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Calidad de vida en España

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Hablar de una cuestión que afecta a muchas personas debe hacerse con mucho tiento. La vida es muy diferente según escala social, territorio, edad o familia de pertenencia. A pesar de la dificultad, “FUHEM educación más ecosocial” nos aporta unos informes llenos de cualidades para entendernos dónde estamos y cómo somos. El II INFORME ECOSOCIAL SOBRE CALIDAD DE VIDA EN ESPAÑA muestra las variables de “La alimentación en el contexto de la crisis ecosocial”. Lo distribuye de forma gratuita a cualquiera que lo solicite, lo cual añade un plus de sentimiento colectivo, distintivo que distingue todo lo que hace FUHEM.

No quiere escondernos la realidad: En España nos atenaza un modo de vida insostenible y un sistema alimentario en crisis. Calificar con semejante dureza un estilo de convivencia tiene sus riesgos. Pero si se hace dando detalles de cómo se ha llegado a esa conclusión da una severa relevancia social. Dividido en capítulos, el primero aborda la base del sistema alimentario: la agricultura. De la que dice que se encuentra sumida en una crisis estructural; la cual origina desigualdad y graves marcas ambientales. Qué es sino una situación en la que desde hace unos 25 años se han perdido más de medio millón de ocupados (apenas suponen hoy el 3,2 % de la fuerza laboral del país) y el hecho de que una minoría de empresas y sociedades mercantiles absorban el dinero circulante (captan el 37,43 % de las ayudas de la PAC y el 42% del valor de la producción agraria). Estas últimas evidencian “el tránsito desde un modelo basado en la explotación familiar hacia otro dominado por grandes empresas y corporaciones”. Señal inequívoca de una transformación cualitativa en la relación con el territorio y la actividad productiva, de alcance grave en fenómenos como la despoblación rural y el deterioro de los servicios públicos. El panorama no es muy alentador: una destrucción sistemática de empleo, la desaparición de más de la mitad de las explotaciones agrarias y el envejecimiento progresivo de la población campesina (un 40 % de los/las titulares de explotaciones agrarias tienen más de 65 años).

El segundo capítulo se dedica a analizar si ha habido cambios en los hábitos alimentarios de los hogares españoles. Sí. Pero señala una incoherencia alarmante: se consolida un sólido fundamento a favor de la dieta mediterránea a la vez que las costumbres reales se separan cada vez más de los patrones saludables. Es más, entre ambas están generando demasiadas señales diferenciadas acerca de la calidad de vida de los diversos grupos sociales. Por otra parte, la cocina sigue siendo patrimonio femenino, aunque ha descendido (del 76,6% en 2012 al 70,1% en 2024).

El tercer capítulo se dedica a explorar los factores ambientales que dan calidad de vida. En concreto el cambio climático, la calidad del agua y la presencia de nitrógeno. Aquí es contundente: el sistema alimentario español opera claramente fuera de los márgenes de seguridad ambiental, transgrediendo varios límites planetarios (dedica el 70-80 % del agua a la agricultura y trastoca los flujos del nitrógeno y del fósforo). Detalles: el 39% de las aguas superficiales y subterráneas presenta contaminación por nitratos o riesgo de contaminación, y aproximadamente el 30% de las estaciones de control supera los límites legales de pesticidas. En suma, el estrés hídrico y la seguridad alimentaria futura ponen en riesgo grave la transición ecológica y social.

El cuarto capítulo alerta de que aumentan las enfermedades asociadas a la incorrecta alimentación. La culpa hay que buscarla en la mala calidad del agua tanto superficial como subterránea, a la prevalencia de sobrepeso y la obesidad. Es más, se conoce que los hogares con bajo nivel socioeconómico doblan en obesidad a los de mayor nivel. Además, estos problemas son muy preocupantes en cuanto a la exposición a disruptores endocrinos y la vulnerabilidad de grupos de población como niños, adolescentes y embarazadas.

El quinto capítulo resume una serie de consejos para garantizar unas dietas saludables y accesibles a la mayoría. Para ello hay que asegurar unos sistemas de aprovisionamiento mucho más agroecológico y respetar el derecho universal a la alimentación nutritiva. Ese que se distingue por diseñar y practicar como horizonte irrenunciable el cuidado de la vida en todas sus formas. Conocidos están los problemas; han de convertirse en retos para mejorar la calidad de vida de todas las personas; ni importa la edad ni la clase social.

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