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'Sí se puede' hoy, y mañana, y...

Foto: Enric Català

Isaac Rosa

Sí se puede, sí se puede… Pero qué difícil es que se pueda un día más, cuánto tiempo y esfuerzo para que se siga pudiendo. El Sí se puede de ayer ya no vale hoy, hay que pelear otro Sí se puede, que sólo durará unas horas para mañana empezar de nuevo.

Ahí está, por ejemplo, el Sí se puede de la familia Fernández, que hoy puede acabar en la calle, incluidos cinco menores. La suya es una historia terrible, llena de zancadillas y caídas de las que cada vez cuesta más levantarse. Hoy intentarán echarlos de su casa, y depende de sus vecinos y de los activistas de la PAH que hoy puedan gritar una vez más: “Sí se puede”. De los mismos vecinos y activistas dependerá que, en caso de desahucio, la familia encuentre otra casa, como hace la propia PAH a través de su imparable Obra Social.

Esta es nuestra democracia: familias sin recursos a las que el Estado no ayuda, echa de sus casas y deja desamparadas. Y tienen que ser otros ciudadanos quienes les informen, asesoren, ayuden, presenten escritos de aplazamiento, ofrezcan abogados, negocien con bancos y propietarios, resistan para impedir el desahucio, y les encuentren una nueva vivienda.

Para que la familia Fernández pueda hoy decir “Sí se puede”, hace falta mucha solidaridad, mucho apoyo mutuo, mucho activismo de quienes llevan días anunciando el intento de hoy, quienes han pasado la noche en la casa y quienes estarán hoy a primera hora en la puerta. Si lo consiguen, saben que ese Sí se puede es muy valioso pero a la vez frágil, efímero, tal vez no resista al siguiente intento de desahucio que quizás encuentre alguna treta judicial o policial (como los cada vez más frecuentes desahucios con fecha abierta, con los que buscan evitar la acción de la PAH).

Si uno ve el calendario de acciones de una semana cualquiera, se admira de que haya tanta gente dispuesta a parar tantos desahucios, que hayan sido capaces de impedir más de 800 en cinco años, que no se rindan pese a que, como me cuenta Iván desde la PAH Vallecas, el año pasado aumentaron los desahucios y este año esperan muchos más: la resistencia de las familias no aguanta otro año de paro y empobrecimiento, mientras los focos mediáticos se apagan y los bancos, libres de la presión de la opinión pública, endurecen su postura. Pero cada vez son más los activistas, y más los vecinos que espontáneamente se unen a las acciones, y más los afectados que se convierten en nuevos activistas.

El intento de desahucio de la familia Fernández coincide hoy con otro éxito de la PAH: esta tarde llega al Congreso la proposición de ley que aprobó el Parlament catalán por unanimidad de todos los grupos, que recoge parte de las propuestas de la PAH (como la dación en pago) y es fruto de su trabajo de presión y sensibilización. Veremos si la mayoría permite o no que también en el hemiciclo se pueda gritar: “Sí se puede”.

Hemos celebrado las victorias ciudadanas de los últimos meses, lo mismo Gamonal que la Marea Blanca. En todos los casos gritamos “Sí se puede”, precisamente el grito que nos enseñó la PAH. Pero junto a esos éxitos de gran visibilidad e impacto, deberíamos celebrar todos los días cada pequeña gran victoria de la PAH, cada desahucio paralizado, cada vivienda recuperada que se convierte en vivienda social, cada dación conseguida, cada ocupación bancaria que termina con acuerdo, cada alquiler social logrado por una familia, cada Gobierno autonómico que aprueba medidas, cada ayuntamiento que da la espalda a la banca que desahucia, cada semilla de comunidad sembrada por las mujeres y hombres de la PAH.

Lo he dicho otras veces: todos deberíamos aprender de la PAH. Un movimiento surgido desde abajo, horizontal, autónomo, abierto, inclusivo, sin grandes liderazgos, con propuestas sencillas y eficaces, tan modesto en su funcionamiento como ambicioso en sus planteamientos, y que lleva cinco años enseñándonos el camino de la resistencia, del apoyo muto, de la desobediencia civil.

Si en otras luchas (lo mismo contra los ERE tipo Coca-Cola que contra las políticas de extranjería que matan) tuviésemos la fuerza, el tesón y la paciencia de la PAH, seguramente nos iría mucho mejor. Por ahora, sumemos fuerzas con la PAH para que hoy mismo la familia Fernández pueda decir, otro día más, “Sí se puede”.

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