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El estado planetario

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Píldora única tras la enésima ola del covid 19

Hundido y derrotado el ejército de los ilusos, las fuerzas fascistas de los mercados (medicamentos, antígenos y vacunas) han tomado las últimas posiciones. ¡Sálvese quien pueda! Es decir: quien tenga dinero. El que es pobre y viejo tiene que desaparecer del planeta porque ya no hay ninguna posibilidad de explotarlo. (Regla número uno del mercado en la nueva normalidad tras la pandemia). El que es rico puede vivir aunque sea viejo si tiene dinero para pagar su salud. La vida longeva se compra. Solo los ricos pueden vivir más años. (Regla nº dos))

Nota aclaratoria: el día 9-11-20 se anunció la existencia de una vacuna segura para principios de 2021. La bolsa subió en ese mes un 25 por ciento. La mayor subida en una década. Yo, sentado en el salón de mi casa de campo, rodeado por una parcela de dos mil metros cuadrados que cultivo como huerta, fui sorprendido por la ejecución de cuatro órdenes bursátiles a las que había fijado un precio de venta que en su día me pareció inalcanzable: 400 € de beneficio que tributarán en mis impuestos a un ridículo porcentaje que oscilará en torno al 15%. Los ricos siempre ganamos. O los medio ricos, porque mi inversión en bolsa es siempre experimental. Mi objetivo es demostrar, a mí mismo y al resto de los humanos, la corrupción del sistema. Si yo, con un volumen de negocio de unos 2000 €, sin ninguna experiencia bursátil y sin ninguna motivación evasora, consigo unos beneficios de 400 €, ¿cuál será el resultado de los profesionales del robo que manejen millones de euros y que no tengan escrúpulos con la corrupción?

¡Quiero que me suban los impuestos! En estos momentos de crisis por la pandemia, el 100 % de mis beneficios bancarios pueden ir a la masa común de la solidaridad. ¡Necesitamos más personal sanitario!

Mientras el covid tiende su soberanía por todo el planeta y los mercados su poder en todos los rincones del mundo, la raza humana es incapaz de articular un ámbito de soberanía planetaria.

Quiero comenzar con estas reflexiones mi idea sobre la necesidad de un Estado planetario que garantice la vida de los humanos mediante una sanidad pública, gratuita y universal. No es nada nuevo en mis pensamientos, en las píldoras que escribí durante la época del confinamiento ya lo apunté. Pero quiero insistir en la idea e investigar un poco sobre sus orígenes. Durante este tiempo interminable de pandemia con sus confinamientos a diferentes niveles, porque hay al menos dos niveles: el impuesto por las autoridades y el que nosotros mismos nos imponemos fruto de nuestros miedos y de nuestras reflexiones; he tenido, todos hemos tenido, la posibilidad de leer. Uno de los libros que más me ha hecho pensar ha sido El infinito en un junco, extraordinario trabajo de Irene Vallejo. En él encuentro una idea que siendo similar a la mía tiene una diferencia fundamental. Dice Irene Vallejo que la idea de dominar el mundo ha rondado la mente de muchos personajes históricos. Y comienza con Alejandro Magno 331 a. C. y considera que fue la primera globalización y se llamó: helenismo. Después vendría el imperio romano y toda una sucesión de intentos, de diferentes países europeos, incluido el español, donde en su día, según nos dijeron, no se ponía nunca el sol. Una sucesión de intentos, desde el napoleónico y los totalitarismos del pasado siglo, de los que no se salvó nadie, hasta la culminación en nuestros días del imperio de los mercados. Esta idea de dominar el mundo difiere radicalmente con la mía del Estado planetario en la forma para lograrlo: la violenta frente a la democrática. Hasta ahora siempre se ha intentado su consecución por la vía de la violencia. Las guerras han sido siempre la forma de conseguir el dominio universal, o al menos de intentarlo. Yo propondría intentarlo una vez, aunque solo fuese una vez, por la vía de la libertad y de la razón.

Los datos nos dicen que en los dos años que llevamos de pandemia, y en el último concretamente, el patrimonio de los más ricos se ha duplicado, mientras que el patrimonio de la inmensa mayoría de los humanos se ha deteriorado considerablemente. Si quienes han perdido patrimonio eligieran dirigentes mundiales que estuvieran a favor de impuestos universales y quienes lo han duplicado eligieran a quienes están en su contra y optan por reducir o eliminar todo tipo de impuestos, no cabe duda de que democráticamente ganarían los primeros.

Dos ideas, pues, para cimentar el Estado planetario: la primera, la elección de una asamblea (ONU refundada) donde se elijan de forma democrática a las personas más justas, más sabias y más bondadosas del planeta. Y la segunda, la recaudación de un impuesto universal para garantizar la vida de todas las personas de este planeta. Dos ideas pendientes de desarrollar.

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