo Telemadrid.

Y hay más. Nos va la vida en algunas de las medidas que se proponen. Este jueves, la sin par Ayuso,desbocada, soltó en la Asamblea de Madrid y ante los aplausos de su partido: “Han muerto entre 120.000 y 150.000 personas por la gestión de la pandemia de Sánchez y ustedes me vienen con las residencias”.

Pasaba por alto una pandemia mundial que produjo 7 millones de muertos comprobados y hasta el triple en estimaciones oficiales. La Comunidad de Madrid fue la europea donde se produjo un mayor aumento de la mortalidad, avalado por numerosos estudios internacionales. Tuvimos la inmensa suerte en esta zona de que hubiera un gobierno progresista y no la hoy estrella del Partido Popular que ocasionó tanto daño con sus terrazas abiertas y sus cervecitas. Fue su despegue político desde los peores resultados que el PP había obtenido en Madrid. Y es que, en enero de 2020, fichó a su Pigmalión, Miguel Ángel Rodríguez, que la llevó a medirse directamente con el presidente del gobierno de España, Pedro Sánchez, al que, como vemos, acusa ahora hasta de las víctimas de una pandemia mundial. Coincidió también con el jubileo de las mascarillas de familia y novios en promoción profesional de la susodicha. Pero lo grave sobre lo que llamo la atención es ese, tantos muertos “y ustedes me vienen con las residencias” en donde despliega una vez más su desalmada gerontofobia: total eran ancianos de residencias (y sin seguro médico privado), ¿verdad? 7.291, récord absoluto de víctimas de mala gestión -no accidental-.

Cada dirigente del PP actual tiene una Ayuso dentro, un Trump, un Milei, sin duda, un ultra cobarde como Bolsonaro, hasta un depredador como el presidente paraguayo que ha quebrado un banco y ha dejado sin ahorros y sin pensiones a sus ciudadanos. A la vista de ese proceso con el tal Koldo García y esos pagos sorprendentes de editoras de medios presuntamente informativos, diría más. También por las coincidencias en el tiempo que se han ido produciendo, incluida la declaración del “incontinente verbal” Feijóo cuando todo se inició y hasta convocó una manifestación contra el gobierno al leer la “información” de OkDiario. Igual, aventuro, yo qué sé, tienen un Al Capone dentro. Y sus escribas no digamos. Y los años que llevan de impunidad. Y cómo se renuevan las caras permaneciendo el espíritu. Veamos.

Parece que la idiotización programada de la sociedad mundial está fallando a sus distintos promotores en varios países. No creo que los demócratas españoles seamos más tontos y menos valientes. En el punto de mira han de estar quienes entorpecen la vida de los ciudadanos, les engañan y se aprovechan de ellos. Los que les roban lo esencial dándoles apenas otra cosa a cambio que ensoñaciones o insidias y bulos que excitan su odio.

Donald Trump, el presidente de la aún gran potencia mundial, lo primero que ha hecho tras asistir al histórico varapalo recibido en todo el país ha sido, según la BBC, firmar una orden que prohíbe a los presidentes que le sucedan cambiar el Despacho Oval decorado en su honor como un monumento a su gloria. Hasta al más lerdo de los votantes, de cualquier parte, debería darle qué pensar acerca de sus prioridades cuando se dirige a una urna. Igual así se enteran de que, en una guerra de codicia como la que vivimos, lo sensato no es ponerse en el punto de mira de los desalmados, sino detrás para desarmarlos.

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