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El delirio de un viaje a "El corazón de las tinieblas"

Póster de 'Apocalypse Now: Final Cut'

Daniel Castillejo Alonso

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Los últimos acontecimientos en España con su insistente "ruido de sables" y amenazas de involución junto asesinatos en masa, me lleva al pensar en el "El corazón de las tinieblas" de Joseph Conrad, una novela corta escrita en 1899, que trata del viaje en el que remontando un gran río (se supone que el Congo en la época del brutal colonialismo belga en África), el marinero Marlow va en busca de Kurtz, un explotador de marfil que ha enloquecido, perdiendo todos sus conexiones con el mundo occidental, hasta convertirse en un ser abominable y al mismo tiempo un mito para todos quienes le rodean. La maldad, la impunidad y la sangre es la "nueva normalidad" en los dominios de Kurtz que ha llevado al extremo tenebroso las dinámicas colonialistas europeas en una evolución inversa a las de la supuesta civilización.

La novela es una de las más influyentes que se han escrito sobre el poder, la doble moral y la degeneración humana en nombre de una sociedad pasada de rosca que es capaz de subvertir sus ideales para convertirlos en un infierno.

La secuela más conocida de la novela de Conrad fue la película "Apocalyse Now" de Francis Ford Coppola en la que, esta vez en Vietnam, se reproduce ese mismo y perturbador viaje hacia la locura del capitán Willard (Martin Sheen) en búsqueda del desquiciado coronel Kurtz (Marlon Brando).

En España también da la impresión que alguien ha perdido los papeles de la cordura al intentar forzar el inicio un viaje contracorriente para retornar al corazón de las tinieblas del que salimos hace cuarenta años. Lo peor es que se nos vende como una vuelta a las esencias patrias que no son sino el reflejo de lo que leyó el marinero Marlow en el diario del perturbado Kurtz sobre lo que aconsejaba hacer con sus súbditos, traducido aquí en el chat de un general retirado: "Exterminad a todas esas bestias" (Kurtz) o "tendremos que fusilar a veintiséis millones de hijos de puta" (General Beca).

Ese es el grado de perversión ética.

Ojalá no tengamos que acabar como ese coronel o explotador de marfil, Kurtz, diciendo antes de morir: ¡El horror! ¡El horror!

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Publicado el
16 de diciembre de 2020 - 15:51 h

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