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La lucha de la memoria contra el olvido
En estos momentos que nos ha tocado vivir no está de más echar una vista al pasado más inmediato. Ahora que se argumenta que “ser facha está de moda” entre un alto porcentaje de la juventud, se podría recomendar a estos, no que dediquen parte de su tiempo a leer libros, artículos o ensayos sobre el holocausto nazi o la represión franquista, sino que se detengan a ver alguna película basada en este periodo histórico que va desde los últimos años de la Segunda Guerra Mundial hasta nuestros días.
Hay profesores de Historia que obvian estos contenidos recogidos en los libros de texto para evitar que se les catalogue como “dogmáticos” y para eludir polémicas. En este sentido tengo que decir que relatar la Historia de forma objetiva no tiene nada de dogmatismo. Los hechos son los que son (los que fueron) y hacerlos llegar a los estudiantes sólo va encaminado a crear en ellos un espíritu crítico que, al fin y al cabo, es uno de los objetivos de la Educación.
No sí si algunos de los asiduos seguidores de esta columna semanal han visto la película titulada en español “¿Vencedores o vencidos?”. Su título original es “El juicio de Nuremberg”. Se trata de un largometraje de 1961, en blanco y negro.
Reconozco que recomendar una película como esta a los jóvenes no es la mejor de las ideas. Pero sí, al menos, parte de su contenido.
La película se centra en los históricos juicios de Nuremberg y desarrolla el posicionamiento de las personas, en especial jueces, durante el Tercer Reich de Alemania.
Las imágenes mostradas tras la derrota de Hitler son dantescas. Aunque algún grupúsculo nos quiera hacer creer que semejantes asesinatos nunca ocurrieron, los hechos están ahí para desgracia de la Humanidad.
Las ilustraciones y películas tomadas por las tropas aliadas producen un espanto, un horror, una angustia, una incredulidad hacia lo que hicieron unas personas contra otras.
Pero la ascendencia de Adolfo Hitler al poder contó, no sólo con el apoyo de los alemanes que le dieron su voto, sino con otros países y otros actores de la escena política de su tiempo que contemporizaron con la Alemania nazi.
También se puede considerar culpable a la Unión Soviética, en el momento que firmó con Hitler en 1939 un pacto de no agresión, que le permitió hacer la guerra.
Y, aunque no hubo un pacto de no agresión formal entre Francia e Inglaterra con Hitler, sí hubo una política de apaciguamiento hacia las demandas territoriales de Hitler, especialmente con los Acuerdos de Múnich en 1938, que permitieron a Alemania anexionarse la región de los Sudetes, en Checoslovaquia.
Sin olvidar la responsabilidad del Vaticano que, con la firma de un Concordato en 1933, dio a los nazis un prestigio internacional.
Hasta las palabras del prestigioso estadista británico Winston Churchill ensalzando la figura de Adolfo Hitler en 1938, un año antes del estallido de la Segunda Guerra Mundial también motivaron al nazi. En Carta Abierta al periódico Times, Winston Churchill escribió que “si Inglaterra tuviera que sufrir un desastre nacional pediría a Dios que le enviase un personaje de la capacidad y el cerebro de Adolfo Hitler”. A los pocos meses se arrepintió de haber escrito ese artículo.
Sin olvidar el papel fundamental en el terreno económico de las empresas norteamericanas que le apoyaron. Empresas como KODAK, IBM, BMW, FORD...que jugaron un papel fundamental no sólo desde el punto armamentístico, sino logístico y de comunicaciones.
Esto es Historia. Conocerla es un deber. Ignorarla y/o manipularla provoca que se pueda repetir. El escritor checo Milan Kundera expresó que “la lucha del hombre contra el poder es la lucha de la memoria contra el olvido”.
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